El camino maestro contra el contagio del sida
Mensaje para la
Jornada Mundial del sida
Mensaje del
presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, el
cardenal Javier Lozano Barragán, por la celebración de la Jornada
Mundial del Sida, el 1 de diciembre de 2003
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
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Una niña tailandesa seropositiva de 2 años recibe cariño de una
enfermera del Hogar para Niños Phyathai de Bangkok (Tailandia)
el lunes 1 de diciembre de 2003. El Hogar cuida a niños
seropositivos dejados allí por sus padres. EFE/Vinai Dithajohn |
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1. Mientras la comunidad internacional se prepara a celebrar
también este año la Jornada Mundial del sida, en calidad de
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud,
deseo unirme a los esfuerzos e iniciativas que se realizan en todo
el mundo en el marco tanto de la prevención como de la asistencia
a los enfermos, para enviar en nombre de la Iglesia Católica, a
las organizaciones e instituciones internacionales, a los
gobiernos, a las organizaciones no gubernamentales, así como a las
agencias y a las asociaciones católicas que están comprometidas en
el territorio con el afán de detener el terrible flagelo, un
mensaje de amor y de esperanza a las familias y a las personas
afligidas por el terrible mal.
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“No estamos lejos de la verdad si afirmamos que, paralelamente a
la difusión del sida se está manifestando algo así como una
inmunodeficiencia en el ámbito de los valores existenciales, que
debe ser reconocida como verdadera patología del espíritu.”
Su Santidad, Juan Pablo II |
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2. En nombre del Santo Padre Juan Pablo II, os exhorto queridos
hermanos y hermanas en Cristo, a fin de que, junto a vosotros
hombres y mujeres de buena voluntad, no dejéis pasar en vano este
momento propicio; aprovechad esta circunstancia favorable para
estudiar y buscar juntos caminos nuevos y medios adecuados que
lleven a la gente y en particular a los jóvenes, a adoptar
comportamientos y costumbres de vida respetuosos de los auténticos
valores de la vida y del amor. Se trata de presentar este camino
maestro como prevención eficaz contra el contagio y la difusión
del VIH/sida, ya que el fenómeno del sida es una patología del
espíritu que, además del cuerpo, implica toda la persona, las
relaciones interpersonales, la vida social y familiar y a menudo
está acompañado por una crisis de los valores morales. Al respecto,
Juan Pablo II manifiesta que “no estamos lejos de la verdad si
afirmamos que, paralelamente a la difusión del sida se está
manifestando algo así como una inmunodeficiencia en el ámbito de
los valores existenciales, que debe ser reconocida como verdadera
patología del espíritu.” (Discurso a los participantes en la IV
Conferencia Internacional: Vivir: ¿para qué? El sida, 13-15
noviembre 1989, en Dolentium Hominum 13 (año V-n.1) 1990,
n. 4, pág. 7).
3. Desde el punto de vista estadístico, la pandemia del VIH/sida
aumenta de modo espantoso. Según las estadísticas oficiales de
UNAIDS, a fines del 2002
-
42 millones de personas viven con el VIH/sida, de las cuales
19,2 millones son mujeres y 3,2 millones son niños por debajo de
15 años;
-
5 millones de nuevas infecciones del VIH/sida en el 2002, de los
cuales 2 millones son mujeres y 800 mil son niños por debajo de
15 años;
-
3,1 millones de personas han muerto de sida en el 2002, de las
cuales 1,2 millones han sido mujeres y 610 mil niños por debajo
de 15 años.
4. Desde la aparición de esta terrible enfermedad, respondiendo a
la llamada del Santo Padre Juan Pablo II que estimulaba una mayor
movilización de las fuerzas y de los recursos y un compromiso
concreto de parte de la Iglesia tanto para prevenir como para
asistir de diferentes modos a los enfermos de sida, la Santa Sede,
las Conferencias Episcopales, las Diócesis, las Congregaciones
religiosas, los Hospitales y los Centros socio-sanitarios, las
Organizaciones y asociaciones católicas han redoblado sus
esfuerzos para poner en marcha actividades e iniciativas incisivas
y capilares con el fin de limitar el fenómeno, recordando sobre
todo a la comunidad eclesial y a la sociedad en general, la
importancia de respetar los valores morales y religiosos de la
sexualidad y del matrimonio, como por ejemplo la fidelidad, la
castidad y la abstinencia, y ofreciendo concretamente a los
enfermos en sus variadas estructuras una digna asistencia humana,
social, médico-sanitaria y espiritual.
