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Las profecías de San Antonio María Claret Obispo, 24 de octubre

Hna. Ondina Cortés
Desde hace algunos años vienen circulando las llamadas “profecías
de San Antonio María Claret”, que fue Arzobispo de Santiago de
Cuba de 1851 a 1857. Dichas profecías hablan de un joven barbudo
que deja sumida a Cuba en la angustia después de dominar la isla
durante 40 años, tras lo cual resurgen la prosperidad y la fe.
Existen diversas versiones de esta misma historia. Según los que
la propagan, dicho documento se encontró en la Catedral de
Santiago. Tras consultar con los especialistas del santo,
sacerdotes claretianos que han hecho extensa investigación sobre
su vida, la respuesta es siempre la misma: no conocemos dicho
documento. El excesivo detalle con que la profecía describe los
hechos de la revolución cubana hacen dudar de su autenticidad. Sin
embargo, los padres reconocen que la existencia de esta leyenda
entre el pueblo puede basarse en que durante su vida, Claret tuvo
una gran agudeza para leer los signos de los tiempos y darse
cuenta de las consecuencias inminentes de ciertos movimientos
sociales. Por ejemplo, habla de los males que han de venir: “el
comunismo, las grandes guerras…” (Autobiografía, # 685). Además,
relata algunas experiencias de clarividencia, como cuando
presiente el terremoto de Santiago (#528).
Sin embargo, la verdadera profecía claretiana no tiene nada que
ver con adivinar el futuro, sino con su compromiso con la justicia
y la verdad del Evangelio. Ser profeta en sentido bíblico es
hablar en nombre de Dios y anunciar su mensaje. El profeta ayuda a
ver el designio concreto de Dios en la vida y la historia presente.
Claret, misionero incansable, recorre varias veces toda la
Arquidiócesis de Santiago, que entonces llegaba hasta Camagüey, a
lomo de mulo y a pie. Se dedica a la renovación del clero y a la
evangelización. Funda las Cajas de Ahorro para los pobres,
defiende la igualdad fundamental de todos y lucha a brazo partido
contra el racismo, que permitía que muchos blancos vivieran con
mujeres de color sin llegar a casarse. Según ellos, la ley
española no permitía tal cosa. Claret les demuestra que esta ley
sólo se aplicaba a las personas de “conocida nobleza.” Se preocupa
por dignificar el trabajo rural, y por eso escribe un libro sobre
la espiritualidad del campesino titulado Las delicias del Campo.
Otra de sus grandes inquietudes es la formación de la mujer.
Reconoce la importancia de la mujer en la sociedad doméstica y
civil, y por eso pone todo su empeño en prepararla para desempeñar
su misión. Con este fin funda con la M. Antonia París, las
Misioneras Claretianas en Santiago de Cuba, la primera comunidad
religiosa fundada en la isla.
Al celebrar este 24 de octubre la Fiesta de San Antonio María
Claret, renovemos nuestra vocación misionera y profética, que nos
invita como bautizados a ser testigos del amor de Dios en el mundo.
La Hna. Ondina Cortés, RMI, es Misionera Claretiana.
ondina@claretiansisters.org
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