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Alimentar nuestras almas con los frutos de Dios

La Sociedad San Vicente de Paúl:
80 años sirviendo a los necesitados


Belkys y su hija Adriana, de siete años, rezan con los voluntarios de San Vicente de Paúl, Frank Gómez (izq.) y Smith Dawson, director regional del distrito.

Marlene Quaroni
Especial/La Voz Católica

Belkys, de 38 años de edad y madre de cinco hijos, reconoció el rostro de Dios en dos voluntarios de San Vicente de Paúl que le entregaron un cheque para pagar el alquiler.

“La rápida respuesta de Dios me ha dado escalofríos”, dice ella, tocándose un brazo como para demostrar tal sensación.

Su esposo, jardinero de profesión, perdió dos semanas de trabajo debido a una lesión que los dejó sin el dinero suficiente para pagar el alquiler del apartamento que ocupan en un dúplex de Olimpia Heights.

Pero el dinero del alquiler no fue lo único que los dos voluntarios de San Vicente trajeron consigo. También trajeron un boletín de su parroquia, la iglesia St. Brendan. Cuando necesitó ayuda, Belkys, una balsera que llegó de Cuba con su esposo hace ocho años, llamó a la oficina de la parroquia. Católica nacida y criada en Cuba, había dejado de practicar su religión debido a las restricciones que    allí existen.

 

La animación

“Usted necesita alimentar su espíritu”, le dijo Smith Dawson, voluntario de la Sociedad de San Vicente de Paúl y Presidente del Concejo de Distrito del Centro de Miami-Dade.

Dawson y el otro voluntario, Frank Gómez, animaron a   Belkys a bautizar a sus hijos en  St. Brendan, y a asistir a Misa en dicha iglesia. Sin embargo –le indicó Gómez–, si la asistencia a Misa le resultaba incómoda, podía visitar al Santísimo Sacramento, expuesto siempre en la capilla de la iglesia.

“Allí está, esperando por usted las 24 horas del día”, le dijo Gómez. “Si algo la está perturbando profundamente, vaya allí y háblele a Dios”.

 

Sacudida de emoción

En ese momento, Belkys les reveló que sufría por una profunda herida. Los dos hijos que había tenido en Miami –una niña de siete años y un varón de tres– no eran sus únicos hijos. Había dejado a otros tres hijos en Cuba.

Mientras una sacudida de emoción se apoderaba de Belkys, los dos vicentinianos sentados con ella a la mesa de la cocina, se quedaron en silencio. Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas. Viendo llorar a la madre, su hija Adriana le puso el brazo sobre un hombro para consolarla.

“Ponga su dolor en las manos de Dios”, le dijo Dawson. “Si usted vive su fe, las cosas mejorarán”.

 

Círculo de ayuda

Cuando las cosas cambien para Belkys y su familia, entonces le llegará a ella el momento de ayudar a otros, le señaló Dawson.

“Es como un círculo de ayuda”, le recordó.

La familia de Belkys es sólo  una de entre las miles que son ayudadas por los vicentinianos.   La mayoría de las parroquias de  la Arquidiócesis de Miami, cuenta con una junta, y hay cerca de 80. Hay alrededor de 900,000 vicentinianos, repartidos en unas 46,000 juntas, en 130 países del mundo. Dawson, como otros voluntarios, tiene un empleo de tiempo completo. Es sólo uno de los varios presidentes de concejos de distritos de la arquidiócesis, y supervisa 15 juntas parroquiales.

“Siempre tenemos tiempo    para hacer la labor de Jesús”,   dice Dawson.

El 27 de septiembre se conmemoraron la fiesta de San Vicente de Paúl y el 80º aniversario de la fundación de la primera Sociedad en la Florida, en la iglesia Gesu, situada en el centro de Miami. El Arzobispo John C. Favalora celebró una misa en dicha iglesia, para que los vicentinianos locales conmemoraran su aniversario.

“En la década de 1920, Miami era una ciudad muy joven y formaba parte de la Diócesis de  St. Augustine”, dijo el arzobispo durante la Misa. “Sin embargo, el cuidado de los pobres comenzó desde el principio, gracias a la Sociedad San Vicente de Paúl. Y gracias a los Padres jesuitas que iniciaron aquí la sociedad”.

 

El fundador

Frederic Ozanam, un acomodado estudiante universitario, fundó la Sociedad San Vicente de Paúl en 1833, en París. Se trató de una respuesta al desafío de otros estudiantes, que le preguntaron qué estaban haciendo los laicos católicos por los pobres. Su modelo fue San Vicente de Paúl (1581-1660), patrono de los pobres y fundador de las Hijas de la Caridad.

“El conocimiento del bienestar social y de la reforma no debe aprenderse en los libros, sino subiendo las escaleras de la casa del pobre, sentándose junto a su cama, sintiendo el mismo frío   que lo acuchilla, compartiendo el secreto de su corazón solitario      y de su mente atormentada”,    dijo Ozanam.

 

Los servicios

El arzobispo continuó señalando que las juntas de la arquidiócesis recaudaron más de $1 millón el año pasado, y se pusieron en contacto con 65,000 casos. Entre las labores de los vicentinianos está la de ofrecer dinero para pagar el alquiler, comida y juguetes para los niños, y la de operar tres tiendas de precios bajos en la arquidiócesis. La arquidiócesis patrocina un programa radial que sale al aire  los domingos, en Radio Paz, de  las 3 p.m. a las 5 p.m., durante el cual los necesitados pueden  llamar para pedir ayuda, y una revista trimestral llamada Vicentinians, dirigida a los miembros de la Sociedad.

Dawson señaló que la Sociedad está siempre en busca de nuevos miembros.

“Es posible que éste sea el ministerio más importante para un católico”, dijo Dawson. “Necesitamos alimentar diariamente nuestras almas con los frutos de Dios”.