5. El compromiso y la actividad de la Iglesia en los varios
continentes se refieren a la prevención, a la educación y a la
asistencia multiforme a los enfermos y a sus familiares.
En África (por ejemplo en Angola, Burundi, Camerún, Costa de
Marfil, Ghana, Guinea, Mali, República Centroafricana, Senegal,
Uganda, Zambia), la Iglesia lleva adelante programas educativos y
pastorales a favor de la formación de los agentes sociales,
pastorales y sanitarios, de sensibilización de las poblaciones, de
ayudas humanitarias así como de asistencia domiciliaria y
hospitalaria a los enfermos.
En América (por ejemplo en Canadá, Estados Unidos de América,
México, Argentina, Ecuador, Haití, Honduras, Venezuela, Brasil),
la Iglesia es promotora de campañas de sensibilización y de
programas formativos con publicaciones ad hoc y asiste a
los enfermos y a los huérfanos en los hospitales y en los
hospicios.
En Asia (por ejemplo en India, Singapur, Taiwán, Malasia), la
Iglesia sensibiliza a la opinión pública sobre el fenómeno del VIH/sida,
sobre sus causas y riesgos, empleando los medios tradicionales y
modernos de la comunicación, organizando incluso cursos ad hoc;
asimismo, dispone de un programa específico de asistencia a los
huérfanos y de atención a los enfermos a domicilio y de las casas
de salud y hospitales.
En Europa (por ejemplo en Austria, Bélgica, Francia, Alemania,
Irlanda, Escocia, Inglaterra, Gales, Italia, Croacia, ex
Yugoslavia), la Iglesia emplea periódicos, televisión, radio e
internet para difundir los programas lanzados por las comisiones
nacionales para prevenir, educar a las poblaciones, así como para
asistir social, humana y pastoralmente a los enfermos en los
hospitales y en los centros especializados en el tratamiento del
sida.
En Oceanía (por ejemplo en Australia, Nueva Zelanda, Papua Nueva
Guinea), la Iglesia ofrece una formación específica a los agentes
sociales, pastorales y sanitarios y asiste a los enfermos en los
hospitales y en los centros de atención.
Numerosos son los institutos religiosos y las asociaciones
laicales que colaboran en la pastoral a favor de los enfermos de
sida y en los lugares de sanación. Actividades y proyectos
importantes y capilares son realizados por los Camilos en Brasil,
Italia, México, India, Kenya, Tailandia, Haití, Polonia, Burkina
Faso; por los Hermanos de San Juan de Dios en España, Polonia,
Alemania y Austria; por la Asociación de San Vicente, en India,
Irlanda y Holanda; por la Comunidad de San Egidio, en Mozambique;
por la Fraternidad de Comunión y Liberación, (AVSI) en Uganda,
Kenya, Rwanda, Burundi, Nigeria, Rumania; por la Caritas en
Filipinas, Bolivia, Austria; por las Religiosas de la Madre Teresa
en Kazajstán; por el Hospital Pediátrico Bambin Gesù de Roma en
Rumania; por los Farmacéuticos católicos, en varias partes del
mundo.
6. Las principales actividades pastorales se concentran en la
formación de los agentes de la salud, de los sacerdotes, de las
familias y de la juventud; en la prevención mediante la educación
sanitaria, la publicación de documentos de la Iglesia, de la
organización de congresos y del intercambio teológico y de
experiencias; con la ayuda y la asistencia de los capellanes,
médicos y enfermos que, gracias a la diagnosis, el counselling,
los medicamentos, el sacramento de la penitencia y la caridad
hacia los enfermos internados en los centros y en los hospitales,
la Iglesia contribuye a mejorar las condiciones físicas, psíquicas
y espirituales de los pacientes; la atención y el seguimiento de
los enfermos y de las personas seropositivas se logra gracias a
programas específicos en torno a la sexualidad, la transfusión
sanguínea, la transmisión materno-fetal, la asistencia a los
huérfanos, a los presos y en lo concerniente a su reintegración
social y eclesial.
Si las causas de la enfermedad son el pansexualismo y la
toxicomanía, los condicionamientos son la pobreza, la urbanización,
la desocupación, la movilidad, las migraciones y los mass-media.
