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Para garantizar el futuro de las escuelas católicas

Julie Conrey
Fort Lauderdale

Mons. Vincent T. Kelly no posee una bola de cristal para predecir el futuro. Pero es capaz de preverlo en cuanto a la educación católica se refiere.

Durante largo tiempo, Mons. Kelly fue director supervisor de la secundaria St. Thomas Aquinas, de Fort Lauderdale, y director ejecutivo de la Pastoral de Formación Cristiana de la arquidiócesis. En la década de 1980. Mons. Kelly se acercó al Arzobispo Emérito Edward A. McCarthy con una idea: ¿por qué no establecer una fundación para garantizar la educación católica de las futuras generaciones en el sur de la Florida?

Chris Sailsbury, Director Ejecutivo de ACF.

Al arzobispo le gustó la idea, y así nació la Archdiocese Education Foundation (Fundación para la Educación en la Arquidiócesis, o AEF por su sigla en inglés). La institución funciona como una entidad independiente de la Arquidiócesis de Miami, y fue la única fundación hasta 1990, cuando se estableció la Catholic Community Foundation para todos los otros ministerios eclesiales.

“Los fundamentos mismos de la iglesia en la Florida nos llevaron a preguntarnos dónde estaríamos dentro de 25 años. Paralelamente a esto, habíamos visto que las universidades principales procuraban obtener dotaciones de fondos”, dijo Mons. Kelly.

AEF funciona de la manera siguiente:

La mayor parte de las parroquias de la arquidiócesis tiene programas de dotación de fondos para sus escuelas. Los padres, los abuelos y otras personas pueden dotar de fondos, o dar dinero, a las escuelas. Las parroquias envían este dinero a AEF, que, a su vez, invierte todo el dinero que recibe. Un porcentaje se destina a acciones, y el resto a bonos. Cada año, AEF hace una distribución proporcional entre las escuelas, basada en el monto de sus respectivas dotaciones de fondos.

“Las escuelas reciben el cinco por ciento correspondiente a un promedio de tres años, según la cantidad que hay en sus cuentas. La cifra cambia todos los años en la medida en que las parroquias aportan dinero”, dijo el Director Ejecutivo de AEF, Chris Sailsbury.

Mons. Vincent T. Kelly.

AEF cuenta con administración profesional y una junta de directores de siete miembros. A pesar de las dificultades experimentadas durante los tres últimos años por el mercado de acciones estadounidense, sus fondos siguen aumentando.

“El crecimiento promedio de la dotación de fondos durante los últimos ocho años es de entre nueve a 10 por ciento”, explicó Sailsbury. “Hemos sorteado satisfactoriamente los tres años recientes. Hemos logrado un desempeño superior al promedio del mercado”.

En la actualidad, la dotación de fondos totaliza $30 millones. Se incrementa aproximadamente en $1 millón anual, procedente de las parroquias y de las escuelas secundarias de la arquidiócesis.

La dotación de fondos “no es una cuenta bancaria, sino una fundación. Los fondos que se aportan a la fundación, jamás pueden retirarse. Se invierten en beneficio a largo plazo de las escuelas”, dijo Sailsbury. Los fondos de la fundación no son apropiados para cualquier parroquia en cualquier momento, según señala Sailsbury. “Estos fondos funcionan mejor en las parroquias que están más establecidas. Primero, es preciso establecer una base sólida”.

“Una dotación de fondos no es lo mismo que una recaudación de fondos”, explicó Mons. Kelly. “Se logra a partir de donaciones cuantiosas y de asignaciones testamentarias; perpetúa la memoria del donante, al proporcionar recursos para programas específicos. Quien done fondos a una fundación, puede estar seguro de ser recordado después de su muerte”.

Según el Boston College Social Welfare Research Institute (Instituto de Investigaciones del Bienestar Social de Boston College), alrededor de $41 billones serán trasferidos por donaciones testamentarias durante los próximos 50 años, y $6 de esos billones serán destinados a obras de caridad.

“Me gustaría mucho que la Iglesia Católica tuviera una participación en este futuro. Queremos garantizar que la Iglesia Católica sea tenida en cuenta siempre [en este sentido] por la mentalidad de los católicos”, enfatizó Mons. Kelly.

