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El Obispo Estévez:
un regalo para el sur de la Florida
Queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Cuando hice el anuncio de que Mons. Felipe Estévez había sido
designado obispo auxiliar de Miami, un reportero me preguntó si yo
consideraba esto como un regalo anticipado de Navidad. Le respondí
que el Obispo Estévez era un regalo tardío del verano, pues era
desde entonces que yo esperaba el nombramiento de un nuevo obispo
para reemplazar, al menos, a uno de los tres obispos auxiliares
que habíamos perdido desde diciembre de 2002. El Obispo Gilberto
Fernández se había retirado por motivos de salud en diciembre; el
Obispo Agustín Román se había retirado al cumplir 75 años de edad
en abril, y el Obispo Thomas Wenski había sido nombrado coadjutor
en Orlando en julio.
Pero el Obispo Estévez no es sólo un regalo para mí. A todo lo
largo de su desempeño sacerdotal, ha sido un regalo para todos los
obispos bajo los que ha trabajado, y, desde 1974, para toda la
Iglesia en la Arquidiócesis de Miami.
He aquí a un hombre cuyas primeras palabras, al enterarse de su
nombramiento como obispo, fueron: “Hágase en mí según tu palabra”.
Las mismas palabras que María dijo al arcángel Gabriel en el
momento de la Anunciación, cuando el arcángel le dijo que ella
había sido la escogida por Dios para ser madre del Mesías.
El Obispo Estévez le ha dicho “sí” a Dios muchas veces desde el
mismo comienzo de su vida sacerdotal, cuando su deseo de regresar
a su tierra nativa, Cuba, para ejercer allí su ministerio, no pudo
cumplirse.
Personalmente, soy testigo de otra oportunidad en que el Obispo
Estévez puso a un lado sus propios deseos para someterse a la
voluntad de Dios. En 2001, se le pidió dejar la comunidad de la
que había sido pastor durante 14 años, para convertirse en
director espiritual del seminario mayor.
Esta separación tenía que ser difícil, pues ocurrió menos de un
año después de la consagración de la nueva y permanente iglesia de
St. Agatha. El P. Estévez se había lanzado de todo corazón a la
tarea de edificar esa iglesia. Llegó tan lejos, que incluso tomó
un semestre sabático para aprender más sobre la arquitectura de
las iglesias.
Y lo que es más: se le pedía dejar su parroquia para asumir un
puesto subordinado –director espiritual– en el seminario del que
había sido rector.
Para eso hace falta un gran desprendimiento y una gran fe en Dios
y en su plan divino. Es un signo de que la persona está plenamente
comprometida con la obra de la Iglesia, y no con su propia
voluntad.
En otra oportunidad, y con su anuencia, permití que fuera
considerado para un importante puesto nacional, porque él mismo
dijo: “si puedo ser de utilidad para la Iglesia nacional, estoy
disponible”. Esto no llegó a concretarse, pero dice mucho acerca
de la eclesialidad de nuestro nuevo obispo.
El Obispo Estévez cree, como yo, que un sacerdote es ordenado como
tal para que sirva al pueblo de Dios donde sea necesario, y que el
obispo es quien tiene que definir cuáles son estas necesidades. La
responsabilidad del sacerdote consiste en responder
afirmativamente.
Cuando un sacerdote responde tan afirmativamente como el Obispo
Estévez, alivia con ello la carga del obispo y le facilita su
trabajo con los sacerdotes. En otras palabras, le hace más fácil
el ser obispo.
Para todos nosotros, es una verdadera bendición tener al Obispo
Estévez en el sur de la Florida. Hasta ahora, han sido nuestros
seminaristas y los feligreses de St. Agatha quienes han
experimentado el regalo de su ministerio. Ahora, en nuestra
jurisdicción arquidiocesana, en las confirmaciones parroquiales y
en los eventos de la arquidiócesis, el resto del rebaño católico
tendrá la oportunidad de conocer a este hombre dotado, a este
sacerdote lleno de fe.
La designación del Obispo Estévez ha sido un regalo anticipado de
Navidad no sólo para mí, sino para todos nosotros en el sur de la
Florida.
Es apropiado, por lo tanto, que esta ordenación al episcopado
tenga lugar sólo un día después del 6 de enero, la fiesta de la
Epifanía, cuando conmemoramos la visita de los Magos, con sus
regalos de oro, incienso y mirra, al niño Jesús.
Estoy seguro de que el Obispo Estévez será un regalo para todo el
que se ponga en contacto con él en la arquidiócesis. Que el
testimonio de su vida como sacerdote y como obispo nos ayude a
responder con más fe, y con un “sí” de todo corazón, a la voluntad
de Dios en nuestras vidas. |