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Dar gratis lo que gratis hemos recibido

 

Hermana Ondina Cortés

Que en este siglo XXI dos jóvenes escojan dejarlo todo por seguir a Cristo y vivir para Él y el servicio de la Iglesia y el Reino, puede ser causa de asombro para muchas personas.

Pero Karina Conrad y Lili Tututi han decidido seguir este camino. Ambas novicias, Misioneras Claretianas, harán su profesión de votos el 2 de febrero en la Ermita de la Caridad (6:00 p.m.).

Karina nació y creció en Miami, de padre cubano y madre costarricense. Cuando estudiaba en New World School of the Arts, pensando dedicarse a la música, comenzó a sentir que Dios la llamaba a emprender algo más. Participó en Encuentros Juveniles y luego, al proseguir sus estudios en Florida International University, trabajó en el ministerio universitario conectado a la parroquia St. Agatha. En los años de preparación para el Jubileo, conoció a la comunidad claretiana y sintió que allí estaba su lugar. Después de un tiempo de discernimiento, entró a la congregación en septiembre del año 2000.

Lili nació en Michoacán, México, pero vino a los Estados Unidos con su familia, y todos ellos se establecieron en el área de Los Angeles, en California. Allí se comprometió cada vez más con la Iglesia en la parroquia de San Gabriel, a cargo de los Padres Claretianos, quienes le fueron transmitiendo el carisma de San Antonio María Claret, y despertaron en ella el deseo de entregar su vida al servicio del Evangelio. Tras un proceso de conocer a las Misioneras Claretianas en Miami, entró a la comunidad a comienzos del 2001.

En la frase que Karina y Lili han escogido para sus primeros votos –“dar gratis lo que gratis hemos recibido”–, ambas jóvenes han resumido la razón que las mueve a dar este paso. Ellas han experimentado la gratuidad con que se recibe el amor de Dios, que de tal manera ha desbordado sus vidas, que no pueden sino responder con una entrega total de amor.

El voto de castidad que ellas pronunciarán no pone límites al amor, sino que supone una sobreabundancia de amor que quiere darse sin límites, sobre todo a los más necesitados. La consagración desde los comienzos de la vida religiosa, es una proclamación de que nada ni nadie puede llenar totalmente el corazón humano.

Por la consagración religiosa, Karina y Lili se convierten en testigos del espacio sagrado que todos estamos llamados a crear para Dios en nuestras vidas.

Esta frase también nos habla de una escala de valores distinta –si no contraria– a la de nuestra sociedad, movida por los valores de la ganancia y la búsqueda de un bienestar económico a cualquier precio.

El voto de pobreza que Karina y Lili pronunciarán, nos recuerda que la felicidad consiste en servir y poner a la disposición de los demás lo que tenemos y somos. Solamente cuando los bienes materiales están al servicio de las personas, y no al revés, realizamos el Plan de Dios, que nos ha llamado a vivir en plenitud.

Ellas han descubierto el “verdadero tesoro”, y por eso pueden dejarlo todo con alegría para vivir para Él.

Estas hermanas también harán un voto de obediencia, que las abre a la libertad de quienes buscan, por encima de todo, escuchar la voluntad de Dios a través de sus mediaciones.

En síntesis, esto es lo que supone que dos jóvenes se consagren a Dios con alegría, consagración que es vivida en comunidad y al servicio de la misión. Con su vida y entrega, hacen suyas la misma misión de Jesús: hacer realidad el Reino de Dios.

Invitamos a todos a unirse al gozo de Karina y Lili, de sus familias, de las Misioneras Claretianas y de la Iglesia, porque Dios les permite dar gratis lo que gratis han recibido.

mailto:ondina@claretiansisters.org