El donante puede especificar con qué propósito se debe emplear su donación. De acuerdo a la ley canónica, a la Iglesia se le exige emplear una donación según los deseos del donante. La donación tiene que servir para apoyar una actividad eclesial válida, y a las parroquias se les exige llevar un registro de cómo emplean todos los fondos que reciben, ya tengan un destino específico o no.

Alrededor del 90 por ciento de los fondos de AEF están destinados a parroquias específicas. El otro 10 por ciento se asigna a discreción, y se emplea para ayudar a las escuelas necesitadas.

“A las escuelas [de los barrios pobres] se les pide que establezcan cuáles son sus necesidades más apremiantes”, explicó Mons. Kelly. “Asignamos fondos a la entidad local para que se empleen en lo que sea necesario”.

“El año pasado, dimos bonos de Navidad a maestros de las escuelas pobres de Broward y Miami-Dade”, dijo Sailsbury. “Ayudamos a determinadas escuelas en sus proyectos de remodelación. Les hemos comprado libros escolares, y les hemos proporcionado becas y materiales gráficos religiosos”.

La escuela St. Francis Xavier, de Overtown, se ha beneficiado de la ayuda provista por AEF.

“Nos ha alcanzado para poder cubrir gastos de operación. No podemos prescindir de nada”, dijo Peggy Weinsier, contable de la escuela.

Cuesta unos $4,000 anuales el educar a un niño en St. Francis Xavier, explicó Weinsier, y la mayoría de las familias sólo puede pagar entre $800 y $1,200. Parte de la diferencia se cubre con la ayuda proporcionada por AEF.

“Desde 1999, la escuela ha recibido $15,000 de AEF. El dinero se destina al fondo de becas. Hemos distribuido de $60,000 a $80,000 anuales en becas desde 1993”, señaló Weinsier. “El año pasado, AEF también nos dio $2,500 para bonos de Navidad para nuestros maestros”.

St. Helen, de Lauderdale Lakes, es otra escuela que siempre enfrenta dificultades financieras, explicó su directora, Antonia Ruiberriz.

“Creemos que es muy importante educar a todos los niños”, dijo. “Muchos de ellos no podrían asistir a St. Helen sin becas”.

La matrícula de St. Helen es de $3,000 por niño. “Dos terceras partes del total de nuestros padres, necesitan algún tipo de ayuda”, señaló Ruiberriz.

AEF, la Fundación Koch, la Fundación Amaturo, la Fundación Gore, la Fundación Bienes y la Fundación Kramer, han dado ayuda financiera para matrículas, además de fondos para la biblioteca y el laboratorio de ciencias de la escuela.

“Estoy manteniendo la escuela en pie. Estamos probando todos los recursos por el bien de los niños y de las finanzas de la escuela”, afirmó la directora.

Según las estadísticas de la Conferencia Católica de la Florida en 2002-2003, el precio promedio de educar a un alumno en una escuela primaria católica de la Arquidiócesis de Miami, es de $3,261 al año. El precio de educar a un estudiante de secundaria, es de $5,383.

¿Contribuyen las dotaciones de fondos a mantener bajos los precios de las matrículas en las escuelas católicas del sur de la Florida?

“Moderadamente”, respondió Mons. Kelly. “Si tuviéramos más dinero, o las donaciones fueran más sustanciosas, tendríamos unos recursos tremendos”.

Sailsbury se ha propuesto para AEF una meta que no consiste tanto en los logros financieros, como en la promoción de la idea de incrementar la dotación de fondos a través de la arquidiócesis.

“Queremos ser de utilidad para cualquier parroquia que desee llevar adelante una fundación. Nuestra tarea es garantizar que nuestras escuelas dispongan de los recursos necesarios para seguir educando a los niños”, señaló.

“Todavía hay muchas personas que no relacionan las dotaciones de fondos con la enseñanza primaria y secundaria, y debemos transformar dicha percepción”, afirmó.

“En el futuro, mientras las exigencias financieras de nuestras escuelas sigan creciendo, las fundaciones serán cada vez más vitales para mantener los éxitos” de la educación católica, concluyó.