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¿Cuál es la
respuesta moral
al caso de Terri Schiavo?
“Existe una
significativa diferencia moral entre causar la muerte, y
permitir que alguien muera” – Declaración de los Obispos
Católicos
Queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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“Conmovedor” es el único adjetivo que puedo emplear para calificar
el caso de Terri Schiavo, la mujer de St. Petersburg que vive
desde 1990 en lo que los médicos describen como un “estado
vegetativo persistente”.
La batalla entre su esposo y sus padres,
sobre si se le debe retirar o no el tubo alimentador que la
mantiene viva, ha generado titulares de primera plana, y ha
mantenido ocupados a numerosos tribunales e, incluso, al
gobernador y a la legislatura de la Florida.
No sólo se ha convertido en una batalla entre la vida y la muerte,
también se ha convertido en una cuestión constitucional que tiene
que ver con el equilibrio de poderes entre las diferentes ramas
del gobierno. Muchas personas me han escrito, con la urgente
petición de que los obispos de la Florida hagamos algo para
mantener viva a Terri Schiavo. Desafortunadamente, no disponemos
de esa facultad. Nosotros no podemos tomar tal decisión: ni por
ella, ni por su familia, ni por nadie que se encuentre en esa
situación. Lo que podemos hacer, como obispos, es reiterar las
enseñanzas morales de la Iglesia sobre las cuestiones que tienen
que ver con la terminación de la vida, de manera que quienes están
capacitados para tomar la decisión, puedan actuar sobre sólidos
principios morales. La mayor parte de nuestras declaraciones puede
consultarse en la página en Internet de la Conferencia Católica de
la Florida,
http://www.flacathconf.org/ (pulse el cursor sobre
Statements, y después pulse sobre Topic Index).
También hemos emitido dos declaraciones recientes sobre el caso
Schiavo en particular, la última de ellas alabando al gobernador y
a la legislatura de la Florida por “ponerse de parte de proteger
la vida”. No se trata de minimizar la complejidad de este caso,
que implica no sólo tomar decisiones sobre la terminación de la
vida, sino también un conjunto de mecanismos familiares de los que
ni los tribunales ni el público tienen conocimiento.
Por esto, lo más aconsejable es echar a un
lado las personalidades, y las acusaciones intercambiadas por
ambas partes, y concentrarse en el problema principal: ¿es en
algún caso permisible que se le retiren el alimento y el agua a un
enfermo terminal?
Recordemos que estamos hablando aquí del alimento y del agua,
considerados como elementos de la “atención ordinaria”, y no de
equipos de respiración artificial o de otros “medios
extraordinarios” para mantener la vida. Estamos obligados a
valernos de medios ordinarios para mantener la vida. No hay
obligación alguna de recurrir a los extraordinarios.
En el caso de un paciente cuya muerte es inminente –es decir, en
el caso de que una persona vaya a morir en el plazo de unas pocas
horas o de unos pocos días, sin importar las medidas médicas que
se tomen para evitarlo–, la Iglesia enseña que se le pueden
retirar la alimentación y la hidratación, “siempre y cuando se
garantice el bienestar del paciente”. (Esta cita, y las que siguen,
están tomadas de la declaración de los obispos de la Florida sobre
“La vida, la muerte y el tratamiento de los pacientes moribundos”,
emitida el 27 de abril de 1989.)
Pero una persona en un “estado vegetativo persistente” no está en
peligro inminente de morir. En ese caso, dicen los obispos, “se
requiere la certeza de que [el paciente] sufre una carga excesiva
para justificar que se le retiren la alimentación y la hidratación
artificiales”.
La expresión “una carga excesiva” se define como “demasiado
dolorosa, demasiado peligrosa para el yo y el funcionamiento del
paciente; demasiado repugnante, psicológicamente, para el paciente;
demasiado supresora de la vida mental del paciente, o de un precio
prohibitivo”.
Los obispos añaden, sin embargo, que “se debe hacer la suposición
más fuerte a favor de [la opción de] prolongar el mantenimiento
artificial [de la vida]. Aunque su beneficio se reduce grandemente
debido a la falta de conciencia, la vida humana es buena en sí
misma, y la vida de las personas comatosas debe respetarse
consecuentemente (…) Por lo tanto, podemos decir, como regla
general, que a estos pacientes no se les debe retirar o
interrumpir el mantenimiento artificial [de la vida]”.
Una de las complicaciones en el caso de Terri Schiavo, es que
diversos médicos han llegado a diversas conclusiones sobre sus
expectativas de recuperación. Algunos dicen que nunca se
recuperará. Otros sostienen que podría ayudársele mediante un
terapia prolongada.
En vista de estas opiniones contradictorias, el Centro Católico
Nacional de Bioética llegó recientemente a la conclusión de que
“los beneficios de proporcionarle una nutrición e hidratación
médica superarían claramente las cargas en el caso de Terri
Schiavo”.
¿Qué lecciones podemos aprender de este conmovedor caso? Yo diría
que la primera de ellas es la necesidad de garantizar que nuestros
familiares y seres queridos sepan cuáles son nuestros deseos, en
caso de que lleguemos a vernos en la incapacidad de expresarlos,
debido a una enfermedad o a un accidente.
La mejor manera de hacerlo es firmando una declaración de última
voluntad. Quienes lo deseen, pueden obtener formularios titulados
Catholic Declaration on Life and Death / Designation of Health
Care Surrogate (Declaración católica sobre vida y muerte /
Designación de apoderado sobre atención médica) en el sitio en
Internet de la Arquidiócesis de Miami: www.miamiarch.org, o
telefoneando a nuestro Departamento de Comunicaciones: (305)
762-1045.
Nuestros deseos tienen que conformarse a la enseñanza católica,
por supuesto. Como han declarado los obispos, “existe una
significativa diferencia moral entre causar la muerte, y permitir
que alguien muera”. Invito a todos los católicos a que se informen
sobre esta cuestión, no sólo mediante los noticieros, sino leyendo
las declaraciones de los obispos de la Florida, así como las de la
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, y
acudiendo a la mejor de las fuentes: el Catecismo católico.
(Busque “eutanasia”, “matar” y “vida” en el Índice.)
Cualquiera que sea el resultad del caso Schiavo en los tribunales,
ninguno de nosotros es ni siquiera capaz de imaginarse los
sufrimientos que esta familia ha padecido desde que Terri Schiavo
perdió el conocimiento en 1990. Lo que sí podemos hacer todos para
ayudarla a ella y a su familia, es recordarlos en nuestras
oraciones.
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