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La Iglesia colombiana se crece
ante el martirio de sus sacerdotes

ACI
Bogotá

El asesinato de sacerdotes se ha convertido en un signo más del vía crucis cotidiano que vive el pueblo de Colombia. En este país existe una larga lista de hechos de violencia que ha golpeado a la Iglesia Católica, con unos 50 religiosos (obispos, sacerdotes, misioneros) asesinados, y más de una veintena de secuestrados desde 1984, en hechos atribuidos a narcotraficantes, guerrillas, paramilitares y delincuencia común.

El 2 de noviembre, y tras recientes investigaciones y declaraciones de tres testigos cercanos, la Fiscalía colombiana acusó al líder guerrillero Pablo Catatumbo, jefe del bloque occidental de las FARC, como autor del asesinato de Mons. Isaías Duarte Cansino, perpetrado el 16 de marzo de 2002.

La Fiscalía acusó como autores materiales a Alexander de Jesús Zapata Ríos, ‘Cortico’, John Freddy Jiménez, ‘Basilio’, y Carlos Augusto Ramírez, ‘El Calvo’. Este último fue asesinado el 30 de mayo de 2002, en la cárcel de Palmira; y los otros dos están detenidos. Durante el juicio, la Fiscalía acusará a los miembros del secretariado de las FARC como autores intelectuales del homicidio.

En un extenso expediente sobre el asesinato, las autoridades lograron recopilar, entre algunas de las pruebas contra las FARC, las declaraciones de tres miembros de esa organización, que se reinsertaron en la sociedad civil y colaboraron con la justicia.

Según sus versiones, cinco comandantes de la guerrilla decidieron el crimen en una reunión. Uno de ellos, ‘Mincho’, al mando del frente 13, les notificó a los comandantes ‘Alejandro’, ‘El Diablo’, ‘Alexander’ y ‘Diomedes’, que había que “callar al cura, porque estaba hablando mucho”. Además –explicó el guerrillero–, “la orden venía directamente del secretariado de las FARC”.

Los testigos explicaron que la ‘misión’ fue asignada a un guerrillero del frente 30, John Freddy Jiménez, conocido como ‘Basilio’. Éste a su vez haría el contacto con ‘El Calvo’ y ‘El Cortico’.

“Los declarantes son claros en afirmar que en varias oportunidades en los campamentos les manifestaron sobre la necesidad que tenían las FARC de asesinar a Monseñor. Son enfáticos en manifestar que el frente que realizó la operación criminal fue la columna móvil Arturo Medina, y quien realizó todos los contactos fue Pablo Catatumbo”, explicó la Fiscalía.

Según el expediente, Mons. Duarte habría sido víctima de la guerra silenciosa que libran las FARC contra narcotraficantes del norte del Valle, y el objetivo, según las investigaciones, era culpar del crimen a Diego Montoya Henao, ‘Don Diego’, señalado por la policía como uno de los jefes de esa organización. Precisamente, 72 horas después del asesinato, Catatumbo acusó públicamente a ‘Don Diego’ del crimen.

 

Nuevos asesinatos

Sólo dos días después de conocerse el contenido del expediente, otros dos sacerdotes católicos fueron asesinados en Colombia en menos de 24 horas.

El P. Saulo Carreño, párroco de la iglesia de Cristo Rey, y su secretaria, fueron asesinados por dos hombres el 4 de noviembre en la población de Saravena, en el Departamento de Arauca, al este de Colombia, según informó el comandante de la policía de la región, coronel Luis Alcides Morales.

El oficial de la policía señaló que el P. Carreño viajaba en su vehículo, en compañía de Maritza Linares, cuando fue abordado por desconocidos en una vía a la salida del casco urbano de Saravena. El comandante declaró que las autoridades aún no tienen identificados a los autores del crimen, pero señaló que “todos estos hechos son obra de los grupos al margen de la ley que están atacando a todos los que colaboran con las comunidades y con el Estado”.

