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Servir a los más pobres de los pobres
Las Misioneras de la Caridad viven en Miami
el legado de la Madre Teresa
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
Desde tempranas horas de la mañana, decenas de desamparados se
congregan frente al 727 NW de la avenida 17, en Miami. Muchos con
paciencia, otros con ansiedad, esperan a que las Misioneras de la
Caridad –“las monjitas de la Madre Teresa”, como las conocen
algunos– abran los portones de su comedor para recibir lo que
podría ser el único plato de comida que reciban durante esa
jornada, o quizás en varios días.
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Los
voluntarios junto a las Hermanas sirven la comida. |
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Aquel es un rincón de “la Capital del Sol” donde tanto las
misioneras como los desamparados prefieren ser identificados por
su primer nombre. Uno de ellos, “Amado”, lleva años en las calles
de la ciudad.
Como tantos cubanos, “Amado” aprovechó el éxodo del Mariel en
1980, con la esperanza de convertir sus sueños en realidad. Se
trasladó a Puerto Rico, donde trabajó unos años, pero decidió
regresar a Miami. Aquí, por decisiones desafortunadas, se
convirtió en protagonista de una cruel pesadilla.
“Fue el vicio”, confesó avergonzado, gesticulando para indicar su
apego a la bebida y al uso de drogas. Pero la vergüenza no impidió
que levantara los brazos hacia el cielo, en señal de alabanza.
“¡Gracias a Dios por las Hermanas!”, exclamó. “Por ellas
sobrevivimos”.
En el Comedor, o Soup Kitchen, de las Misioneras, coinciden
blancos, negros e hispanos, hombres y mujeres, como un
recordatorio de que el infortunio puede tocar a la puerta de
cualquiera. El plato de comida satisfaría su hambre en el momento,
pero el anhelo de las religiosas es saciarles, además, el hambre
espiritual.
En la penumbra de la desgracia, las Misioneras de la Caridad se
encargan de ser luces de esperanza. “Ven y sé mi luz”, le había
pedido el Señor a Teresa de Calcuta, a través de locuciones
interiores y visiones, semanas después de un retiro en septiembre
de 1946. El deseo de saciar la sed de Cristo en los más pobres de
los pobres se convirtió en la fuerza motriz de su vida. Es por eso
que, junto a cada crucifijo en las casas de las Misioneras, se
encuentran las palabras “Tengo sed”.
En Miami, el mismo edificio que alberga el Comedor de las
Misioneras es también un refugio de emergencia para mujeres
maltratadas. En el segundo piso hay capacidad para 25 mujeres y
diez niños, y en estos momentos se encuentra en remodelación.
Además, los desamparados tienen la oportunidad de ser atendidos
los miércoles en la mañana por dos enfermeras de Camillus House.
El costo de todo es cubierto por la Providencia divina.
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La
enfermera Isabelle Hill le entrega un paquete de medicina a un
mendigo. |
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“Dependemos sólo de Dios, quien siempre provee, así que de nada
carecemos”, asegura la Hna. Clara, directora de la comunidad en
Miami. “Mientras más damos a los pobres, más nos bendice Dios en
abundancia”.
La Madre Teresa de Calcuta, beatificada el pasado 19 de octubre,
había comenzado su obra con cinco rupias, el equivalente a un
centavo de dólar, indica la Hna. Clara. No obstante, sólo en los
Estados Unidos cuentan con más de 50 casas, y, desde que la Madre
Teresa falleciera el 5 de septiem-bre de 1997, se han establecido
unas 165 nuevas comunidades a través del mundo, “con muchas más en
proceso”, añade.
“Ahora que está en el cielo, la Madre Teresa nos ayuda más”,
afirmó la Hna. Clara. Yo siento su presencia entre nosotras, la
siento. Todos los días le rezamos, y ella verdaderamente nos está
ayudando, como una madre que cuida de sus hijos”.
Las Misioneras no tienen que salir a pedir, pues Dios siempre
derrama sus bendiciones sobre ellas, dándoles lo que necesitan
para ayudar a los pobres por medio de la generosidad de los
ciudadanos.
Otra de las Hermanas, Mallika, coordina la limpieza y la
distribución de los alimentos en el Comedor. Dado el hecho de que
las Misioneras de Miami son sólo seis, necesitan la ayuda de
voluntarios, quienes ayudan a servir la comida y a limpiar el
Comedor.
La Hna. Mallika explicó que la propia Madre Teresa era consciente
de que necesitaba más personas para responder con mayor
efectividad a las necesidades de los pobres. Así incluyó en su
apostolado a los hombres que sentían el llamado a la vida
religiosa, al igual que a los laicos.
En la década del 60, fundó los Hermanos Misioneros de la Caridad,
y en los años 70 estableció las ramas contemplativas de las
Misioneras y de los Hermanos. En 1984 fundó los Padres Misioneros
de la Caridad y, para los laicos, creó los Colaboradores de la
Madre Teresa, y los Colaboradores Enfermos y Sufrientes, quienes
ayudan al apostolado al ofrecer el sacrificio de sus padecimientos.
Luego fundó los Misioneros de la Caridad Laicos y, en 1981, el
Movimiento Sacerdotal Corpus Christi, para aquellos sacerdotes que
compartían su carisma y su espíritu.
La Casa de los Milagros
Antes de comenzar la jornada, las religiosas y los voluntarios se
reúnen en la capilla para orar y prepararse para enfrentar lo que
les depare la mañana, ya que algunos desamparados pueden volverse
violentos y, “sin la ayuda de Dios no podemos controlar la
situación”, dice la Hna. Clara.
Hace 16 años que Olga Cárdenas, de la parroquia St. Stephen, en
Miramar, es voluntaria en el Comedor, al que viaja cada miércoles
para servir la comida y lavar los platos. Asegura que el Señor ha
recompensado su trabajo.
“¡Desde que ayudo aquí, soy millonaria en bendiciones!”, exclama.
“Por eso debo seguir dando lo que tengo”. Cada año realiza una
visita de tres meses a su natal Colombia, donde también ayuda a
las Misioneras de la Caridad que residen en su país.
“Aquí presenciamos constantemente el milagro de los panes y los
peces”, añade Carmita Pedreira, de la parroquia St. Raymond, otra
de las voluntarias. “Cuando pensamos que no dará para todos,
siempre rinde. Esta es la casa de los milagros”.
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La
comunidad de las Misioneras de la Caridad está en uno de los
barrios más pobres de Miami. Es común encontrar a la gente que
carece de hogar durmiendo
en las aceras. |
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Son tantos los desamparados que llegan al Comedor, que deben
dividirse en dos grupos. El segundo no come lo que sobra, sino que
la comida es preparada y servida con el mismo esmero que recibió
el grupo anterior. “Todos son hijos de Dios, y como tales, deben
ser tratados”, indica la Hna. Mallika. “Todos tienen derecho a ser
tratados con dignidad”, agregó.
Las Misioneras de la Caridad esperan que la reciente beatificación
de su fundadora, recuerde a todos la importancia de atender las
necesidades de los más necesitados.
“Hay que cuidar de nuestros propios hermanos, especialmente los
pobres, los abandonados, los que se encuentran solos”, apuntó la
Hna. Clara. “La Madre Teresa nos está recordando las palabras de
Jesús: ‘lo que hiciste a uno de éstos, mis hermanos más pequeños,
a Mí también me lo hiciste’”.
Misioneras de la Caridad, 727 NW 17 St., Miami, FL 33136. Teléfono:
(305) 326-0032.
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