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Para valorar la libertad
ACI
Ciudad del Vaticano
Durante un encuentro con una delegación del sindicato polaco de
inspiración social cristiana Solidarnosc (Solidaridad), el Papa
Juan Pablo II recordó el heroísmo de los trabajadores polacos que
desafiaron el régimen comunista en la década de los ‘80.
Al dirigirse a la numerosa delegación que incluía al fundador de
Solidarnosc y ex presidente Lech Walesa, y al Arzobispo Tadeusz
Goclowski, responsable de la pastoral del mundo del trabajo de la
Conferencia Episcopal Polaca el Pontífice subrayó que el encuentro
tenía lugar el 11 de noviembre, fecha de la institución de la
República Polaca en 1918.
“La libertad nacional reconquistada ese día tras años de luchas
que costaron a nuestra nación tantas renuncias y sacrificios”,
recordó el Papa “no duró mucho, pero siempre nos hemos referido a
ella en la lucha por conservar la libertad interior, la libertad
de espíritu”.
El Santo Padre pasó luego revista a la historia de Solidarnosc,
nacido entre cuantos se oponían “a la supresión programada de la
libertad del ser humano, a la humillación de su dignidad y a la
negación de sus derechos fundamentales” y afirmó que esos
principios habían pasado a ser “el fundamento de las
transformaciones pacíficas” de Polonia.
El Papa recordó especialmente el año 1979 cuando “el sentido de
unidad en el bien y el deseo común de prosperidad de la nación
oprimida prevalecieron sobre el odio y el deseo de venganza y
pasaron a ser el germen de la construcción de un estado demócrata”,
y el 1989 cuando confió a la Virgen de Jasna Gora el sindicato por
fin legalizado.
Que no olviden los jóvenes
Durante el encuentro con la delegación polaca, que se prolongó por
espacio de 40 minutos, el Papa advirtió sin embargo que esos
acontecimientos “parecen escapar a la memoria. Las generaciones
jóvenes no los conocen por experiencia propia y podríamos
preguntarnos si aprecian en todo su valor la libertad que poseen y
si se dan cuenta del precio pagado por ella”.
Juan Pablo II recalcó que esos hechos son “el patrimonio al que
hay que referirse constantemente para que la libertad no degenere
en anarquía, sino que asuma la forma de responsabilidad común”.
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