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Dos nuevas claretianas hacen sus votos
Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
Aquellos que conocen la espiritualidad de San Antonio María
Claret dicen que “el amor de Cristo nos urge”. El lunes 2 de
febrero, en la Ermita de la Caridad, el amor de Cristo urgió a
la Hna. Karina Conrad y la Hna. Lili Tututi para hacer la
primera profesión de votos de las Religiosas de María Inmaculada
Misioneras Claretianas.
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Las nuevas hermanas se regocijan en el día de su primera
profesión de votos junto con sus familias. De izquierda a
derecha: Zenon y Blanca Conrad, padres de la Hna.
Karina Conrad. La Hna. Lili Tututi con su madre, Elia Guzmán, y
su hermana,
Dalila Tututi.
Fotos: Angelique Ruhí-López |
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“Es un sueño que he tenido desde hace cinco años”, expresó la
Hna. Karina, de 24 años, que entró en la congregación en
septiembre del año 2000, después de un período de discernimiento.
“Investigué a muchas congregaciones, pero cuando encontré a las
claretianas, encontré un hogar, una familia”.
Las Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas fueron
fundadas en 1855 en Santiago de Cuba por San Antonio María
Claret y la Venerable María Antonia París, quien decía que “la
caridad nos hace una sola familia con un solo corazón”.
Las Misioneras Claretianas se encuentran en 20 países y se
dedican a la evangelización de todos los pueblos, como diría
Claret, buscando responder a “lo más urgente, oportuno y eficaz”.
Llamadas a juntar la acción con la contemplación, su actividad
misionera brota de un encuentro diario con el Señor a través de
la oración. Esta misión se apoya en la vida de comunidad.
“Desde pequeña, sentí atracción hacia la vida religiosa”, indicó
la Hna. Lili, que nació en Michoacán, México, y cuenta hoy 37
años de edad. Su experiencia inicial del compromiso con la
Iglesia consistió en servir con los jóvenes en la misión de San
Gabriel, en Los Ángeles, California, a cargo de los padres
Claretianos, quienes comparten el carisma de San Antonio María
Claret.
Allí conoció al padre claretiano José Sánchez, quien viajó desde
California para concelebrar la misa de profesión de votos. Según
el P. Sánchez, la Hna. Lili recibió el apodo de La Cruz,
porque los muchachos de la parroquia se habían dado cuenta de
que ella seguía al padre constantemente, para recordarle de
todas las cosas que quedaban por hacer en la parroquia.
“En ese nombre hay una gran verdad”, explicó el P. Sánchez al
referirise a la Hna. Lili en su homilía. “Ya estaba viviendo el
ser llamada a evangelizar”.
La Hna. Lili visitó en junio de 2000 a la congregación
claretiana del sur de la Florida, la única en los Estados Unidos,
y le atrajo esta vida de oración comunitaria y personal, unida a
la misión de evangelización.
“Me siento feliz de que hayan encontrado su vocación y se hayan
entregado a Dios. Dios quiere que todos seamos felices, y ellas
han encontrado su felicidad”, señaló la Hna. Claudia Ortega,
directora espiritual de los Encuentros Juveniles, que reside con
las nuevas hermanas en la casa de formación.
La casa de formación de las claretianas, en Kendall, ha sido el
hogar de las nuevas hermanas desde que entraron en la
congregación.
“La vida comunitaria es increíble”, indicó la Hna. Karina, que
nació y creció en Miami, de padre cubano y madre costarricense.
“Todas somos de distintos países y culturas, pero la verdad es
que nos amamos. ¡Cómo se necesita eso en este mundo! Si en esta
casita lo podemos lograr, esto es un signo para el mundo. Al
principio no es fácil. Uno extraña la familia, pero es un
crecimiento, y el Señor te ayuda”.
“Vivir en comunidad se puede lograr con el amor y la fraternidad”,
dijo la Hna. Lili. “Todas las familias tienen sus roces, y se
arreglan con el diálogo y el amor. Tenemos una amistad entre
nosotros. Es más que una congregación: es un sentir de familia”.
A finales de febrero, sus vidas comunitarias cambiarán. Estas
dos hermanas, que han forjado una amistad al compartir tres años
de formación, se verán separadas cuando las asignen a sus nuevos
apostolados. La Hna. Karina irá a la parroquia de Holy Name
(Santo Nombre), en Palm Beach, para ayudar en lo que sea
necesario. Como la Hna. Karina estudió música, le gustaría
ayudar en la liturgia o trabajando con los jóvenes.
“Me siento triste, pero también feliz, porque estoy siguiendo al
Señor a través de algo nuevo”, explicó la Hna. Karina. “Me doy
cuenta de que cada día, hay que renovar los votos. No nacimos
pobres, ni castas, ni obedientes; pero Dios nos ayuda a serlo.
Así encontramos la libertad y la plenitud”.
La Hna. Lili irá a la diócesis de San Agustín para trabajar con
inmigrantes en las parroquias, visitando a las familias y dando
clases de catecismo.
“Entras en una confianza y abandono totales, como estar en la
palma de Sus manos”, expresó la Hna. Lili. “Claro que cuesta.
Hay que abrazar la voluntad de las superioras. Pero hay que
verlo desde el punto de vista del amor”, precisó. “Hay que creer,
tener confianza y saber que la voluntad de Dios esta detrás.
Estoy contenta de realizar mi misión”.
Las hermanas Karina y Lili escogieron la frase “dar gratis lo
que gratis hemos recibido”, como lema de sus primeros votos.
“Tenemos que dar gracias por los padres de Karina y Lili, porque
ofrecieron sus hijas a Dios”, comentó el P. Sánchez. “Seguro que
se sienten como se sintió María al presentar a Jesús en el
templo: un poco insegura, pero también confiando en Dios”.
Ambas Hermanas explicaron que, al principio, a sus padres les
fue difícil aceptar su vocación. Pero Elia Guzmán –madre de la
Hna. Lili– de Los Ángeles, y Blanca Conrad –madre de la Hna.
Karina–, de Naples, Florida, afirmaron sentirse muy felices por
sus hijas.
“Es una dicha muy grande”, dijo la señora Guzmán. “Me siento
feliz y le doy gracias a Dios”.
Y, ¿qué consejos tienen estas nuevas Hermanas para quienes se
sientan llamados a la vida religiosa, pero tengan temor?
“No tengan miedo”, señaló la Hna. Lili. “Confíen en que Dios
está con aquellos que lo buscan”.
Y la Hna. Karina, como si expresara la clave de toda auténtica
vocación, añadió: “sigue a tu corazón”.
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