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La superpoblación es un mito, afirma especialista

Julie Conrey
The Florida Catholic

El exceso de población es un mito, y las medidas actualmente en curso para limitar la reproducción humana –muchas de ellas costeadas por los contribuyentes norteamericanos sin saberlo– han conducido a masivos abusos contra los derechos humanos y comprometido la salud de mujeres y niños, dijo Steven Mosher, orador principal de la 12ª. cena anual Mary for Life (María por la Vida), realizada en la iglesia St. Malachy en la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Steven Mosher

Mosher, que es presidente del Population Research Institute (Instituto de Investigaciones sobre la Población) y católico converso, pasó un año en China y un total de 10 años en Asia a partir de 1979, cuando se restablecieron las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y la República Popular China. Fue uno de los científicos sociales de la Universidad Stanford escogidos para estudiar la vida en China 30 años antes del comienzo del gobierno comunista.

“El pueblo chino local, mis vecinos, se convirtieron en mis amigos”, dijo Mosher. “Y cuando fuimos estableciendo una confianza mutua, comenzaron a compartir conmigo relatos horrorosos sobre sus vidas bajo el dominio del partido comunista”.

“Hubo mujeres que estaban en los trabajos del parto, y eran llevadas a la clínica local, donde mataban a la criatura cuando nacía”, relató Mosher.

Graduado de la Universidad Stanford y ateo, Mosher no veía nada malo en el aborto a comienzos de los años 80. “Pensaba que era sólo un procedimiento, simplemente una opción de la mujer”.

Los colegas de Mosher en la Universidad Stanford se sintieron incómodos cuando aquél comenzó a hablar sobre el aborto, y uno por uno fueron renunciando a formar parte de su comité de disertación. Mosher empezó a darse cuenta de que cada día tenía menos en común con las personas a las que había admirado, y junto a las que había estado trabajando. El P. Paul Marx, OSB, se enteró del trabajo emprendido por Mosher, y lo invitó a hablar en una conferencia.

Mosher aceptó.

“Salí de aquella experiencia contagiado de amor por los niños no nacidos, decididamente pro-vida, convencido de que la vida es sagrada desde la concepción hasta la muerte natural, y de que quitar una vida humana en cualquier momento de dicho proceso es una gran maldad”, afirma.

Según Mosher, el mundo no se encamina hacia el estallido de una “bomba poblacional”. La población mundial alcanzará un tope entre 2030 y 2040 (de 7,000 millones a 8,000 millones de personas, de acuerdo a la Agencia del Censo de los Estados Unidos), y a partir de allí comenzará a disminuir.

Todos los países europeos presentan una tasa descendente de reemplazo poblacional. La población de más de la mitad de los países europeos, se está muriendo. En esos países hay cada año más necesidad de ataúdes que de cunas”, señala. “Por primera vez en los últimos 600 años, la población europea se ha mantenido en absoluta disminución durante tres años consecutivos. La última vez que disminuyó, fue en el año 1345, durante la epidemia de la Muerte Negra, cuando un tercio de la población de Europa murió a causa de la peste bubónica.

En respuesta a alarmantes pronósticos de superpoblación mundial, los Estados Unidos crearon programas de control poblacional en la década de 1960, y siguen costeándolos.

“Hemos llevado el aborto, la anticoncepción y la esterilización a todo el mundo”, afirma Mosher.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNPF, por su sigla en inglés), una organización fundada por los Estados Unidos en 1968 para ayudar a controlar el crecimiento de la población, ha sido apoyado por este país desde su creación. Estos fondos fueron suprimidos durante las administraciones de Reagan y Bush gracias al testimonio, ofrecido por Mosher al Congreso, de que el UNPF contribuyó a los programas chinos de esterilización y aborto obligatorios. El ex presidente Bill Clinton restableció los fondos para el UNPF. La actual administración Bush cortó dichos fondos el año pasado.

“Tenemos que convencer a la mayor parte de la sociedad de que los bebés son bendiciones”, señala Mosher. “El mundo dice que son cargas. Tenemos que convencer a la mayoría de la sociedad de que no hay ningún problema de superpoblación. Hay espacio para todos nosotros”.