|
|
|
|
|
|
Sólo hay que esperar y confiar, que el tiempo siempre nos lo confirma: Dios provee. El nuevo obispo auxiliar de Miami, Mons. Felipe de Jesús Estévez, ya está en su oficina del obispado a cargo de los servicios pastorales de esta arquidiócesis multicultural y compleja. Trabajo espinoso le espera, pero audacia no le falta, ni prudencia. Y sabe que para llevar a cabo una obra hermosa lo ha llamado Dios, obra que requiere amor y entrega total. Porque ésa es su inspiración y su vocación fue que eligió el lema, tomado del Evangelio de San Juan, “Los amó hasta el extremo”. El obispo cubano está contento; antes de que me lo dijera lo vi en su sonrisa cuando entré a su oficina.
Dos semanas antes de ser ordenado obispo, usted fue a San Agustín para hacer un retiro de 10 días en preparación a su nuevo cargo. Consigo llevó la Carta Apostólica de Juan Pablo II “Pastores Gregis”, sobre el obispo como servidor de Jesucristo y dador de esperanza. ¿Cómo dar esperanza a un pueblo plagado de conflictos, de amenazas terroristas, de descreimiento y violencia, de inmigrantes heridos y discriminados, a una Iglesia que a veces se percibe dividida? La esperanza la da Jesús, su buena nueva del Evangelio. El perdón es buena nueva y el estar llamados a la reconciliación es buena nueva, el cuidado de los pobres es buena nueva y en esa buena nueva radica la esperanza de la humanidad: en seguir el mensaje de Cristo. En el fondo, es llegar a tener eso que el Papa llama “la espiritualidad de la comunión”. Que entre nosotros exista más aquello que los paganos veían en los primeros cristianos: unidad, colaboración, entendimiento, comunión.
¿Por qué eligió ir a San Agustín? Por el significado histórico de esa ciudad. Fue un deseo de vincularme con los grandes evangelizadores de la Florida y, de forma particular, con el P. Félix Varela. Me gusta mucho, por ejemplo, caminar por la Plaza de la Evangelización, en la casa de retiro Juan Pablo II. El P. Llorente, S.J., ha querido nombrar a todos los mártires de la Florida en este pequeño monumento. Nombres casi totalmente desconocidos por la mayoría de los fieles, que ignoran esta historia heroica. Como lo ha demostrado el escritor cubano Raymundo Lebroc, esta diócesis de Terra Florida fue dependiente de Cuba desde 1520; ya había sido visitada por un obispo de Cuba en los 1580, y se dice que las primeras confirmaciones en el territorio estadounidense fueron realizadas allí por el Obispo Cabezas Altamirano en 1609. También el Obispo Pedro Morell de Santa Cruz vivió un año entero exiliado en San Agustín, en los 1760. Son tantos los contactos; por ejemplo, la misma Virgen de la Leche con la Diócesis de Matanzas, pero basta con eso.
Aquí se desconoce esa historia, sin duda heroica, de los primeros evangelizadores de Cuba en la Florida, y en Cuba apenas se conoce la extraordinaria obra del P. Félix Varela en los Estados Unidos. El primer estudio que se hace sobre este aspecto importantísimo de la vida del presbítero cubano, fue su tesis doctoral, “El servicio del Padre Varela a la Iglesia en los Estados Unidos”. Sí, es muy común que en la literatura cubana no vean al Varela que vivió aquí e hizo tanto; es como una ceguera que hay ante esto. Tienen muy poco interés en este período de su vida y, si lo mencionan, es de pasada. Es sin duda una negligencia en los estudios varelianos la contribución del P. Varela a la Iglesia en los Estados Unidos. Fue el primero que nos enseñó a vivir como inmigrantes.
¿De qué forma nos enseñó Varela a vivir como inmigrantes? Para mí, personalmente, su vida de entrega a los recién llegados en Nueva York es un ejemplo a seguir, pero además su identificación con el hondo sufrimiento del exiliado, con su desarraigo. Eso hay que vivirlo para saber lo que es. Monseñor Boza-Masvidal lo dijo muy bien en su artículo “El P. Varela: Un ejemplo”. Boza señala que, a pesar de estar lejos de su patria, el amor del Padre Varela por Cuba no disminuyó. Pero, a la vez, no fue un inadaptado criticón ni un marginado de la sociedad en la que vivía. Boza hace una importante distinción entre la asimilación y la integración cultural. Varela, siendo inmigrante, llegó a ser el padre de los irlandeses, causando inclusive recelo entre sus compatriotas, lo que muestra que fue un ejemplo de integración. Varela mostró que el corazón humano puede ser muy inclusivo de razas y culturas, porque, de hecho, la persona humana es reflejo del corazón del Creador y Padre de todos.
