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¿Qué es la Obra Pontificia de la Infancia Misionera?

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera está presente en 150 países del mundo con 111 directores nacionales que persiguen en las Iglesias locales los objetivos de formación y animación de la obra.

El primero es el de ayudar a los educadores a despertar la conciencia de los niños sobre el hecho de trabajar para la misión universal. El segundo objetivo es de animar a los niños a desarrollar actividades misioneras. El tercero es de ayudarlos a compartir la propia fe especialmente con los niños de las Iglesias más necesitadas. Por último se busca el promover vocaciones misioneras y seguir el crecimiento de los niños por medio de una formación cristiana y misionera.

Dice el P. Byrne: “Para alcanzar estos objetivos ofrecemos dos servicios: la educación misionera y la cooperación misionera a los niños más pobres de los cinco continentes. Este compromiso implica también a los educadores, las familias, los maestros en una red de actividades de la Iglesia local pero que entra en el más amplio respiro de la evangelización universal”.

Las ofertas de los niños son recogidas y distribuidas cada año por medio de las ayudas ordinarias y extraordinarias gracias a las cuales se ofrece ayuda a 2,500 proyectos de apoyo de la infancia en dificultades.

Algunos de estos proyectos se refieren al sector de la asistencia sanitaria, como son la creación y sostenimiento de dispensarios, clínicas, ambulatorios o la asistencia a pequeños con alguna disminución. Otros están dirigidos a la acogida de pequeños huérfanos o niños abandonados.

“Es bello considerar la Obra Pontificia de la Infancia Misionera como un inmenso coro, formado por niños de todo el mundo que cantan juntos su “heme aquí” a Dios con la oración, con su entusiasmo y con el compromiso concreto. Y esto desde hace ya 160 años en que el Espíritu Santo suscitó la Obra sugiriendo a Mons. Charles De Forbin Janson, Obispo de Nancy, que se dirigió a los niños para pedirles ayuda para los niños de China”.

Con estas palabras, saludó Juan Pablo II el 14 de junio del 2003 a los seis mil niños misioneros venidos de toda Italia para celebrar con el Papa el 160º aniversario de la fundación de la obra que gracias a las pequeñas semillas lanzadas por los niños “se ha convertido ya en un árbol majestuoso”.

Y continúa el Papa: “En el Sur del planeta el grito de millones de niños condenados a morir por hambre, enfermedades relacionadas con la pobreza, se hace más desgarrador e interpela a todos... Queridos niños de la Infancia Misionera, vosotros sois los primeros en responder a este llamamiento.

Vosotros formáis una cadena de solidaridad a través de los cinco continentes y ofrecéis la posibilidad también a los más pobres de dar y a los más ricos de recibir donando. Continuad siendo protagonistas de este intercambio de dones que contribuye a crear un futuro mejor para todos”.

Este es el espíritu del compromiso pastoral de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera que se manifiesta en miles de iniciativas y realizaciones, según dice el P. Patrick Byrne, Secretario general de la OPIM.