Reflexiones
Católicas sobre la Biblia
“Por esto ustedes
enderécense y levanten sus cabezas cuando se presenten los
primeros signos, pues habrá llegado el día de su liberación”.
(Lucas 21, 25-28).
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Adviento comienza el 30 de noviembre este año, es una época de
gozo que nos prepara para la conmemoración de la encarnación y
anticipa la segunda venida de Cristo al final de los tiempos. |
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30 de noviembre de 2003
Primer domingo de Adviento [Ciclo C]
Comienza hoy el Año Litúrgico de la Iglesia
Lectura del Evangelio según San Lucas
21,25-28, 34-36
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:”Habrá señales en el
sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán
las naciones, asustadas por el ruido del mar y de las olas. Los
hombres morirán de espanto, con sólo pensar en lo que le espera al
mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas. Y en ese
preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo poderoso y
glorioso en medio de la Nube. Por esto ustedes enderécense y
levanten sus cabezas cuando se presenten los primeros signos, pues
habrá llegado el día de su liberación. Estén alerta, no sea que se
endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y
preocupaciones de la vida. No sea que ese día caiga de repente
sobre ustedes y como la trampa que se cierra. Pues vendrá sobre
todos los habitantes de toda la tierra. Por eso, estén despiertos
y orando en todo tiempo. Así tendrán fuerzas para escapar de todo
lo que debe suceder y podrán estar de pie delante del Hijo del
Hombre”.
Comentario breve:
Con este texto el evangelista quiere colocarnos con alegría y gozo
ante la venida del Hijo del Hombre. A pesar de su lenguaje
catastrófico, esa vuelta es vista como la gran liberación
definitiva que debe provocar en los cristianos la más grande
esperanza y no el temor.
El mandato de enderezarse y levantar la cabeza es exclusivo de
Lucas y alude a la actitud que se espera de nosotros ante
cualquiera de los signos escatológicos* esperados; debemos
enderezarnos como prueba de nuestra libertad y dignidad y levantar
la cabeza como signo de que no nos hemos distraído del camino de
Jesús y de que, a pesar de la fragilidad de nuestro compromiso
estamos decididos a dejarnos guiar por la fe en un Dios que es en
todo momento liberador y salvador.
* La escatología se
refiere a “los últimos tiempos”, tiempos de salvación que ya han
comenzado con la efusión del Espíritu Santo.
La lectura presenta tres ideas importantes:
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Lo típico de la fe cristiana es la esperanza. Los cristianos somos
los “que esperamos”, no con temor, sino con gozo y confianza.
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La fe en la victoria escatológica (última, final) ofrece un fuerte
apoyo a los cristianos que sufren en cualquier época, pero
especialmente cuando el Evangelio fue escrito, alrededor de los
años 80, durante las persecuciones de los romanos.
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Es una espera activa y no pasiva en la que nos debemos mantener
fieles a la oración y seguros de que si llevamos una vida recta
podremos estar de pie delante de Dios.
Para la reflexión:
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¿En quién pongo mi esperanza?¿Qué espero en
realidad de Dios?
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¿Cómo puedo contagiar a otros con mi esperanza?
7 de diciembre de 2003
Segundo domingo de Adviento [Ciclo C]
Lectura del Evangelio según San Lucas
3,1-6
Era el año décimoquinto del reinado de César Tiberio. Poncio
Pilato era gobernador de Judea, Herodes estaba a cargo de la
provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de la Iturea y de
la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene. Los jefes de los
sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios
dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el
desierto. Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región
del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para
que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está
escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el
desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus caminos.
Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los
caminos con curvan serán enderezados. Y los ásperos suavizados.
Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará”.
Comentario breve:
Lucas resalta el hecho de que Juan continúa el papel del profeta
Jeremías: consagrado antes de su nacimiento (Jr 1,5; Lc 1,13).
Considerado el último de los grandes profetas, Juan viene a
“preparar el camino del Señor” predicando una conversión que
implica un cambio de vida centrado en la fraternidad y la justicia.
