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El obispo escoge
sus símbolos
Explicación del Escudo de Armas del Obispo Auxiliar de Miami,
Felipe de Jesús Estevez
Jesucristo es la fuente y el propósito del ministerio episcopal,
el cual participa en su desinteresado amor por la Iglesia (Ef
5:25). El Hijo eterno es enviado por el Padre invisible para
revelarnos que nos ama hasta el fin (in finem dilexit eos, Jn
13:1).
En este escudo de armas, dos manos bajan del cielo en verticalidad
majestuosa, para expresar la gratuidad de esta misión por el
Padre, el hecho central de la revelación cristiana. Estas manos
también expresan lo que es más familiar en nuestros gestos de
comunicación. La imagen hace eco de la oración, “Cuando nosotros
estábamos perdidos y éramos incapaces de volver a ti, nos amaste
hasta el extremo; Jesús … se entregó a sí mismo en nuestras manos”
(Misa de Reconciliación I).
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Monseñor Felipe de Jesús Estévez, Obispo de Miami. |
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La Palabra se hizo carne (Jn 1:14). Las manos expresan la
absolutamente humilde condescendencia de su amor divino: “se
despojó a sí mismo… asumiendo semejanza humana,…haciéndose
obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2:7-8). Las
llagas en las manos de Jesús expresan su muerte por nuestra
salvación. Estas llagas son refugio de salvación para todos los
pecadores, un lugar de abundante misericordia para todos. Al
contemplar este misterio, Ignacio de Loyola exclamó: “escóndeme en
tus llagas”. Las llagas de Jesús son gloriosas porque ellas
también participan en la resurrección del Señor de la gloria. Al
mostrar sus llagas, el Señor resucitado invita al apóstol
incrédulo: “acerca aquí tu dedo y mira mis manos… no seas
incrédulo, sino creyente” (Jn 20: 27).
En sus manos El sostiene los regalos terrenales del trigo y la vid
en honor del Creador del cielo y la tierra. La imagen también
afirma la bondad de los frutos de la tierra y la labor de quienes
la trabajan. La inspiración para esto proviene de un antiguo
documento llamado la Didaqué (o “Enseñanza de los Apóstoles”),
capítulo 10: “Tú creaste todas las cosas por gloria de tu nombre y
diste a los hombres el placer del alimento y la bebida para que te
agradezcan. Pero a nosotros nos diste una comida y una bebida
espiritual, y una vida eterna a través de tu siervo”. Por lo tanto,
la Eucaristía es vista como el banquete del sacrificio. “En este
don, Jesucristo entregaba a la Iglesia la actualización perenne
del misterio pascual… éste está como incluido, anticipado, y
‘concentrado’ para siempre en el don eucarístico” (Juan Pablo II,
Ecclesia de Eucharistia, 5).
La paloma representa la eficaz actividad del Espíritu Santo en el
trabajo de nuestra santificación. Como lo indica San Efrén el
Sirio, “El llamó pan a su cuerpo vivo, y lo llenó de sí mismo y
con su Espíritu” (Homilía 4 para Semana Santa). El Espíritu es la
fuente verdadera de renovación y transformación del mundo.
El color azul claro que sirve como fondo, honra a María, la Madre
del Señor, cuyo fiat (“Hágase en mí según tu palabra”, Lc 1:38)
hizo posible la encarnación del Hijo, y cuya presencia orante y
única en el misterio pascual nos permite llamarle la mujer
eucarística.
La cruz es una réplica de la Gran Cruz que se levanta sobre la
Misión Nombre de Dios, en St. Augustine, como un recordatorio de
los humildes comienzos del cristianismo en estas tierras.
La Gran Cruz de acero inoxidable y 208 pies de altura, en las
marismas de Matanzas (St. Augustine), se levanta como un centinela
sobre la Misión, y como un faro de fe para todo el que pase por
aquellos lugares. Fue erigida bajo la dirección del Arzobispo
Joseph P. Hurley, entonces Obispo de la Diócesis de St. Augustine.
Fue dedicada durante el Congreso Eucarístico diocesano de 1966 por
Su Excelencia Casimiro Morcillo, Arzobispo de Madrid. Al igual que
la iglesia Prince of Peace, la Gran Cruz celebra el 400º
aniversario de la fundación de la Misión Nombre de Dios. Hace 400
años, en 1565, Pedro Menéndez de Avilés puso una pequeña cruz de
madera en el suelo de la Florida, y fundó la Misión de Nombre de
Dios. El humilde comienzo del cristianismo en esta nueva tierra
dio lugar a la creación de numerosas misiones en toda la Florida
y, eventualmente, a la fe que celebramos en todo nuestro país. La
Gran Cruz es un tributo a dicho crecimiento. Sirve para recordarle
a todo visitante el sacrifio extremo de nuestro Salvador en la
Cruz, así como el papel desempeñado por la religión católica en la
historia de la Florida y de nuestra nación.
La Gran Cruz se hunde en la tierra, y cuenta con un relleno de
concreto hasta tres cuartos de su altura, que la refuerza contra
cualquier huracán. Durante la noche, es iluminada por reflectores
ubicados en el suelo. Su base está formada por losas de granito
gris. Algunas de estas losas ostentan los nombres de personas a
quienes sus familiares o amigos han querido rendir homenaje,
grabando allí sus nombres. Para obtener información sobre esta
forma de recordatorio, diríjase a la oficina de la Misión:
904-824-3045
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