El coronel Morales dijo que el sacerdote, párroco de Saravena desde hacía tres años, colaboraba “mucho con actividades para el bien de la comunidad y la Fuerza Pública, tenía buena relación con él”.

Por su parte, el Obispo de Arauca, Mons. Carlos Germán Mesa, condenó el asesinato del P. Carreño y clamó por el fin de la violencia, pidiendo a los grupos armados ilegales excluir a la población civil del conflicto, para que los araucanos puedan vivir en paz. El prelado, que se encontraba en una reunión de obispos del nororiente colombiano en Bucaramanga, viajó de inmediato para estar en el sepelio de las dos víctimas.

 

En menos de 24 horas

El Padre Henry López, de la localidad de Villavicencio, capital de Meta, se convirtió en el segundo sacerdote asesinado en menos de 24 horas en Colombia. El 5 de noviembre, una empleada doméstica encontró su cuerpo, atado y degollado, en su residencia.

Según fuentes policiales citadas por Radio Cadena Nacional, el cadáver del P. López fue descubierto en la casa parroquial, cuando la empleada llegó en la mañana para realizar sus tareas habituales.

Las mismas fuentes sostienen que el P. López, que estaba al frente de la parroquia El Remanso, fue encontrado maniatado a una silla y amordazado. Se estima que el crimen habría ocurrido el martes por la noche, pero aún se desconocen el móvil y los presuntos responsables.

Mientras tanto, el 5 de noviembre, la comunidad de Saravena participó en un acto simbólico en la iglesia Cristo Rey, para despedir los restos del Padre Saulo Carreño, asesinado el martes.

Cientos de feligreses velaron los restos de su párroco, y las campanas del templo doblaron cada hora en señal de duelo. El Obispo de Arauca, Mons. Carlos Meza, y 30 sacerdotes de todo el departamento, acompañaron el cuerpo del sacerdote.

Los restos del párroco de Cristo Rey fueron trasladados a Bogotá, donde se realizaron sus exequias.

Las autoridades y la Iglesia aseguran que el Padre Carreño nunca denunció amenazas contra su vida.

El comandante de la Policía Departamental, coronel Luis Alcides Morales, declaró que los primeros informes de inteligencia indican que el asesino “fue contratado por las fuerzas oscuras de la guerrilla”.

 

Declaración del Episcopado Colombiano

El 9 de noviembre, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Colombiana (CEC), Mons. Luis Castro, publicó un comunicado en nombre de los obispos del país, en el que “lamenta y deplora” los asesinatos del P. Saulo Carreño Hernández y el P. Henry Humberto López Cruz.

Según el comunicado, los dos sacerdotes fueron “víctimas de la violencia y la intolerancia que afligen tan duramente al pueblo colombiano”. La CEC se solidarizó con los obispos y sacerdotes de Arauca y Villavicencio, así como con los familiares de los dos sacerdotes asesinados.

El comunicado sostiene que los dos sacerdotes “se unen a la ya larga lista de hombres y mujeres que han sido vilmente asesinados por quienes, sin reparar en el daño que le causan al país, dan rienda suelta a sus instintos criminales”.

“La Iglesia, que ha pagado la alta cuota de veinte sacerdotes asesinados en los últimos tres años, seguirá clamando por la reconciliación y el perdón como condición para aclimatar una paz duradera y estable”, aclaró el Arzobispo.

Mons. Castro extendió las condolencias del Episcopado a los familiares de “Maritza Isabel Linares Quiñones asesinada en Saravena, y a las familias de las víctimas del acto terrorista perpetrado en Florencia con una casa bomba”.

“Nunca dejaremos de clamar por el respeto a la vida y porque el Señor  toque el corazón de quienes ignoran y desprecian el mandato divino: ‘No matarás’. Recuerden ellos que ‘la sangre derramada grita a Dios desde la tierra’”, concluyó la declaración.