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P. José Vandor: fecundidad de un Sí misionero

P. José Vandor
P. Eduardo Jiménez
La Voz Católica
El 8 de octubre de 1979, en la ciudad de Santa Clara, Cuba, moría
un sacerdote que dejó un eco profundo en el corazón y en la
garganta de todos los que lo conocieron: “Era un santo”. El obispo
de aquella diócesis, en aquel entonces Mons. Fernando Prego Casal,
solía llamarle “el pararrayos de la diócesis”. Este humilde y gran
sacerdote se llamó José Vandor, y pertenecía a la Congregación de
los Salesianos de San Juan Bosco.
El año pasado, el procurador de las causas de los santos
salesianos, P. Pascual Liberatore, comenzó a gestionar el comienzo
de la causa de canonización de este misionero de la paz y la
esperanza, de la fe y la bondad, que fue José Vandor. Con este fin
se están recolectando escritos, datos y testimonios entre las
personas que le conocieron, tanto en Cuba, como en Miami y en
otros sitios, para lo cual se ha fundado en Miami la Asociación P.
Vandor, que se reúne todos los primeros domingos de cada mes, a
las 10:00 am, en el aula 101 del Colegio de la Parroquia de Good
Shepherd, situada en Sunset Drive y la 142 Ave, en Kendall.
Si hay un gozo grande en mi vida sacerdotal que pueda testimoniar,
es el de haber conocido al P. Vandor. Aún más, el haber tenido el
honor de pastorear como párroco aquella que fue su casita de la
Iglesia del Carmen, en Santa Clara, y que él abonó con la
fecundidad de su Sí misionero. Pero hay algo que fue un verdadero
reto y honor para mí en los albores de mi ministerio sacerdotal, y
fue el haber sido designado por el provincial salesiano, en 1982,
para escribir la vida de este hombre ejemplar. El título de aquel
trabajo resumía un gran don suyo: “Hombre de Paz”.
Muchas personas, después que el buen Padre murió, decían que en
momentos de tribulación se encomendaban a él y experimentaban una
profunda paz interior.
José Vandor nació en Dorog (Hungría) el 29 de octubre de 1909. Fue
ordenado sacerdote en 1936 y enviado como misionero a Cuba,
después de abrazar por última vez a su amada madre. El P. Vandor
no podría volver a su patria hasta 1972, siete años antes de su
muerte.
De 1936 a 1940 se desempeña como profesor en el Colegio Salesiano
de Guanabacoa. En 1940 es enviado a la República Dominicana.
Regresa el mismo año a La Habana. De 1943 a 1946 desempeña la
responsabilidad de maestro de novicios en la iglesia de San Pedro
(Matanzas). En 1946 se encuentra en el Colegio de Artes y Oficios
de Camagüey. En 1948 en el Colegio Don Bosco, de Santiago de Cuba;
en 1951, confesor de las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas),
en La Habana, y en 1954 se le confía la fundación de la obra
salesiana en Santa Clara, con una presencia pastoral en la Iglesia
del Carmen y la presencia educativa en el Nuevo Colegio de Artes y
Oficios.
Grandes retos históricos, como la toma de Santa Clara por las
fuerzas de Ernesto “Che” Guevara, pusieron a prueba la grandeza de
espíritu de este auténtico misionero, que en todo momento fue una
encarnación del amor evangélico. El P. Vandor corría de un sitio a
otro bajo las balas, ungiendo moribundos, consolando, confortando,
socorriendo y ayudando a todo el que podía. Fue mediador de paz
entre las tropas del “Che” y las del Coronel Cornelio Rojas, del
ejército del General Batista.
Luego de los alborozos de la caída de un régimen y la entrada de
otro que para muchos supuso una nueva esperanza, vino la tiniebla
de la decepción y el dolor de la usurpación de los colegios
religiosos por el régimen comunista, la expulsión de sacerdotes y
religiosas, la creación de campos de concentración llamados UMAP (Unidades
Militares para la Ayuda a la Producción), para encarcelar no sólo
a católicos sino a todo creyente que el gobierno quisiera reprimir
y avasallar. En todo este sufrir, el P. Vandor fue un derroche de
paz, consuelo, sabiduría y esperanza. Aun en los últimos momentos
de su vida, lleno de dolores por la artrosis progresiva que lo
afectaba, no hacía más que dar aliento y consuelo a todos. Solía
repetir sin descanso: “Yo todo lo ofrezco por la Gloria de Dios y
el bien de las almas; Señor, tú lo quieres, yo también”.
El P. José Vandor es un ejemplo vivo de cuán fecundo es el Sí de
un corazón misionero que dedica incansablemente su vida al
servicio de Dios y los hermanos. Ésta es la razón por la que no
queremos que la luz se esconda debajo de la cama, sino que se
ponga encima, para que alumbre a todos y este testimonio sirva de
inspiración a muchos, para que puedan ser, como el P. Vandor, sal
de la tierra y luz de las gentes.
La Asociación P. Vandor está promoviendo el conocimiento y la
devoción privada a este hombre de Dios. En esa devoción privada
pueden pedirse favores de intercesión, y si alguien obtuviera
alguna gracia, se le ruega que lo comunique al P. Eduardo Jiménez
a: Good Shepherd Catholic Church, 14187 S.W. 72 St. Miami, FL
33183. Para mayor información: (305)582-6743.
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