Caminar
junto a Cristo lo cambia todo
La experiencia inolvidable de los
retiros Emaús
Ana Rodriguez-Soto
The Florida Catholic
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Manny y Suzanne Rodríguez, de la parroquia St. Louis, hicieron
su primer retiro Emaús en 1991. Ellos ayudaron a coordinar la
celebración del 22 de noviembre en la Universidad de Miami.
Foto: Ana Rodríguez-Soto / TFC |
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Michael Fresneda caminó junto
a Cristo durante el fin de semana del Día del Trabajo del año
2000. Fue una jornada que cambió su vida.
Pasó de asistir esporádicamente a Misa a una asistencia casi
diaria; de realizar con renuencia algunas labores voluntarias, a
ejercer el ministerio eucarístico, y a ser lector y miembro del
consejo parroquial de St. Kevin. “Cambió mi vida. Cambió la vida
de mi esposa. Y cambió la vida de toda mi familia”, dice Fresneda,
que es padre de dos adolescentes que asisten a la escuela
secundaria Archbishop Carroll, en el sur de Miami-Dade.
Fresneda se refería a Emaús, un retiro parroquial de fines de
semana para hombres y mujeres, que cumple su 25º aniversario este
mes. Habiendo comenzado en la parroquia de St. Louis, en Pinecrest,
Emaús se ha extendido ahora a 33 parroquias del sur de la Florida,
a más de una docena de estados del país, y a media docena de
países latinoamericanos.
Como algunas parroquias patrocinan hasta cuatro retiros anuales,
el número de quienes participan en Emaús abarca a miles de
personas. “Nunca esperé que llegara a ser algo más que un retiro
para las mujeres de St. Louis. Cuando se extendió a otras
parroquias, me sentí sorprendida”, dice Myrna Gallagher, que creó
el retiro bajo la dirección del entonces párroco de St. Louis, el
ahora retirado P. David Russell. “Queríamos lograr un retiro en
que los feligreses ejercieran el ministerio pastoral con los
feligreses”, explicó Gallagher, ministra laica y veterana
educadora religiosa. “Nuestra meta era que, al regresar [del
retiro], uno conociera a los demás, y que se apoyaran mutuamente.
Y que pudieran emprender ministerios parroquiales”.
En aquel momento, explica, lo único activo que existía en St.
Louis era el club femenino, de modo que “empezamos con las mujeres.
Los hombres comenzaron años después”.
En la época en que ella y el P. Russell dejaron St. Louis, los
ministerios de la parroquia habían aumentado de cero a 80, y el
número sigue creciendo. Lo mismo ocurrió en la siguiente parroquia
del P. Russell, St. John Neumann, en Kendall.
“Tenemos más de 100 ministerios. Y muchos de ellos han provenido
de Emaús”, dice Gallagher, quien se abstiene de emplear el término
“movimiento”, el cual se aplica a otros programas de retiros,
tales como Cursillo. “No queremos que se aferren a Emaús. Emaús es
un vehículo para conducirlos a otros ministerios”.
“No se trata de que sólo Jesús yo hayamos tenido esta experiencia
personal en el año tal. La idea de Emaús era la hacer que la gente
regresara a cumplir un ministerio en su parroquia”, dice el P.
James Fetscher, que reemplazó al P. Russell en St. Louis.
El concepto de Emaús es sencillo: tres días de oración, discusión
y reflexión concentrándose en un solo pasaje del Evangelio: aquel
en que Jesús, después de la resurrección, acompaña a dos
discípulos confundidos en el camino a Emaús.
Mientras caminan, llegan a entender las escrituras, y al llegar a
conocer a Dios, logran conocerse a sí mismos. “No se trata de nada
especial. Es una conversación. Es una discusión en grupo. Es una
reflexión. Es una oración. Lo que hace que funcione, es que se
entrega todo un fin de semana al Señor. Y Él responde dando ciento
por uno”, explica Gallagher. A diferencia de otros retiros, sin
embargo, Emaús se basa totalmente en la parroquia. Todos sus
participantes y sus líderes son de la parroquia. También se
recomienda que sea el párroco quien celebre la Misa del sábado en
la tarde.
“Eso es todo”, dice Gallagher. “Vienen y conocen a todo el
personal, y conocen a su párroco, y se conocen mutuamente. Y
entonces se sienten con la confianza suficiente para dirigirse a
su párroco y decirle: ‘tengo una idea para el ministerio’”.
Los ministerios que resulten de Emaús serán diferentes en cada
parroquia, añadió. “En una parroquia pobre, podrían necesitar
servicios de cuidado diurno de niños, mientras que en otra
parroquia podrían necesitar cursos sobre la Biblia, o sobre cómo
enriquecer el matrimonio. En una parroquia de más edad, podrían
necesitar Ascending Life (“Vida Ascendente”). El ministerio
depende de la parroquia”.
“Se convierte en una comunidad. El tema de Emaús es la
construcción de la comunidad, y me parece que lo hemos hecho muy
bien”, dijo Fresneda, que se reúne una vez al mes, aproximadamente,
con un grupo de 20 o 30 hombres de St. Kevin.
Pero lo que ahora los vincula no es el deporte, como antes. “Ahora
andamos en un camino diferente”, señaló. “Ahora somos como niños
que lloran… sólo que los hombres no llaman a esto ‘llorar’, sino
tener los ojos húmedos”.
Fresneda reconoce que el milagro de Emaús no cambió su vida de la
noche a la mañana. Su esposa, que había participado en el retiro
un año antes, no tuvo que presionarlo para que asistiera. “Yo
estaba listo para hacerlo”, explica él, porque su antiguo párroco,
el P. Alfred Cioffi, “me preparó. Desarrollamos una gran relación.
Fue para mí como el hermano que nunca tuve. Me hizo regresar a la
Iglesia”.
Emaús ayudó a Fresneda a sintonizar su alma con Jesucristo.
“Empecé escuchando, y desde entonces ha sido como recibir una
señal de radar”, concluye.
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