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El matrimonio: nuevo campo de batalla para los creyentes

 

Del mismo modo que los tribunales rescribieron las leyes sobre el aborto, ahora parece que están empezando a rescribir las leyes sobre el matrimonio. Una vez más, nuestra sociedad será la perjudicada.

En el pasado año, tres tribunales provinciales de Canadá y la Corte Suprema de Massachussets han dictaminado que las personas que viven dentro de una unión del mismo sexo tienen derecho a los mismos beneficios que las parejas casadas. Un fallo semejante de la Corte Suprema de Vermont en 1999, convirtió a dicho estado en el primero en reconocer legalmente las uniones del mismo sexo. Hay un movimiento en marcha que se propone lograr la aprobación de leyes similares en otros estados.

Los obispos católicos estadounidenses, junto con otros grupos religiosos, se han pronunciado enérgicamente contra este movimiento. Personalmente, considero que ésta es una batalla tan importante como la que aún estamos librando contra el aborto y otras formas de agredir la dignidad humana.

Algunas personas podrían preguntar: ¿por qué? ¿A quién le perjudica que dos personas del mismo sexo decidan que están, o que quieren estar, “casadas”. ¿Qué diferencia representa la palabra que se emplee para describir esta relación? ¿Acaso no es discriminatorio negar a los homosexuales el derecho a heredar propiedades, o a ser los beneficiarios de pólizas de seguros, o a tomar decisiones sobre la terminación de la vida en nombre de sus seres queridos?

Desafortunadamente, aquí también veo paralelos con la cuestión del aborto. Detrás de muchos de estos argumentos, se oculta el cacareado derecho a la privacidad que, en el caso del aborto, permite que una mujer mate a su hijo no nacido. Tal como el efecto de cambiar el término de “niño no nacido” por el de feto fue, de hecho, el de negarle al niño no nacido el derecho a la vida, se impone a la razón que el acto de cambiar o redefinir el concepto natural de matrimonio será de un efecto igualmente desquiciante para toda la sociedad.

Reparen en que he dicho el concepto “natural” de matrimonio. Aunque Jesús elevó el matrimonio a sacramento, el matrimonio existió mucho antes que los sacramentos y mucho antes que la propia Iglesia. Incluso en las culturas antiguas, la unión de por vida entre un hombre y una mujer por amor y apoyo mutuos, así como para la procreación de hijos, era un hecho de la vida, no una invención teológica.

El matrimonio era considerado tan natural que fue incluido en el Génesis, el primer libro de la Biblia, el que se propone explicar el origen y la naturaleza del universo. El Génesis reconoció el matrimonio como parte del plan divino de Dios para la humanidad, pues mediante el acto marital, que es la unión física de un hombre y una mujer, se garantiza la supervivencia misma de la sociedad. Es más, el compromiso de por vida entre los cónyuges proporciona un ambiente estable dentro del cual criar y formar a las generaciones futuras.

Las uniones del mismo sexo no cumplen con esta definición del matrimonio. Son contrarias a la ley natural. Es por esto que la Iglesia nunca las aceptará.

Esto no significa que podamos ejercer la discriminación contra personas de orientación homosexual. Esto no significa que estas personas no puedan disfrutar de los mismos derechos legales que las demás. Pero realmente no tienen que estar “casadas” para hacerlo. De hecho, muchos de esos derechos están ya a su disposición, o, de ser necesario, se puede garantizar que lo estén.

Las personas de fe deben poder hacer estas distinciones, a medida que la guerra de palabras y de alegatos legales se acentúa. No podemos subestimar la gravedad de lo que se ha propuesto, porque cuando comenzamos a rescribir la definición de matrimonio, estamos discutiendo sobre algo más que semántica. Estamos hablando sobre el tipo de sociedad en la que viviremos, y sobre el tipo de futuro que les dejaremos a nuestros hijos.

 

Preguntas y respuestas sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo

En respuesta a una reciente racha de dictámenes legales en relación con las uniones entre personas del mismo sexo, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos acaba de publicar un folleto, Between man and woman: questions and answers about marriage and same-sex unions. El folleto bosqueja sucintamente los fundamentos legales, morales y espirituales de la enseñanza de la Iglesia Católica sobre esta cuestión. El folleto, en inglés, puede obtenerse en el sitio en la Red de la Conferencia de Obispos de EU: http://www.usccb.org/, bajo Latest news. El Catecismo Católico, nos. 1601 a 1658, es también una buena fuente de información e instrucción.

Arz. John C. Favalora