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La fidelidad y el compromiso han marcado la vida de Herbert Patterson, que hace 50 años era monaguillo en la parroquia Inmaculada Concepción. Hoy sigue comprometido con su parroquia como miembro de los Caballeros de Colón y de varios grupos de oración; es ujier de su iglesia, y ha vivido en la misma casa desde 1954. Aunque se quiere mudar a Ocala para estar cerca de su familia, dice que no sabe cómo hacerlo. “La parroquia ha crecido y ha cambiado, pero mis raíces están aquí”, dijo. Patterson formó parte de la primera clase graduada del colegio de la Inmaculada en 1960.
La Inmaculada Concepción, localizada en el 4497 W de la 1ª Avenida, en Hialeah, empezó en un edificio provisional, en lo que es hoy el salón parroquial, que se construyó en sólo seis semanas con $12,000. “Me siento orgulloso de lo que esta parroquia ha hecho y continúa haciendo, primero como feligrés y ahora como párroco”, expresó el P. Gustavo Miyares. Fue a esa iglesia que el P. Miyares asistió desde su llegada de Cuba en 1960, y fue nombrado párroco hace 12 años. “Esta parroquia acogió a muchos inmigrantes, incluyéndome a mí y a mi familia”, comentó el P. Miyares, sacerdote desde hace 30 años. “Ya en 1960 se oficiaban misas en español. Ahora siguen llegando más y más hispanos, predominantemente cubanos, pero también de otros países. En un principio, era anglosajona”.
Breve historia
La parroquia fue fundada el 24 de marzo de 1954 por el P. James F. Nelan, cuatro años antes que la Diócesis de Miami. En ese entonces, la población de Hialeah era de cerca de 30,000 personas; hoy en día, la población supera los 226,400 habitantes. La primera misa se celebró en la antigua iglesia el 4 de abril de 1954. La escuela Inmaculada Concepción comenzó dando clases de primer a tercer grado en septiembre de ese año, en la misma iglesia, pero ya en diciembre se mudaron al nuevo colegio. Los primeros maestros y el director fueron laicos, hasta que llegaron las Hermanas de la Merced de Enniskillen, de Irlanda del Norte, en febrero de 1955.
“El único trabajo que tuvo mi papá en Miami fue aquí, limpiando la escuela”, señaló el P. Miyares. “También, mi mamá trabajó en la cafetería, donde se hizo amiga de la mamá de Edward García, el director del colegio hoy en día”. García, el segundo director laico de la escuela, fue nombrado en 1999. “Esta es mi parroquia, y me acuerdo de todos los párrocos, empezando con Mons. Dominic Barry hasta hoy”, expresó García. “El colegio y la parroquia son una familia”, añadió. Actualmente, la escuela tiene 1,020 estudiantes, de Pre-K3 hasta el 8º grado, y 57 miembros de la facultad y el personal. Catorce de los maestros son antiguos alumnos del colegio.
Ser párroco La parroquia, que celebró su cincuentenario con una misa de jubileo el domingo 25 de enero, enfrenta retos en dos campos, según el P. Miyares. “El primero es físico, porque tenemos 40 o 50 años de edificios viejos que tenemos que mantener al día”, explicó el P. Miyares, refiriéndose no sólo a la antigua iglesia y al colegio, sino también a la iglesia actual, que se construyó en 1964. “Y el segundo es el desafío grande, el del proceso de conversión de la gente: cómo atraer a miles de católicos que no vienen a la Iglesia”, señaló.
Aunque hay 3,000 familias inscritas en la parroquia, sólo 3,400 personas van a Misa los domingos. “A medida que el barrio ha ido cambiando, ha ido en aumento el número de personas que necesitan evangelización”, expuso el párroco. “Por esto hacemos énfasis en los retiros. Estamos convencidos de que hay que ofrecer esas oportunidades de conversión, para llenar el vacío que sienten muchas personas y para que vengan aquí a fortalecerse”, afirmó. Además de retiros como Emaús, Impacto y Alianza Matrimonial, la Inmaculada Concepción ejerce más de 40 ministerios. El P. Miyares hace énfasis en el de la vida familiar y matrimonial, al igual que en la oración. Cada día a las 2:45 p.m., invita a todos los que trabajan en la rectoría a pasarse 15 minutos juntos en la capilla rezando. “Lo mejor de ser párroco es formar parte de la vida de una comunidad y poder ejercer una influencia positiva”, señaló el P. Miyares. “Soy testigo del crecimiento de esta comunidad al integrarme en sus vidas y en sus familias. Las personas de esta parroquia dan ejemplo de fidelidad y compromiso”.
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