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La esperanza que compromete

 

Hna. Ondina
Cortés, RMI

Cuando hablamos de esperanza nuestra mirada vuela hacia el futuro y nuestro corazón se abre a la expectativa de algo que ha de venir. En cierta manera tenemos la sensación de que estamos ante algo mayor que nosotros mismos y que lo único que podemos hacer es recibir lo que se nos da en gratuidad. Ciertamente esto caracteriza la esperanza cristiana, porque el don de la salvación que esperamos es absolutamente gratuito.

Sin embargo la esperanza cristiana no es pasiva, sino comprometida con el presente y el futuro. El vivir siempre pensando en lo que viene después puede ser una evasión del presente. El futuro no puede ser excusa para no estar totalmente presente al aquí y ahora. ¡Cuántas veces dejamos de apreciar lo que tenemos hoy, las personas que están con nosotros, porque estamos deseando otra situación u otra compañía! Vivir consciente e intensamente el momento presente es saber agradecer cada minuto, cada oportunidad. Es saber vivir. Por eso la palabra “presente” es sinónimo de regalo. El presente es momento de gracia, no se repite, Dios pasa y si estamos atentos le podemos ver. Los relatos de Navidad nos describen cómo los sencillos supieron encontrar a Dios en aquel pesebre. Otros en cambio, tenían tan definidas sus expectativas de un Mesías que no supieron dejarse sorprender por Dios. Esperaban un reino y no pudieron ver que el Reino de Dios estaba ya en medio de ellos.

La esperanza cristiana también se compromete con el futuro de tal manera que “empuja la historia en la dirección del Reino”. Esperar sin sentarse a esperar, activamente luchando para que nuestra realidad –en lo personal y social– se acerque más al sueño de Dios.

El bienestar que anhelamos a veces está fuera de nuestro control, pero la gran mayoría de las veces depende en gran parte de mi, de cómo yo percibo las situaciones y mi responsabilidad en ellas. Pero es más fácil esperar que los demás cambien, que el mundo cambie, proyectar la responsabilidad en el otro o simplemente dejarle las cosas a Dios.

En este tiempo en que nos preparamos a celebrar que Dios se encarna en nuestra realidad humana para transformarla y abrirla a la plenitud en Dios, recibamos la fuerza de su amor para construir lo que esperamos. El Reino es don gratuito de Dios que no se impone, que por nuestra condición de personas libres exige nuestra colaboración. Dios no nos ahorra el compromiso.

Cuando aprendamos a esperar sin dejar de vivir el momento presente y sin dejar de comprometernos con el momento futuro, nuestra esperanza será verdaderamente esperanza cristiana.

mailto:ondina@claretiansisters.org