Lucas ha construído esta escena para presentar al Bautista como
aquel que Dios llamó para orientar y disponer a Israel a recibir
la salvación de Dios. Una salvación que tiene como condición
fundamental el arrepentimiento y la vuelta al Señor.
Su voz se escucha desde el desierto, lugar de las grandes
experiencias de Israel, como una invitación a “ver”, es decir, a
tener una sincera y real experiencia de Dios y a dejarse
transformar por ella quitando todos los obstáculos que se oponen
al obrar del Señor en nuestra vida.
La lectura presenta tres ideas importantes:
-
En este texto la Palabra de Dios vino a Juan, pero Dios viene
también a nosotros como una constante propuesta que hay que acoger
activamente.
-
La auténtica conversión cristiana se proyecta desde la vida hacia
la sociedad y el mundo.
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Otra vez somos invitados a gritar desde el desierto las grandes
propuestas de Dios para la humanidad en el tiempo presente.
Para la reflexión:
¿Cuáles son los cerros que hay que quitar en tu vida?¿Cómo ves a
Dios actuando y hablando en la historia que nos toca hacer y vivir?
¿Cuál es la salvación que el Señor ofrece al hombre y la mujer de
hoy?¿Cuáles son hoy los males, infidelidades, esclavitudes,
injusticias, mentiras y desesperanzas que somos invitados a
superar?
14 de diciembre de 2003
Tercer domingo de Adviento [Ciclo C]
Lectura del Evangelio según San Lucas
3,10-18
En aquel tiempo, la gente le preguntaba a Juan el Bautista: “¿Qué
debemos hacer?” El contestó: “El que tenga dos capas dé una al que
no tiene y quien tenga qué comer haga lo mismo”. Vinieron también
los cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron:
“Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan:”No cobren más
de lo debido”. A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros,
¿qué debemos hacer?” Les contestó: “No abusen de la gente, no
hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan”. El
pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si
Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta
declaración: “Yo bautizo con agua, pero pronto va a venir el que
es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los
cordones de un zapato: él los bautizará en el Espíritu Santo y en
el fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su era
y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el
fuego que no se apaga”. Y con muchas otras palabras anunció la
Buena Nueva al pueblo.
Comentario breve:
En esta escena, Juan aclara que él no es el Mesías que Israel
esperaba, y a través de una serie de preguntas, explica lo que la
conversión y el arrepentimiento significan. La conversión
verdadera se demuestra con obras de justicia. Es un modo de vivir
que se traduce en renuncia al egoísmo y al abuso de poder. De
aprovecharse de los demás se pasa a ser provechoso para todos. Más
que un cambio de ideas, la conversión es un cambio de conducta y
de valores.
De atesorar ambiciosamente se pasa a compartir generosamente. Del
chisme, la simulación, la mentira y la apariencia, se pasa a la
más sincera, comprometida y peligrosa transparencia. El agua
derramada sobre los arrepentidos prefiguraba la efusión del
Espíritu anunciada por los profetas. Así como el agua da vida al
desierto, el Espíritu dará vida eterna a los que se dejen
transformar por la Palabra de Dios.
La lectura presenta tres ideas importantes:
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La conversión no es sólo una experiencia interior sino sobre
todo un cambio hacia los demás.
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La verdadera conversión exige “limpiar el trigo” (elegir),
“recogerlo” (actuar con decisión), para finalmente quemar la
paja inútil, es decir eliminar todo aquello que nos inmoviliza.
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Este domingo es llamado “de la alegría” (Gaudete); ese es el don
que ilumina todo verdadero camino de conversión y el mejor signo
de la presencia del Reino.
Para la reflexión personal o comunitaria:
Al llegar a este tercer domingo de Adviento, pregúntate: ¿Vivo mi
fe cristiana con alegría?
¿Qué crees te exigiría hoy el Bautista? ¿Qué te invita a compartir?
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