ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI

 VOZ DEL ARZOBISPO

 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
  LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 REFLEX. BIBLICAS
 ENLACES
 

 

En esta Navidad, ocupémonos más del Regalo
que de los regalos

Queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

En época de Navidad, la palabra es “regalo”. Pero, de algún modo, nos olvidamos de que la Palabra fue el mayor de los regalos que hemos recibido.

Invertimos demasiadas horas en preocuparnos de qué regalos vamos a comprar para los demás.

Nuestros pies se agotan de recorrer los centros comerciales en busca de los regalos apropiados para nuestros seres queridos.

Gastamos demasiado dinero en comprar esos regalos.

Al final, nos negamos a ofrecer el mayor regalo de todos: nosotros mismos.

Del mismo modo que Jesús, el Verbo de Dios hecho carne, fue un regalo para toda la humanidad, nosotros somos regalos unos para otros. Los padres saben que sus hijos son regalos inapreciables de Dios, pero con frecuencia no les demuestran ese aprecio. En vez de ello, se empeñan en censurarles lo que hacen mal: Johnny no presta atención en la escuela. Judy es rebelde. Jimmy es todo un dolor de cabeza en el baño.

De manera semejante, los hijos no siempre aprecian el regalo que son sus padres. Nos regañan, se quejan, pelean, siempre están trabajando, nunca están en la casa. Sólo cuando un padre pierde un hijo, o un hijo pierde un padre, se aprecia verdaderamente el regalo que son unos para otros. Lo mismo puede decirse de los hermanos y las hermanas. Bajo la tradicional rivalidad de los hermanos subyace un profundo amor y aprecio por el don de tener una relación fraternal para toda la vida, un confidente seguro, un compañero de travesuras: alguien a quien extrañaremos profundamente si un día llegara a no estar junto a nosotros.

Esposos y esposas comienzan viéndose el uno a la otra como un regalo mutuo, hasta que los altibajos de la vida cotidiana le cobran su precio a la ilusión del romance. Pero cuando el compañero o la compañera de toda la vida muere, el que sobrevive suele darse cuenta de cuán profundamente los habían unido esos mismos afanes cotidianos, tal como se unen las dos mitades de un todo.

¿Por qué nos cuesta tanto el darnos cuenta del valor de todos estos regalos que tenemos con nosotros, tan gratuitos como imposibles de valorar, únicos e irremplazables?

Tal vez si les dedicáramos más atención y tiempo a estos regalos, la Navidad no sería una época de tanta presión para todos. Quizás si enfocásemos nuestra atención en el mayor regalo de todos los tiempos, Emmanuel, el Verbo de Dios vivo entre nosotros, nuestras vidas no sufrirían tanta tensión.

Jesús es el regalo que justifica el regalar. Es el hermano, el amigo, el modelo de comportamiento, el salvador, el que nos da coraje cuando desfallecemos y esperanza cuando desesperamos; el que comparte nuestra carga, y el que nos levanta cuando caemos.

Es grato recordar que “Jesús es la razón de ser de la estación”. Pero hay que hacer algo con esta frase. En vez de una resolución de Año Nuevo, ¿por qué no formular una resolución de Navidad: la de hacernos más presentes para aquellos a quienes amamos?

Y pongamos esto en términos concretos: dedicaré media hora más todos los días a mis hijos, o a mis padres, o a mi cónyuge. Diré todos los días algo que recuerde a quienes amo –y a mí mismo– lo importante que es para mí el regalo de tenerlos.

Y haré lo mismo con Jesús, ocupándome de orar todas las mañanas y todas la noches, yendo diariamente a Misa, rezando el rosario.

Si nos enfocamos más en el Regalo que en los regalos, la Navidad puede ser un sorprendente recordatorio de cuántas bendiciones hemos recibido durante todo el año. Amamos y somos amados, no sólo por nuestras familias y nuestros amigos, sino también por el mayor Amor de todos, el de nuestro Padre celestial, que amó tanto al mundo que entregó a su Hijo único como regalo para toda la humanidad.

Tengan todos ustedes, y sus familias, una Navidad verdaderamente bendita, y un Año Nuevo lleno del amor del Señor.