Aprendiendo a
vivir de adentro hacia afuera
Joy Payton empezó el postulantado con las Esclavas del Sagrado
Corazón de Jesús en Miami, Florida, en agosto de 2003. Joy escribe
sobre su nueva andadura, en lo que ella llama “Archivos del
Convento”. A continuación, la primera de sus reflexiones.
Hace casi dos semanas desde que tomé el avión en dirección a Miami
y hacia una nueva vida. Estos doce días han estado llenos de
gracia y de bondad. Quiero recordarlo todo. Quiero fijar todo lo
ocurrido en mi mente; apretarlo como si fueran pétalos de flores y
recogerlo como si fuera maná, para poder saborearlo mientras lo
recuerdo.
Las Esclavas del Sagrado Corazón acaban de terminar sus Días de
Renovación Provincial, días en los que las Hermanas se reúnen,
renuevan sus votos, dialogan sobre sus ministerios y se abastecen
a sí mismas para un año de oración y de servicio. El viernes,
justo para poder unirme a los Días de Renovación, terminé un
retiro estupendo de 4 días de silencio, reflexión y oración.
Ciertamente estaba contenta de poder conversar con Hermanas a las
que en meses no había visto, pero, al mismo tiempo, no quería
terminar mi vacación con el Señor. Mis ejercicios espirituales
habían sido un tiempo sagrado.
Del silencio y de un tiempo intenso con Dios, me metí de lleno en
la vida pública y en un taller de dos días sobre los votos. No es
común que una prepostulante como yo tenga la ocasión de aprender
sobre la teología y la práctica de los votos de castidad, pobreza
y obediencia. Aun siendo una pura “novata” rodeada de profesas, me
sentí aceptada e incluida, lo cual es un testimonio del espíritu
de esta congregación. El sábado por la tarde me sentía muy cansada
y con un fuerte dolor de cabeza; no había dormido la noche
anterior, así que mi cuerpo, además de mi mente, estaba rendido de
cansancio.
Caminé hasta una pequeña oficina donde había analgésicos, y allí
me encontré a la Hna. Asunción, concentrada en su rompecabezas.
Asunción es la mayor de las Hermanas: una joven de 89 años, de lo
más activa y alegre. Hasta ese momento, no había tenido ocasión de
hablar con ella más allá de los saludos acostumbrados, así que
pensé que aquel encuentro sería una buena oportunidad para
conocerla un poco más. En seguida nuestra conversación recayó
sobre nuestra afición común, los rompecabezas. Le expliqué cómo a
mí me gusta empezar por los bordes y moverme hacia el centro. La
Hna. Asunción se horrorizó.
No. No, no lo puedes hacer así, me dijo. Eso te limita, te pone en
una caja. No, tienes que empezar a partir de los elementos más
importantes de la figura. ¿Qué es lo más atractivo? En este
rompecabezas son los pájaros. Me señaló el trío de pájaros que
estaban tomando forma sobre su mesa. Cuando empiezas desde lo más
importante y trabajas hacia fuera no te sientes encerrada, estás
abierta al infinito. Y bromeando, me dijo: ¿Sabes, Joy? Mi manera
es teológicamente más correcta que la tuya. Tuve que reírme.
Más tarde reflexioné sobre sus palabras. Cuando empecé a pensar en
la vida religiosa sólo podía verla desde fuera hacia dentro. Los
bordes de esa vida era lo que más me llamaba la atención: hábito o
no hábito, eso era lo importante para mí. Me hice una idea de la
vida religiosa basada en lo externo, en lo que yo podía oír y ver.
Pero al pasar más tiempo con religiosas y, concretamente, con las
Esclavas, empecé a darme cuenta de que una vida de consagración al
Señor tiene que entenderse y vivirse de dentro hacia fuera. La
pregunta de la Hna. Asunción –¿cuál es la atracción?– se hizo de
lo más significativa. Para mí y para mi congregación, la atracción
última es la donación sin límites de Cristo en la Eucaristía.
Desde ese centro quiero ir añadiendo gradualmente mi comprensión
de la vida religiosa. ¿Tiene ésta bordes que la hacen distinta?
Por supuesto, pero esos parámetros, los votos de castidad, pobreza
y obediencia, no son los fines de la consagración, son más bien
los medios que nos permiten enfocarnos con fijeza en el centro de
atracción: Jesús.
Buscando los deseos de Dios
Al día siguiente de mi conversación con la Hna. Asunción, fui
recibida en el Postulantado de las Esclavas. Esto quiere decir que
pasaré el próximo año preguntando, pidiendo, “postulando”.
Pidiendo a Dios que me revele los deseos que tiene para mi vida.
Preguntando a mi comunidad cómo encuentra al Señor, cómo ora, cómo
trabaja. Pidiendo participar en la vida de las Esclavas. Si al
final del año siento que mi corazón continúa en sintonía con el
carisma de las Esclavas, pediré una cosa más, aprender y crecer
como novicia. La comunidad pedirá también y buscará sabiduría en
el discernimiento de la voluntad de Dios para mí. Serán mis
Hermanas las que me darán una respuesta en nombre de Dios.
Empiezo esta etapa de mi vida llena de esperanza. Después de todo,
estoy entre amigas, entre mujeres atraídas por la misma persona.
Como sucede con cualquier club de diversión, los que no comparten
la misma pasión nos miran con una mezcla de confusión y de
diversión. La mayoría de la gente sólo ve los bordes de esta vida,
pero nosotras estamos intensamente enfocadas en la Atracción
Principal.
mailto:k_joy_payton@yahoo.com
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