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¿Independencia o atrincheramiento?

‘La independencia de los Estados no se puede concebir si no es en la interdependencia’ – Juan Pablo II
(Discurso al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede, enero de 2003)


Dagoberto Valdés Hernández

El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes dio inicio a las luchas por la independencia de Cuba.

Feliscindo González González

A 135 años de aquella fecha patria, creo que existe un consenso en el que la inmensa mayoría de los cubanos queremos que Cuba siga existiendo como nación independiente, de que es necesario salvaguardar la cultura y la identidad que nos distinguen como pueblo, de que deben ser consideradas como inviolables nuestra soberanía como Estado y nuestra integridad territorial. No tengo duda alguna en estos principios. Son y deben ser respetados por las demás naciones de la Tierra y por nosotros mismos.

La independencia y la soberanía, la identidad y la cultura son responsabilidad de todos los cubanos. Los que vivimos en Cuba y los que viven en cualquier lugar del mundo.

¿Qué significa, en el mundo de hoy, salvaguardar la independencia de una nación?

Quiero ver libre a este país, manteniendo su propia identidad, y al mismo tiempo integrado en su región y abierto al mundo. Distinto en su cultura, pero no aislado, sino mezclado con otras culturas, que ha sido el secreto de la riqueza de su propio génesis como nación.

Para eso, lo primero es distinguir entre los conceptos de dependencia, independencia e interdependencia.

Lo negativo y no deseable es la dependencia, porque anula o limita la capacidad de obrar por iniciativa propia. La independencia es libertad para actuar con decisión y firmeza de carácter, tanto en lo personal como en lo colectivo. Pero lo que representa una mayor madurez personal y social es la interdependencia, que consiste en una mutua relación de intercambio, en una integración de mutuo beneficio, en un equilibrio entre respeto y ayuda, entre autonomía y dependencia recíprocamente beneficiosa. Libertad sin solidaridad es individualismo en las personas. Independencia sin interdependencia es atrincheramiento, es nacionalismo exacerbado, es autoaislamiento. La interdependencia, en cambio, es una relación dinámica entre libertad y responsabilidad, y responde a un espíritu de comunidad que se protege abriéndose a las demás comunidades.

Es por ello que el Papa Juan Pablo II ha dicho a los embajadores del mundo ante la Santa Sede, que “la independencia de los Estados no se puede concebir si no es en la interdependencia”. Este concepto no niega el de independencia, sino que lo amplía, lo ensancha, le da plenitud a la libertad y a los derechos de unos, con la indispensable y necesaria relación con la libertad y los derechos de los demás.

Es, en resumen, la dinámica entre libertad y responsabilidad, es la articulación entre libertad y solidaridad. Entre “ser yo” y “ser con los otros” para construir un “nosotros” solidario.

Ser independiente significa no dejarse someter por otros, o por el Estado; no ser sumisos, no estar sujetos a una relación condicionada por lo que dice, hace o impone otro; no vivir de ayudas, auxilios o protección de otros. ¿Vivimos los cubanos así?

Creo que debe llegar el momento en el que cambiemos nuestra política exterior. En el mundo de hoy, salvaguardar la independencia nacional debe significar hacerse fuerte en la relación, no en el combate. Ya hemos visto que los combates y las guerras son un fracaso en que todos resultan perdedores. Salvaguardar la independencia es crecer en la solidaridad, no en el aislamiento; es aprender a ser uno mismo en medio de las continuas interrelaciones entre personas, países y gobiernos. Defender la independencia es ser capaces de maniobrar, no de chocar, ser capaces de articularse, no de ponerse rígidos; es ser capaces de conceder sin dejar de ser uno mismo. Es aprender a respetar las diferencias y a vivir en la diversidad. Es integrarse a este mundo para poder transformarlo desde dentro.

Cuba tiene un alma cristiana, es decir, una cultura con vocación universal. Que la condición de isla no nos condicione, sino que nos apremie a buscar nuestra apertura al mundo y relaciones fraternales y mutuamente beneficiosas con todo el mundo.