El
precio de remar mar adentro
Dora Amador Morales
Queridísimos lectores:
El periódico que tienen abierto en sus manos ha sido hecho con
mucho amor y la inmensa fe en que Dios proveerá. Son tiempos
difíciles, el trabajo es mucho: los cortes presupuestarios de la
Arquidiócesis de Miami que afectan a La Voz Católica no
deben y no pueden detener nuestra obra.
Los medios de comunicación tienen vida propia gracias a las
suscripciones y especialmente a los anunciantes, que les
garantizan su supervivencia y, sobre todo, enormes ganancias
monetarias a las empresas dueñas. Ése no es el caso nuestro.
La Voz Católica
es una publicación mensual de la Arquidiócesis de Miami, cuyo fin
no es hacer dinero (non profit organization): es
evangelizar, anunciar el mensaje de Jesús. ¿Cuál es ese mensaje?
Que Dios nos ama y siempre está dispuesto a recibirnos como un
padre amoroso. En la parábola del Hijo Pródigo está condensado
todo esto.
Queremos comunicar la Buena Noticia –eso es lo que quiere decir
Evangelio– del Reino de Dios por medio de reportajes, artículos de
espiritualidad y de opiniones, noticias nacionales e
internacionales, los mensajes del Papa, reflexiones bíblicas,
claves para la oración, información y formación cristiana. Nuestro
compromiso editorial no negociable en defensa de la vida y de la
justicia que conduce a la verdadera paz, como nos ha instruido Su
Santidad Juan Pablo II. Y dada la diversidad cultural que
caracteriza a nuestra Arquidiócesis, tratamos de mantenerlos
siempre al día sobre el acontecer de la Iglesia en América Latina.
Y eso es “lo real maravilloso” –literalmente–, que está sucediendo
aquí, ahora.
Como ramas de un mismo tronco, nuestra multiculturalidad hispana
brota y se nutre de una misma raíz: nuestra alma cristiana. Los
hispanos somos católicos por religión y cultura. Y nos ha tocado
emigrar a esta tierra libre, poderosa y llena de oportunidades,
con un doliente equipaje: la patria y la familia se quedan atrás;
la incertidumbre es nuestro pan cotidiano ante el choque cultural
que, entre otras cosas, nos impide comunicarnos en inglés, y
cuando al fin lo logramos, el acento, como un hermoso ángel
custodio, revolotea alrededor de nosotros muerto de risa. ¿Hay
alguien que no haya tenido la experiencia de sentirse discriminado
por ser hispano/a? Pero ése no es el mayor de los tropiezos: es la
búsqueda de trabajo para sobrevivir, y sobre todo, ayudar a los
nuestros que quedaron allá: mexicanos, colombianos, cubanos,
venezolanos, salvadoreños… La inmigración de los desesperados. Los
desesperados que sólo hallan la esperanza en una comunidad
espiritual que les devuelve la fuerza, les fortalece la fe y los
acoge: ése lugar es la parroquia.
El fenómeno de Broward habla por sí sólo. Aquí encontrará dos
reportajes muy reveladores sobre este tema.
Pero hay algo maravilloso en el bagaje que traemos a esta nueva
Tierra Prometida, algo tan grande que nos desborda. Hacen falta
teólogos hispanos –y los hay muy buenos en este país–, directores
espirituales, maestros (el querido P. Mario Vizcaíno, director del
Instituto Pastoral del Sureste, me abrió los ojos ante este
fenómeno) que nos revelen nuestra propia identidad profética como
comunidad religiosa. La identidad católica que cada uno de
nosotros trae a este país está renovando, transformando
asombrosamente la Iglesia Católica de Estados Unidos. Si alguien
desea comprobar el milagro que somos, que consulte un mapa de los
Estados Unidos trazado de acuerdo con una demografía de fe.
Como el único medio de comunicación católico en español del sur de
la Florida, este periódico es vital en esta misión evangelizadora
y vinculadora de cultura y fe.
Durante muchos años, La Voz Católica se ha estado
entregando gratis en todas las parroquias de la Arquidiócesis.
Pero el número de periódicos que se deja en muchas de ellas queda
ya muy por debajo del número de hispanos que hoy llenan las misas
en español. Hay iglesias a donde asisten unos 2,500 fieles los
domingos; en ellas dejamos un número máximo de 300 o 400
periódicos que, por supuesto, desaparecen de inmediato. Antes,
también, se enviaba por correo a miles de suscriptores por una
donación de $12 al año. El año pasado dimos un paso arriesgado:
remamos mar adentro, como le pidió el Señor a Pedro, y comenzamos
a insertarnos un domingo al mes en El Nuevo Herald para
llegar con el Evangelio a decenas de miles de personas más.
Los efectos son palpables en muchas maneras, y pondré un solo
ejemplo. Un lunes me llamó a la oficina un sacerdote quejándose
porque habían llegado a su parroquia 25 hispanos más preguntando
por la misa de la 1:00 de la tarde, cuando en realidad ya había
terminado, porque había sido a las 12:00. Nosotros habíamos
publicado la lista de todas las parroquias de la Arquidiócesis en
la edición que había sido insertada en El Nuevo Herald el
día antes, domingo, pero habíamos puesto mal la hora. ¿Qué nos
indica este hecho tan sencillo? Que esas personas, que leyeron
La Voz Católica, se sintieron movidas a ir a la iglesia, acaso
por primera vez en mucho tiempo. Al ver la lista, probablemente
hallaron la más cercana a su casa. Sin duda, la llamada fue una
buena noticia.
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necesitamos su ayuda. Hay varias formas de hacerlo:
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Creemos que Dios siempre provee, que nunca abandona, y que lo hace
a través de personas como ustedes. Ayúdenos a seguir anunciando la
Buena Nueva del Evangelio.
Nos puede llamar al 305-762-1124 y para publicidad, al
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Nuestro correo electrónico es:
cartaslavoz@miamiarch.org
Paz y bien.
Dora Amador
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