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Arzobispo John C. Favalora

Estimados amigos en Cristo:

Los escándalos de los últimos dos años han sido muy difíciles para la Iglesia en nuestro país. Ante las noticias casi diarias sobre el abuso, muchos –incluyéndome– se han encontrado reaccionando con sentimientos de dolor, vergüenza, traición y hasta ira. Los pecados de algunos y la falta de otros en responder con prontitud, han perjudicado seriamente la confianza que debe existir entre los obispos y los sacerdotes, los obispos y el laicado, y entre los sacerdotes y sus feligreses. Sin embargo, la inmensa mayoría de los sacerdotes y obispos ha servido fielmente al pueblo santo de Dios y ha llevado una vida de servicio dedicada a Dios y a la Iglesia. Estoy agradecido por su buen ejemplo, y sé que los fieles se unen a mí para agradecerles su servicio sacerdotal y, con nuestras oraciones, prometemos apoyarles en el sacerdocio.

El abuso sexual causa un daño enorme y duradero. Cuando ese abuso es cometido por un sacerdote, el daño es mucho mayor. A quienes han sufrido abuso por cualquier persona que representa a la Iglesia, y a sus familias, yo les expreso mis disculpas más sinceras, como el pastor principal de la Arquidiócesis. También me disculpo por cualquier acción o inacción de mi parte, que haya disminuido su sentido de confianza en la Iglesia Católica y sus clérigos. Animo a aquellos perjudicados de esta manera, a buscar la sanación, la reconciliación y la renovación que provienen de la orientación, de las oraciones y de la esperanza cristiana.

Para ayudar a restablecer los vínculos de la confianza y la comunión, presento este informe sobre la posición de la Arquidiócesis de Miami en este escándalo nacional, y nuestra respuesta al mismo. El informe incluye el número total de los casos de abuso sexual presentados contra sacerdotes, diáconos, religiosos y laicos de la Arquidiócesis de Miami desde su fundación en 1958. También incluye los costos del seguro al llegar a un acuerdo en dichos casos, y la asistencia pastoral ofrecida a quienes dijeron haber sido abusados. Estos reclamos se fijan en el contexto más amplio del resto de los reclamos de seguro hechos contra la Arquidiócesis, que incluye la responsabilidad por el local, la compensación de los trabajadores, y otros reclamos comunes por responsabilidad. Una revisión de estas cifras coloca en perspectiva el número de sacerdotes acusados, así como los costos del escándalo del abuso sexual. Una vez más, les aseguro que no se utilizaron fondos de las parroquias para pagar cualquiera de las demandas, fuera por reclamos de abuso sexual o cualquier otro daño alegado. Además, este informe detalla los pasos tomados en la Arquidiócesis de Miami para prevenir cualquier incidente de abuso en el futuro.

En junio de 2002, los obispos de los Estados Unidos adoptaron la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes. Este documento, aprobado por la Santa Sede, obliga a todos los obispos a observar una política estricta para la protección de los niños y los adultos vulnerables que están al cuidado de la Iglesia. Los obispos de los Estados Unidos también establecieron un departamento nacional para supervisar la total puesta en práctica de la Carta en cada diócesis, y contrataron un equipo de auditores, compuesto en su mayoría por ex agentes del FBI no afiliados con la Iglesia Católica, para confirmar que cada diócesis cumpliera con las regulaciones de la Carta. Dicha auditoría independiente comprobó recientemente que la Arquidiócesis de Miami está en total conformidad con los requisitos de la Carta para la Protección de Niños y Jóvenes.

Afortunadamente para nosotros en la Arquidiócesis de Miami, muchos de los requisitos de la Carta ya estaban en práctica. Desde mediados de la década de 1980 existen políticas arquidiocesanas para tratar las demandas de abuso sexual. Estas políticas requieren informar los alegatos de abuso a las autoridades civiles pertinentes, para que puedan realizar sus propias investigaciones imparciales. La Junta Revisora ya existente fue ampliada para incluir más miembros del laicado, cuya experiencia profesional sea de gran ayuda.

La Arquidiócesis de Miami también ha establecido un programa de Ambiente Seguro –que incluye el programa Virtus–, ha designado un coordinador de Ambiente Seguro y una coordinadora de Asistencia a las Víctimas. Desde 1999, la Arquidiócesis de Miami requiere la toma de huellas digitales y la verificación de antecedentes de todos los sacerdotes, diáconos, religiosos, empleados y voluntarios que estén en contacto regular con los niños o los adultos vulnerables. Todas las políticas sobre el personal y los voluntarios de la Iglesia han sido revisadas y son mejoradas según sea necesario, para asegurarnos que todos son investigados apropiadamente antes de trabajar para la Iglesia en cualquier calidad.

Creo que estos pasos indican cuán seriamente tomo cualquier reclamo de que un niño, un joven o un adulto vulnerable haya sido abusado por alguien que actuaba en el nombre de la Arquidiócesis de Miami, y mi compromiso para hacer lo posible por evitar que esto suceda otra vez. La Iglesia existe para el cuidado de las almas. La misión principal de la Iglesia es caracterizar todas nuestras acciones, incluyendo nuestra respuesta a los reclamos de abuso sexual, que siempre es un pecado, una ofensa contra la dignidad de la persona humana, y un crimen según el derecho canónico y la ley secular. El cuidado pastoral es nuestra principal prioridad y nuestra primera respuesta a todos aquellos que nos comunican un reclamo de mala conducta sexual.

Jesucristo renueva siempre su Iglesia por la gracia de la conversión, de la humildad y de la caridad. Es en este contexto que la Iglesia debe ocuparse con sinceridad del terrible azote del abuso sexual de menores por algunos sacerdotes, y de su respuesta. El delito del abuso sexual está presente en tantos elementos de nuestra sociedad y, desafortunadamente, ha alcanzado la vida de la Iglesia. Se espera sinceramente que la respuesta mejorada de la Iglesia a la incidencia de abuso sexual, ayudará a otros en nuestra sociedad a tratar este asunto, por el bienestar de nuestros niños. Para el católico, existe la esperanza de que la redención de Cristo pueda traer una sanación verdadera y duradera para aquellos perjudicados por esta falta, una reconciliación al transgresor, y la renovación de los vínculos de la confianza y la comunión entre el pueblo santo de Dios. Esta es mi esperanza cierta. Con la ayuda de las oraciones de la Santísima Virgen María, sé que durante este tiempo de purificación, la Divina Providencia conducirá la Iglesia a una mayor santidad de vida entre todos sus miembros.