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“La Virgen de Coromoto fue embajadora de Cristo. Motivó un acercamiento entre hermanos, dos pueblos divididos, los blancos y los caciques”, explicó el P. Flores en su homilía. “Al igual, hoy, nuestras familias se están dividiendo, porque se están dejando atrás patria y familia. Para transformar la circunstancia social hay que transformar las familias”. María Rivero, que asistió a la misa, conoce muy bien la condición social actual en Venezuela. Vino a Miami de su país natal hace 2 años, porque “no vi posibilidades en Venezuela con este gobierno”, señala Rivero. “Pero toda mi familia esta allá. Todos tenemos el deseo de volver a tener paz en nuestro país, pero se necesita mucha oración, fuerza y voluntad. Con paz, saldremos adelante”.
“Sólo hay que revisar la historia de Venezuela durante estos últimos años y se verán acontecimientos tristes y dolorosos”, expresó el P. Flores. “Ante estos momentos tristes, no podemos perder la esperanza. Hay que rezar mucho por Venezuela, no sólo de manera individual, sino también en Iglesia, en comunidades de fe, en familia. Sólo Dios es más grande que un pueblo unido”. Feligreses de otras nacionalidades asistieron a la misa para apoyar y unirse a los que sufren. Teresita Cutts nació en Cuba, pero vivió 19 años en Venezuela. “Siempre me he sentido solidaria con el pueblo venezolano”, dijo. Varias veces durante la misa, el P. Flores pidió que levantaran la mano los venezolanos. Sólo siete de los asistentes lo eran. “Veo siete venezolanos; es muy simbólico, porque es el número de estrellas en la bandera venezolana”, dijo el sacerdote. “Con los pocos que somos hoy, Cristo puede hacer mucho. Hay que construir ladrillo por ladrillo la ciudad de Dios dentro de la ciudad de los hombres. Tenemos un llamado urgente a ser constructores de la reconciliación. Que seamos conocidos como venezolanos solidarios. Unámonos”.
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