7. El pensamiento de Juan Pablo II se articula en torno a la
naturaleza del fenómeno (patología del espíritu); a la prevención
fundada en la sacralidad de la vida y la sexualidad responsable,
en la trascendencia y la educación a la castidad, a la conducta
del enfermo, esto es, el amor a Dios, la conducta sexual, la
transmisión de madre a hijo, la ofrenda del sufrimiento en su
relación con el misterio de la cruz y la esperanza de la
resurrección; el pensamiento de Juan Pablo II se dirige en
particular a los profesionales de la salud que encuentran en el
buen samaritano el paradigma del amor misericordioso que supera
las barreras humanas; a las autoridades civiles que deben
proporcionar a las poblaciones una información correcta y una
ayuda a los pobres; a los hombres de ciencia llamados por el Papa
a reforzar su solidaridad hacia los enfermos, haciendo todo lo que
está a su alcance para que adelante la investigación biomédica
sobre el VIH/sida con el fin de encontrar medicinas nuevas y
eficaces que logren detener el fenómeno.
8. A nivel personal, la Iglesia invita a cada uno a intensificar
la prevención según la doctrina de la Iglesia, a vivir la virtud
de la castidad en una sociedad pansexualista, a acercarse al
sacramento de la reconciliación, a reavivar en los enfermos el
sentido cristiano de la vida con la esperanza en la resurrección,
a dispensar una formación ad hoc a los agentes de la salud y
reservar una asistencia especial a los enfermos terminales.
A nivel comunitario, se recomienda lo siguiente: apoyo a las
actividades parroquiales relacionadas con el VIH/sida; creación de
nuevos centros y residencias para enfermos de sida; coordinación a
nivel diocesano y nacional de acciones e iniciativas pastorales
referentes al fenómeno del sida; atención a las políticas de los
gobiernos en materia de sida, con el objeto de influir
positivamente en ellas; empleo correcto de los medios de
comunicación; divulgación del manual de pastoral sobre el fenómeno
del sida que está por ser publicado por el Pontificio Consejo para
la Pastoral de la Salud; apoyo económico y financiero a
iniciativas y proyectos sobre el sida.
Globalmente, los aportes promedio que hoy ofrecen en el plano
social los organismos eclesiales alcanza el 12% y por las ONGs
católicas, el 13%; se llega a un total del 25% que permite que la
Iglesia sea el primer partner del Estado en el campo social. Para
las intervenciones sanitarias, el compromiso de la Iglesia es del
19% lo cual representa un tercio de las contribuciones estatales y
el doble de las intervenciones de las ONGs no católicas (10%) y de
los privados (11%).
9. Invito a la comunidad internacional, a los gobiernos en general
y a la Iglesia en particular, a:
-
promover campañas de sensibilización y de educación de la
población fundadas no en políticas que alimentan modelos de vida
y comportamientos inmorales y hedonistas que favorecen la
difusión del mal, sino en seguras referencias y auténticos
valores humanos y espirituales capaces de fundar una educación y
una prevención pertinentes en favor de la vida y del amor
responsable; la virtud de la castidad demuestra ser la más
importante para prevenir eficazmente contra el VIH/sida;
-
ocuparse de las necesidades sociales, humanitarias y socio-sanitarias
de los niños huérfanos cuyo número aumenta con el propagarse de
la pandemia;
-
comprometerse a favor de la globalización del bien común
internacional de la salud;
-
evitar toda forma de exclusión, de discriminación y de
estigmatización ante las personas seropositivas o de los
enfermos de sida, aceptándoles fraternamente en la familia, en
la sociedad y en la comunidad eclesial como miembros a pleno
título de la Iglesia;
-
facilitar a los enfermos el acceso a los fármacos genéricos
contra las enfermedades oportunistas y en lo posible a los
antirretrovirales con el fin de detener la escandalosa
mortalidad que grita venganza a Dios en los países pobres;
-
asistir y acompañar espiritual y pastoralmente a los enfermos y
a sus familiares, en particular a los que deben descontar una
pena en la cárcel, a fin de que no les falte el apoyo espiritual
y, en particular, los sacramentos tan necesarios en este momento
particular de su vida;
-
descubrir en los enfermos el rostro de Cristo, médico de los
cuerpos y de las almas.
10. Al renovar a todos vosotros: obispos, sacerdotes, religiosos/as
y agentes sociales, pastorales y sanitarios, y voluntarios, la
estima y el reconocimiento de la Iglesia por vuestro invalorable
servicio en favor de nuestros hermanos y hermanas postrados en el
cuerpo y en el espíritu por el flagelo del sida, deseo asegurarles
también que no dejaré de elevar mis oraciones a la Virgen
Santísima, Salus Infirmorum y Consolatrix Afflictorum,
por vuestra benemérita obra así como por los sufrimientos de los
enfermos y de sus familiares.
Ciudad del Vaticano,
1 de diciembre de 2003
+ Javier Cardenal Lozano Barragán
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