Tres décadas de oración
Palabras pronunciadas por Mons. Agustín Román durante la
conmemoración de los 30 años de la dedicación de la Ermita de la
Caridad de Miami, que tuvo lugar en dicho Santuario Nacional
durante la tarde del domingo 21 de diciembre, con una Santa Misa
celebrada por el Arzobispo John Clement Favalora, una cantata
navideña interpretada por el Coro de la Ermita, y un ágape en el
Salón P. Félix Varela.
Al celebrarse treinta años de
la dedicación de la Ermita de la Caridad en Miami, y treinta y
seis del comienzo de la obra en una humilde capillita, como un
testigo del desarrollo de este esfuerzo trataré de contar el
proceso de la historia.
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Mons.
Agustín Román en el Santuario Ermita de la Caridad, durante la
celebración de su jubilación, el año pasado.
Foto: Ana Rodríguez-Soto. |
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Todo comenzó con la llegada de la imagen de la Virgen de la
Caridad en 1961, y con la primera Misa en la celebración de su
fiesta en esta parte de la Iglesia en Miami, y con la presencia
del Arzobispo Coleman F. Carroll. Este acontecimiento mostró el
exilio cubano al Arzobispo y al mundo. Aquellas treinta mil
personas abrieron muchos ojos hasta entonces cerrados. Los que
estaban allí lo habían dejado todo buscando libertad.
La imagen comenzó un recorrido por los campamentos de los niños
que habían sido enviados por sus padres desde Cuba, y confiados a
la entonces diócesis de Miami. Catorce mil niños recibió el
Arzobispo, que puso la obra bajo la dirección de un valiente
sacerdote: Mons. Bryan O’Walsh.
La imagen pasó después a la primera parroquia que los cubanos
fundaron, cuyo párroco fue Mons. Emilio Vallina.
Desde 1961 a 1966, la fiesta se celebró siempre con gran número de
devotos, considerándose entonces como el acto religioso de mayor
participación en la Florida.
En 1966, durante la Eucaristía en el Estadio de Miami, el
Arzobispo Carroll pidió al pueblo cubano devoto de la Virgen, que
construyera un santuario a la Virgen de la Caridad, y ofreció para
ello el terreno donde se encuentra actualmente la Ermita.
Rápidamente, se constituyó el Comité principal y se nombró
presidente del mismo al Sr. Manolo Reyes, quien junto a un grupo
de buenos amigos comenzó a entusiasmar a los devotos, y se
construyó la primera capillita, trayéndose a la misma la imagen de
la Virgen el 8 de septiembre del 1967, y en esa fecha fui nombrado
Director Espiritual de aquello que humildemente comenzaba.
En 1968 se fundó el Comité de Recaudación, nombrándose presidente
al Dr. José Miguel Morales Gómez, y se presentó el proyecto a los
devotos. En ese mismo año, el Arzobispo Carroll fundó la Cofradía
de la Virgen de la Caridad, que debería reavivar en todos la
verdadera devoción a la Madre de Cristo, conocida bajo ese título
por los cubanos durante tres siglos y medio, y traída
recientemente a Miami.
El entusiasmo de la Cofradía –elevada el 31 de mayo del 1998 a
Archicofradía– organizó desde el principio las peregrinaciones de
los 126 municipios de Cuba, comenzando desde Oriente por el Cobre,
y pasando durante todo el año por todas las provincias, hasta
Pinar del Río. La Archicofradía ha sido el gran motor que ha
movido esta obra durante treinta y seis años.
En los años ochenta, con la presencia de nuevos hermanos de otros
lugares, que iban llegando a esta parte de la Florida, comenzaron
las peregrinaciones de los países de la América Latina. Con motivo
de la preparación para celebrar el Quinto Centenario de la
Evangelización de América en 1985, se comenzó a conmemorar en el
mes de octubre, el mes de las Américas, durante el cual los hijos
de cada país peregrinan organizadamente en un día de cada año.
Durante estas tres décadas, el amor a la siempre Virgen María ha
demostrado que los devotos de la Patrona de Cuba –y hoy, de todos
los que tienen que dejar su patria y venir a estas tierras– no
sólo supieron levantar ese monumento hace treinta años, sino
mantenerlo vivo hasta el punto de que a él acuden en peregrinación
medio millón de personas cada año.
Todo esto ha sido posible gracias al verdadero amor de las Hijas
de la Caridad y de los sacerdotes y diáconos, como al de los
miembros de la Archicofradía.
En la dedicación realizada hace tres décadas, el Cardenal Kroll,
Arzobispo de Filadelfia y presidente de la Conferencia Episcopal
de los Obispos de los Estados Unidos, al celebrar la Misa
reconoció el esfuerzo de un grupo de desterrados que habían
llegado sin nada, y que habían sido capaces de testimoniar su amor
a la Virgen de tal manera. Un joven cubano asistía a la
celebración entre la multitud, sin pensar que un día el Señor lo
llamaría al sacerdocio, y que hoy ese sacerdote sería nombrado
Rector de aquel Santuario, hoy Santuario Nacional de la Ermita.
Agradecemos al Señor todos estos años de historia, y el
nombramiento del P. Oscar Castañeda como el servidor de todos en
la pastoral de este templo.
Monseñor Agustín Román
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