|
La música en la Misa debe ser más digna y ayudar a las personas a
rezar, dice el Papa
CNS / ACI
Vaticano
Aunque el canto gregoriano y los órganos ocupan un lugar de honor
en la historia de la música litúrgica, el empleo de nuevas
composiciones y de otros instrumentos pueden ser apropiados en la
Misa, siempre que reflejen el carácter sagrado de la celebración y
ayuden a los fieles a rezar, expresó el Papa Juan Pablo II en un
nuevo documento dado a conocer en italiano el 3 de diciembre, para
conmemorar el 100º aniversario de un texto sobre el mismo tema,
escrito por el Papa Pío X.
Aunque muchas canciones
litúrgicas modernas se valen de estilos y de instrumentos “que no
carecen de dignidad”, señaló el Papa, “es preciso garantizar que
los instrumentos sean apropiados para el uso sagrado” y la
dignidad del templo. Como dijo San Pío X 100 años atrás, “la
música es una parte integral de la solemne liturgia, y no sólo un
aditamento decorativo, escribe ahora Juan Pablo II.
La música empleada en la Misa tiene que ser música sagrada basada
en textos sagrados, insistió Juan Pablo II. Su contenido y su
ritmo tienen que seguir los gestos y el tono de la liturgia a la
cual acompaña.
La liturgia asume un respiro cósmico y universal
Al día siguiente, 4 de diciembre, el Pontífice firmó una Carta
Apostólica sobre la liturgia, que se publicó con ocasión del 40
Aniversario de la Constitución del Concilio Vaticano II
Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia.
En la Carta de 16 puntos, el Santo Padre señala que la
Sacrosanctum Concilium fue “primicia de aquella ‘gran gracia
de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX’, el
Concilio Vaticano II”, que le concede la ocasión para “redescubrir
las temáticas de fondo de la renovación litúrgica querida por los
Padres del Concilio, verificar de alguna forma su recepción y
dirigir la mirada hacia el futuro”.
“La vida litúrgica de la Iglesia asume un
respiro cósmico y universal, marcando de manera profunda el tiempo
y el espacio del hombre”, dice el Papa; y agrega que “en esta
perspectiva se comprende también la renovada atención que la
Constitución da al año litúrgico, el camino a través del cual la
Iglesia hace memoria del Misterio Pascual de Cristo y lo revive”.
El Pontífice recuerda luego la importancia que el Concilio concede
a la música sagrada “cuyo fin es ‘la gloria de Dios y la
santificación de los fieles’”; así como al arte sagrado, que
permite que “el culto pueda brillar también por el decoro y la
belleza del arte litúrgico”.
“Un aspecto que es necesario cultivar con mayor compromiso en el
interior de [las iglesias] es la experiencia del silencio”, dice
el Santo Padre. “En una sociedad que vive de manera cada vez más
frenética, frecuentemente aturdida por los ruidos y dispersa en lo
efímero, redescubrir el valor del silencio es vital”, agrega.
Por eso, explica el Papa, “la pastoral litúrgica, a través de la
introducción a las diversas celebraciones, debe inspirar el gusto
por la oración”. En este aspecto, “es importante introducir a los
fieles a la celebración de la Liturgia de las Horas, que, ‘en
cuanto oración pública de la Iglesia, es fuente de piedad y
alimento de la oración personal’”
Juan Pablo II señala luego el papel irrenunciable de los
sacerdotes “en la educación para la oración y en particular en la
promoción de la vida litúrgica” de los fieles laicos; una
responsabilidad que no supone rigidez: “la renovación litúrgica
realizada en estos decenios ha demostrado cómo es posible conjugar
una normativa que asegure a la Liturgia su identidad y decoro, con
espacios de creatividad y de adaptación, que la hagan cercana a
las exigencias expresivas de las diversas regiones, situaciones y
culturas”.
En el capítulo titulado “De la renovación a la profundización”,
Juan Pablo II señala que “a la distancia de 40 años, es oportuno
verificar el camino recorrido” y a propósito, lanza importantes
preguntas a la Iglesia:
“¿Es vivida la liturgia como ‘fuente y culmen’ de la vida eclesial?”
“El redescubrimiento del valor de la Palabra de Dios, que la
reforma litúrgica ha obrado ¿ha encontrado un resultado positivo
al interior de nuestras celebraciones?”
“¿Hasta qué punto la liturgia ha entrado en la realidad vivida de
los fieles y marca el ritmo de cada comunidad?”
“¿Es comprendida como camino de santidad, fuerza interior del
dinamismo apostólico y del espíritu misionero eclesial?”
El Papa señala luego la necesidad de revisar los libros litúrgicos,
destacando que en la base de esa revisión “debe existir un
principio de plena fidelidad a la Sagrada Escritura y a la
Tradición, autoritativamente interpretadas en particular por el
Concilio Vaticano II”. Esta fidelidad, agrega, “compromete en
primer lugar” a los obispos.
“En esta perspectiva –sigue el Santo Padre – resulta más que nunca
necesario incrementar la vida litúrgica al interior de nuestras
comunidades, a través de una formación adecuada de los ministros y
de todos los fieles”.
“Es necesario, por tanto, una pastoral litúrgica a tono con una
plena fidelidad a los nuevos ordines”, agrega el Papa,
refiriéndose a los nuevos leccionarios.
Agrega luego que respecto del domingo como día del Señor, se han
realizado “esfuerzos notables en la pastoral para que el valor de
domingo fuera redescubierto. Pero es necesario insistir en este
punto”, señala el Pontífice.
El Papa recuerda luego que la Sacrosanctum Concilium
estimula a la comunidad cristiana “a intensificar la vida de
oración no sólo a través de la Liturgia, sino también de los
‘ejercicios piadosos’, que realizados en armonía con la Liturgia,
casi derivan de ésta y a ésta conducen”.
En la Conclusión, el Santo Padre destaca que la promulgación de la
Sacrosanctum Concilium “ha señalado en la vida de la
Iglesia, una etapa de fundamental importancia para la promoción y
el desarrollo de la Liturgia”; y augura que “se desarrolle, al
inicio de este milenio, una ‘espiritualidad litúrgica’, que haga
tomar conciencia de Cristo como el primer ‘liturgo’, que no deja
de actuar en la Iglesia, para gloria del Padre, en la unidad del
Espíritu Santo”, afirma el Papa.
|