La paradoja cristiana
Cristo en la cruz, la grandeza de Dios
humillada por amor
Intervención de Juan Pablo II en la audiencia general del
miércoles 19 de noviembre, dedicada a comentar el Cántico de la
Carta de San Pablo a los Filipenses (2, 6-11), “Cristo, siervo
de Dios”.
La paradoja central del cristianismo, Dios hecho hombre en Cristo
y crucificado por amor, se convirtió en el tema central de la
meditación de Juan Pablo II en la audiencia general de este
miércoles.
El Papa dedicó su encuentro con varios miles de peregrinos,
congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano, a comentar el
Cántico que presenta la Carta de san Pablo a los Filipenses (2,
6-11), “Cristo, siervo de Dios”.
El Cántico recuerda que “Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó
de su rango y tomó la condición de esclavo”. “Por eso Dios lo
levantó sobre todo y le concedió el ‘Nombre-sobre-todo-nombre’”.
“El ‘despojo’ de su gloria divina, que le lleva hasta la muerte en
la cruz, el suplicio de los esclavos”, añadió el Santo Padre, hizo
“de él el último de los hombres, auténtico hermano de la humanidad
sufriente, pecadora y repudiada”.
Pero, con su muerte en la cruz, explicaba el apóstol Pablo en su
Carta dirigida a los cristianos de Filipos, ciudad griega que se
convirtió en la primera etapa de su anuncio misionero en Europa,
“Cristo es restablecido por el Padre en el esplendor de la
divinidad”.
De este modo, añadió el obispo de Roma, “el Hijo de Dios ha
superado la infinita distancia que separa al Creador de la
criatura”.
Recordando un comentario del obispo de Milán, San Ambrosio (en
torno al 340-397), Juan Pablo II ilustró, por último, las
consecuencias de la paradoja cristiana: “Dios descendió y elevó al
hombre; el Verbo se hizo carne para que la carne pudiera
reivindicar para sí el trono del Verbo a la diestra de Dios”.
La catequesis de este miércoles continuó con la serie de
meditaciones sobre la Liturgia de las Vísperas, la oración que
millones de consagrados y laicos rezan al anochecer, comenzada el
mes pasado.
Antes de despedirse de los peregrinos, el Papa se dirigió en
particular a los jóvenes para decirles: “Poned a Jesús en el
centro de vuestra vida y recibiréis de Él luz para toda decisión”.
A los enfermos les recomendó: “fiaros de Cristo y comprenderéis el
valor redentor del sufrimiento vivido con Él”.
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