Usted fue a Cuba en 1987 para participar en el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC). ¿Por qué decide ir, sabiendo que le esperaba la crítica de ciertos sectores de la Iglesia en la diáspora? Fui como rector del Seminario Regional de Boynton Beach. Los Obispos fundadores del Seminario querían que el Seminario no sólo fuera de la Florida, o sea Provincial, sino que tuviera una proyección regional, no sólo hacia el norte sino también hacia el Caribe. Mantenía frecuentes contactos con las dos diócesis de Georgia, las de Puerto Rico y Santo Domingo. Por mi parte, invitaba a líderes de la Iglesia en Cuba a conferencias, retiros y visitas. Y nuestra facultad y seminaristas se enriquecieron mucho. Consciente de que el Encuentro Eclesial tenía una importante repercusión, acepté la invitación, ya que el intercambio que favorecíamos debía ser mutuo para ser genuino.
¿Cómo fue su experiencia allá? Fue muy grato tener la compañía de Mons. Octavio Cisneros, que en aquel entonces presidía el Centro Hispano del Nordeste de Nueva York, y de la señorita Araceli Cantero, directora entonces del periódico católico La Voz, de la Arquidiócesis de Miami. Me llamó la atención que toda la planificación inmediata del evento la realizaban con una total provisionalidad. Ni los dirigentes estaban seguros de si podrían reunirse al día siguiente. Y me sorprendió la calidad organizativa, disciplina y ordenada participación que tenían. Aun hasta este día no he conocido una asamblea de esta índole mejor llevada que la del ENEC. No esperaba vivir una comunión tan profunda con los participantes en tan poco tiempo. Y la presencia del legado pontificio, Mons. Eduardo Pironeo, fue muy fructuosa. Uno percibía que sus pasos e iniciativas eran precursores de una posible visita del Papa a Cuba. Y de hecho fue así.
En una conversación previa me mencionó la necesidad de profundizar la pastoral, ¿de qué manera? Los agentes de pastoral necesitamos lograr una mayor colaboración. Si nuestra comunión fuera mayor y nuestra comunicación más efectiva, la evangelización iría mejor. Gracias a un retiro o a una vivencia espiritual, por ejemplo, muchas personas se han comprometido con la obra pastoral de la Iglesia, pero no todo radica en un retiro o en una conferencia. Comprobamos que cada vez se hace más importante que se conozcan a fondo las dimensiones de la obra de Jesucristo, cuál es la misión de la Iglesia. Necesitamos una formación trinitaria, crecer en cristología, eclesiología, doctrina social de la Iglesia. La educación permanente de los agentes pastorales es imprescindible; eso significa una vida de estudio más coherente y sistemática.
La Iglesia Católica en Miami está compuesta en su mayoría por hispanos. La continua llegada de inmigrantes católicos de América Latina se ve, mejor que en ninguna otra parte, en las parroquias. ¿Qué nuevas medidas podemos tomar para responder a las necesidades de esta creciente población hispana? La arquidiócesis ha nombrado a más de seis párrocos hispanos en Broward en años recientes. El último fue el puertorriqueño Aníbal Morales, en la iglesia All Saints. Hay que celebrar este hecho, impensable hace unos años. Para la evangelización de la inmensa cantidad de hispanos que llegan, debemos tener mucha audacia e ingenio. La caridad es ingeniosa, lo dice San Pablo en algún momento; tenemos que ser muy creativos con todos nuestros recursos. Un ejemplo es este periódico, el hecho de que La Voz Católica vaya insertado en El Nuevo Herald, el diario de mayor circulación en el sur de la Florida, es prueba de que se puede evangelizar con los medios que tenemos.
Su Excelencia, hay mucha alegría y esperanza por su nombramiento, sobre todo entre los católicos cubanos. ¿Sigue los pasos del P. Varela? Varela era pastor de inmigrantes y vicario general en Nueva York. Ahora me ha tocado ser eso mismo a mí en Miami. Fíjate, no había pensado en eso.
Ante una responsabilidad tan grande, ¿qué siente? La Eucaristía es la síntesis de todo, y mi sueño es que todo lo que hagamos tenga a la Eucaristía como su inspiración y como meta la alabanza trinitaria. La vida viene de ella y el descanso va a ella, nuestra vida como ofrenda final eucarística: Por Él, con Él y en Él, a ti Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria. Amén.
|