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Ser pro-vida significa cuidar de todo ser creado, incluyendo al bebé en las entrañas maternas

 Declaración de los Obispos de la Florida en el 31er. aniversario del caso Roe contra Wade

Al entrar en esta cuarta década del aborto legalizado, nos vemos llamados a hablar, una vez más, contra este ataque a la vida que reclama a dos víctimas: el niño inocente y la inocencia de la mujer. Seguimos proclamando la doctrina de la Iglesia, la cual afirma que despojar voluntariamente de la vida a un ser humano inocente, es una acción gravemente inmoral. También expresamos nuestra preocupación por las mujeres y los hombres que sufren en silencio a causa del aborto. La Iglesia ofrece esperanza, sanación y perdón mediante programas como el Proyecto Raquel.

Ser pro-vida significa cuidar de todo ser creado, incluyendo al bebé en las entrañas maternas y a la madre del bebé. La Iglesia sigue ofreciendo ayuda a cualquier mujer que necesite asistencia médica y apoyo físico o emocional, tanto para sí misma como para esa criatura única que va a entrar en el mundo como un nuevo ser viviente. Si una mujer siente que no está preparada para la maternidad, hay muchas parejas casadas que se sentirían dichosas de recibir a un nuevo miembro en sus familias mediante la adopción, lo que representa un sacrificio muy especial de vida y amor. Alabamos la labor de los incontables voluntarios y del personal que trabaja en los centros de atención a las crisis de embarazo, en las agencias de Caridades Católicas, en otras agencias pro-vida y en programas parroquiales, y que dan su apoyo a nuestros hermanos y hermanas, siguiendo el mandamiento de “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

A pesar de la inmediata impugnación legal, nos sentimos alentados por la prohibición legal del nefando procedimiento conocido como aborto por nacimiento parcial. Gracias al compromiso de los legisladores y el presidente Bush, las voces a favor de la vida prevalecieron, y se ha abierto el camino para derogar el aborto.

Nuestro mundo se ha visto privado del amor y del enriquecimiento que le hubieran aportado a la humanidad los cerca de 45 millones de bebés que han sido asesinados mediante el aborto desde 1973.

Nos sentimos particularmente preocupados y alarmados en nuestro estado, donde la tasa de abortos ha seguido aumentando, hasta llegar ahora a más de 90,000 al año. Al haber sido derogada por la Corte Suprema de la Florida la ley sobre la notificación a los padres, las jóvenes podrán seguir optando unilateralmente por el aborto sin recurrir a la experiencia y el consejo de sus padres. Por otra parte, esto hace de la Florida un sitio ideal para quienes deseen recurrir al aborto sin tener que someterse a leyes vigentes en otros estados, donde se exige que la madre cuente con sus padres.

Alabamos a nuestro gobernador, y a esos valerosos legisladores que han sido firmes y consecuentes al defender la condición sagrada de la vida. Debemos continuar luchando por quienes nos han sido confiados por Dios mediante el milagro de la vida. No descansaremos de nuestros esfuerzos hasta que nuestra nación y nuestra cultura respeten a todos los miembros de la raza humana, nacidos y por nacer.

22 de enero de 2004
Arquidiócesis de Miami