ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 VOZ DEL ARZOBISPO
 CALENDARIO
MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 REFLEX. BIBLICAS
 ENLACES
 

 

Un aniversario olvidado

Antonio Fernández*
Especial / La Voz Católica

Edward A. McCarthy

El pasado 7 de octubre se celebró el 15º aniversario de la promulgación de los Decretos del Primer Sínodo de la Arquidiócesis de Miami, en 1988, por el Arzobispo Edward A. McCarthy. El Arzobispo había abierto el sínodo justamente tres años antes, con una liturgia en la Catedral de Santa María. Los decretos del Sínodo entraron en vigor el 14 de mayo de 1989, en la Solemnidad de Pentecostés.

El Plenario del Sínodo constó de 100 miembros; 50 representando al clero y 50 a los laicos. Se celebraron audiencias en las parroquias, colegios, entidades y movimientos apostólicos para conocer las preocupaciones de los católicos en el sur de la Florida. En estas audiencias participaron más de 15,000 personas, y se presentaron alrededor de 19,000 temas para ser considerados en el Sínodo. Se constituyeron varias comisiones preparatorias, que por tres años trabajaron arduamente para presentar al Pleno del Sínodo respuestas a las preocupaciones del Pueblo de Dios. En la presentación del documento final, el Arzobispo McCarthy indicaba: “El Sínodo puede tener sus imperfecciones… Proclama el plan pastoral y las aspiraciones de la comunidad de los fieles en nuestra arquidiócesis… nos comprometemos con nosotros mismos a ser fieles a sus proyecciones.”

Para el Arzobispo McCarthy, no era tan importante el resultado final como el proceso; de ahí el lema de “Caminando Juntos”. Él lo concebía como un momento de gracia que revitalizaría la Iglesia en el sur de la Florida, un proceso que serviría “para emocionarnos ante la visión de cuán diferente, cuán maravillosas nuestras vidas y nuestros mundos podrían ser si nosotros solamente fuéramos sinceros al Evangelio de Jesucristo, a la enseñanza de la Iglesia.” (Homilía de la Apertura del Sínodo).

El Sínodo fue un rayo de luz y de esperanza

El impacto del laicado en el desarrollo y culminación del Sínodo fue impresionante. Especialmente, el laicado hispano tuvo una significativa representación y un calificado papel en todos los aspectos del mismo

El hecho de que este aniversario pasara inadvertido es indicativo de que los trabajos del Sínodo, sus preocupaciones, sus reflexiones, y sus conclusiones han sido ignorados, precisamente por aquellos que debieron ser agentes de su difusión e implementación. Yo me pregunto: ¿cuántos de nuestros sacerdotes y diáconos ordenados durante los últimos 15 años han leído el documento final del Sínodo? Estoy seguro de que su lectura les sería de gran ayuda en su trabajo pastoral, aún hoy en día. Recordemos que Su Santidad Juan Pablo II dijo a los sacerdotes y laicos reunidos en la Catedral, el 10 de septiembre de 1987, durante su visita a Miami, que el Sínodo tendría un valor espiritual permanente para todos en la arquidiócesis.

El Sínodo fue un rayo de luz y de esperanza para muchos de los que trabajamos en la Iglesia; su recuerdo –especialmente para nosotros, los laicos– debería reavivar nuestras inquietudes y nuestro compromiso de fidelidad al Evangelio de Jesucristo y al Magisterio de la Iglesia. En el momento en que evocamos este recuerdo, no podemos menos que agradecer a nuestro Arzobispo Emérito el habernos concedido la oportunidad de este proceso sinodal, y reconocer una vez más su gran estima hacia el laicado y, en particular, su profundo respeto a la diversidad cultural de nuestra Iglesia local.

*Ministro laico a cargo de grupos de formación religiosa en las parroquias.