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Para proteger a las criaturas de Dios

Comienza Virtus, un programa para prevenir
el abuso sexual de menores

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

De no haber sido por el curso para la formación de ayudantes del programa Virtus, Pat Fairfield no hubiera vuelto a pensar en aquella experiencia.

Paul Ashton, instructor de Virtus, lleva a cabo una sesión para ayudantes del programa y feligreses de la parroquia St. John Neumann, de Miami. Aunque la capacitación de ayudantes tomó dos días, Virtus puede presentarse en sólo tres horas. Foto: Ana Rodríguez-Soto / TFC

Fairfield se encontraba sola, en un baño público, cuando una niña pequeña entró, también sola. Después de utilizar el baño, la niña se disponía a salir sin lavarse las manos. Fairfield la llamó, y tuvieron una conversación sobre la importancia de lavarse las manos, después de lo cual la niña se marchó.

Qué fácil fue, pensó Fairfield, lograr que la niña se quedara en el baño y charlar con ella. Pero, ¿qué hubiera pasado si Fairfield hubiera sido una depredadora o una transgresora sexual?

“Mi nivel de alerta se había elevado realmente”, explica Fairfield, ministra eucarística y lectora de la parroquia Corpus Christi, de Wynwood, y uno de los más de 100 católicos de los condados de Miami-Dade, Broward y Monroe que fueron capacitados recientemente como ayudantes de Virtus.

Virtus es el programa de “ambiente seguro” escogido por la arquidiócesis para cumplir con la Carta para la Protección de los Niños y los Jóvenes, de los obispos estadounidenses. Las personas que han sido capacitadas como ayudantes durante sesiones que abarcaron dos fines de semana –uno en la parroquia Blessed Sacrament, de Fort Lauderdale; el otro en la parroquia St. John Neumann, de Miami– dirigirán pronto sesiones más breves para sus compañeros católicos de la arquidiócesis, incluyendo a padres, maestros, sacerdotes, religiosos y religiosas.

La meta es que la mayor cantidad posible de personas cobre conciencia de las tácticas empleadas por los transgresores sexuales, y de los pasos concretos que conviene dar para garantizar la seguridad de los niños. Virtus descalifica algunos de los mitos más comunes sobre los transgresores sexuales, y hace énfasis en el perdurable daño sicológico causado por el abuso sexual. Los vídeos de Virtus ofrecen entrevistas tanto con victimarios como con víctimas.

“Para mí, fue muy ilustrativo”, dijo Myrna Sands, asistenta del párroco en la parroquia St. Vincent de Paul, de Miami. “Ahora tengo conciencia de cosas de las que antes no era consciente. Me parece que esto es provechoso para cualquier persona, aunque no trabaje para la parroquia. Incluso aunque sea un adolescente, porque la juventud no está exenta de este peligro, de este riesgo”.

“Creo que toda la parroquia debe oír esto”, coincidió Rita Peters, bibliotecaria de la escuela St. Patrick, de Miami Beach. “Todo el mundo tiene que ver con niños”.

De hecho, Virtus no es un programa para un grupo escogido de trabajadores parroquiales.

“Esto es para todos. El arzobispo quiere que todos lo experimenten”, dijo el Hno. Marista Joseph Teston, coordinador del programa Ambiente Seguro en la arquidiócesis.

“La idea es exponer todo el asunto abiertamente, para que podamos discutirlo. Así es que no habrá ocultamiento o encubrimiento”, añadió el Hno. Teston. “Se trata de hacer que la gente cobre conciencia del hecho de que tenemos que proteger a los niños”.

El Hno. Teston señaló que unas cuantas personas se habían acercado a él después de las sesiones, y le habían dicho: “Si Virtus hubiera sido implementado hace algunos años, a mí no me hubieran violado”.

Los victimarios no fueron necesariamente sacerdotes, enfatizó el Hno. Teston.

De hecho, el programa Virtus fue creado hace seis años por el Grupo Católico Nacional de Prevención de Riesgos como un medio de reducir el cuarto de entre los más elevados gastos por pago de seguros de las diócesis católicas: el causado por los abusos sexuales cometidos contra niños no por sacerdotes, sino por personas laicas que trabajan para la Iglesia.

“Cuando el demonio es mencionado por su nombre, se detiene”, dijo Paul Ashton, el instructor de Virtus que dirigió la sesión realizada en la parroquia St. John Neumann.

Ashton indicó que los abusadores sexuales abarcan una gran diversidad de tipos humanos, y que suelen ser personas muy exitosas en sus profesiones. También tienen excelentes condiciones para relacionarse con la gente, de las que se valen para ganarse la confianza de niños y de padres.

El Hno. Marista Joseph Teston.

“El mal no se presenta como una bolsa de excrementos que le ofrecen a uno, sino como una bolsa de chocolates, dulces y caramelos”, comentó Ashton, advirtiendo a los ayudantes de Virtus para que se pongan en guardia ante esas personas que parecen “demasiado buenas para ser de verdad”.

“No hay examen de sangre o de orina, ni hay conjunto de exámenes sicológicos” que nos pueda revelar la presencia de un abusador sexual, añadió. “Son perfectamente capaces de engañarnos. Ésta es la cuestión”.

Lo positivo de esto es que la Iglesia, debido al escándalo de los abusos sexuales del año y medio pasado, ha tomado ahora la iniciativa para tratar de prevenir los abusos sexuales contra niños en todos los niveles de la sociedad.

“La Iglesia es experta en convertir el pecado y el mal, en bien. Éste es el objetivo del programa”, afirmó Ashton.

“Nunca podremos prevenirlo en el ciento por ciento de los casos. De lo que se trata es de qué pasa cuando esto sucede”, dijo Cathie Moroney, de la parroquia St. John Neumann. “Es necesario que los niños comprendan que, cuando [el abuso sexual] ocurre, ellos deben sentirse lo suficientemente libres como para decírselo a alguien… Una vez que se haya informado lo que sucedió y que se haya comenzado a atender al niño o a la niña, se estará en el camino correcto para lidiar con el problema”.

Según el Hno. Teston, 69 de las personas que pasaron el curso se han comprometido a trabajar como ayudantes del programa Virtus. Tres de estas personas hablan creole y varias más hablan español. “Hemos conseguido un núcleo inicial de personas con las cuales comenzar, pero necesitamos aumentar el número de quienes estén dispuestos a convertirse en voluntarios”, dijo Mons. William Hennessey, vicario general de la arquidiócesis. Mons. Hennessey apremió a los sacerdotes para que señalen a las personas que pudieran trabajar como ayudantes del programa, así como a solicitar sesiones de capacitación para sus trabajadores y sus feligreses. “La intención es que el programa se perpetúe. Es de vital importancia que tomemos este programa muy en serio”, afirmó Mons. Hennesey.

 

La política de la arquidiócesis sobre
abusos sexuales está en Internet

La política de la arquidiócesis sobre abusos sexuales está en Internet

La política de la Arquidiócesis de Miami para evitar el abuso sexual de menores, y los procedimientos para informar sobre presuntos abusadores están disponibles en el sitio de la arquidiócesis en la red: www.miamiarch.org.

La arquidiócesis también tiene una coordinadora de asistencia a las víctimas, Vicky Kaufmann, a quien se puede localizar mediante una llamada telefónica gratuita. El número telefónico es 866-80-ABUSE.

Para programar una sesión de Virtus sobre detección y prevención de abusos sexuales, llame al Hno. Joseph Teston, al (305) 762-1250.