La esperanza que
compromete
Cuando hablamos de esperanza nuestra mirada vuela hacia el futuro
y nuestro corazón se abre a la expectativa de algo que ha de venir.
En cierta manera tenemos la sensación de que estamos ante algo
mayor que nosotros mismos y que lo único que podemos hacer es
recibir lo que se nos da en gratuidad. Ciertamente esto
caracteriza la esperanza cristiana, porque el don de la salvación
que esperamos es absolutamente gratuito.
Sin embargo la esperanza cristiana no es pasiva, sino comprometida
con el presente y el futuro. El vivir siempre pensando en lo que
viene después puede ser una evasión del presente. El futuro no
puede ser excusa para no estar totalmente presente al aquí y ahora.
¡Cuántas veces dejamos de apreciar lo que tenemos hoy, las
personas que están con nosotros, porque estamos deseando otra
situación u otra compañía! Vivir consciente e intensamente el
momento presente es saber agradecer cada minuto, cada oportunidad.
Es saber vivir. Por eso la palabra “presente” es sinónimo de
regalo. El presente es momento de gracia, no se repite, Dios pasa
y si estamos atentos le podemos ver. Los relatos de Navidad nos
describen cómo los sencillos supieron encontrar a Dios en aquel
pesebre. Otros en cambio, tenían tan definidas sus expectativas de
un Mesías que no supieron dejarse sorprender por Dios. Esperaban
un reino y no pudieron ver que el Reino de Dios estaba ya en medio
de ellos.
La esperanza cristiana también se compromete con el futuro de tal
manera que “empuja la historia en la dirección del Reino”. Esperar
sin sentarse a esperar, activamente luchando para que nuestra
realidad –en lo personal y social– se acerque más al sueño de Dios.
El bienestar que anhelamos a veces está fuera de nuestro control,
pero la gran mayoría de las veces depende en gran parte de mi, de
cómo yo percibo las situaciones y mi responsabilidad en ellas.
Pero es más fácil esperar que los demás cambien, que el mundo
cambie, proyectar la responsabilidad en el otro o simplemente
dejarle las cosas a Dios.
En este tiempo en que nos preparamos a celebrar que Dios se
encarna en nuestra realidad humana para transformarla y abrirla a
la plenitud en Dios, recibamos la fuerza de su amor para construir
lo que esperamos. El Reino es don gratuito de Dios que no se
impone, que por nuestra condición de personas libres exige nuestra
colaboración. Dios no nos ahorra el compromiso.
Cuando aprendamos a esperar
sin dejar de vivir el momento presente y sin dejar de
comprometernos con el momento futuro, nuestra esperanza será
verdaderamente esperanza cristiana.
mailto:ondina@claretiansisters.org
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