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Indios y Peregrinos

Adele González

Thanksgiving, o Día de Acción de Gracias, es una fiesta típica estadounidense. Recuerdo cuando recién llegué de Cuba y una ancianita me habló de este día por primera vez. Me dijo: “¡Es el día de San Gavin; es muy celebrado aquí, pero yo no conozco a ese santo!”

Han pasado muchos años desde ese primer “sangavin,” y cada noviembre lo he celebrado con mi familia, mis amistades y una gran cena. Lo interesante es que junto al pavo, el relleno y la calabaza con azúcar prieta, siempre incluimos el arroz blanco y los frijoles negros, para asegurarnos de que esta fiesta sea verdaderamente una celebración importante y auténtica.

¿Cómo se originó este día de Acción de Gracias? Nos dice la historia que en septiembre de 1620, 44 puritanos salieron por barco de Plymouth, Inglaterra, con otras 66 personas a quienes llamaban “extranjeros”. Los puritanos eran un grupo religioso muy conservador, que creían ser los “elegidos” de quienes habla el libro del Apocalipsis.

Decepcionados con la monarquía de Inglaterra, decidieron zarpar en el Mayflower hacia Amé-rica, para allí establecer el “Reino Santo” de que hablaban los profetas. Después de una travesía de 65 días, los viajeros tocaron tierra cerca de Cape Cod, en Massachusetts. Una vez asentados, decidieron unificar a “los santos” y a los “extranjeros” en un nuevo grupo, que sería conocido como “los peregrinos” (Pilgrims).

 

Momentos de paz y momentos sangrientos

Como era de esperar, las relaciones entre los indios y los peregrinos tuvieron sus altas y sus bajas; momentos de paz y momentos sangrientos. En uno de los períodos de colaboración, los miembros de la tribu Wampanoag ayudaron a los peregrinos a cosechar maíz y otros productos típicos de la región. Viendo que las tribus cercanas celebraban festivales de acción de gracias, el líder de los peregrinos invitó al jefe de la tribu Wampanoag a una celebración de la cosecha, probablemente a mediados de octubre. Los indios trajeron 90 invitados a la cena, y al ver que los peregrinos no estaban preparados para tantas personas, los indios proporcionaron la mayoría de los comestibles: venado, pavos salvajes, pescado, maíz, calabaza, pan de maíz, etc. Al menos durante los tres días que duraron las festividades, hubo armonía, juegos y risa entre los indios y los blancos anglosajones. La historia señala este día en diciembre de 1621.

En los años siguientes hubo una gran sequía, hasta el punto de que el gobernador declaró un día de ayuno y oración. Las lluvias vinieron finalmente y, para celebrar esta bendición de Dios, el gobernador declaró un día de Acción de Gracias en 1676.

La costumbre de celebrar esta fiesta anualmente continuó de una forma desorganizada, hasta que, en 1863, el Presidente Abraham Lincoln declaró un día oficial de Acción de Gracias como fiesta nacional.

En la actualidad, el cuarto jueves de noviembre de cada año es el día de dar gracias a Dios por sus bendiciones, sobre todo por esta nación, lugar de tanta diversidad, de libertad y esperanza para tantos “peregrinos” que han vivido aquí por generaciones, y para los nuevos peregrinos que llegan cada día a nuestras costas.

Verdaderamente, es una fecha maravillosa. Sin embargo, como todas las demás fiestas religiosas, Thanksgiving ha sido comercializada hasta el punto de que nos olvidemos de lo que estamos celebrando. Los comercios están llenos de pavos, turrones, calabazas, muñecos vestidos de “peregrinos”, y mazorcas de maíz. Pero, ¿cuántos de los que nos reunimos para esta cena dedicamos algún tiempo para hacer lo que la fiesta indica: dar gracias a Dios?

Al llegar otro Día de Acción de Gracias, tratemos de no poner toda nuestra atención en la comida, o en la bebida, que son solamente dones y regalos. Vamos a prestar más atención a Aquel que nos da todos estos dones. Vamos a asegurarnos de que Dios esté presente en nuestra cena, junto a la familia, los amigos y la buena comida; y de ser posible, tratemos de que nuestras cenas no sean “exclusivas”, sino que se extiendan a los más desamparados de nuestra sociedad.

Este Día de Acción de Gracias, sugiero que junto al pavo en el horno, preparemos nuestros corazones para recibir a Dios y a nuestros hermanos con calor y amor, y que, en el relleno, pongamos nuestra oración y gratitud a Dios, para que la cena sea más sabrosa, y nos sirva de alimento corporal y espiritual.

“Demos gracias al Señor, porque es bueno; porque su amor es eterno”. Salmo 118,29.

mailto:AdeleGonz@aol.com