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Debemos dar en la medida en que Dios nos ha dado
Queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Mi abuela no tenía idea de lo que dice el libro del Deuteronomio. Pero
lo vivía.
Era pobre, pero compartía lo que tenía con los demás. Y eso es
lo que el libro del Deuteronomio, en el Viejo Testamento, nos
pide hacer.
El libro, escrito por el pueblo hebreo de los antiguos tiempos, le dice
a ese pueblo que haga una sola recogida cuando realice la
cosecha anual de sus campos. No lo tomen todo de la viña, les
dice el Señor. Dejen lo que quede “para los extraños, los
huérfanos y las viudas”. (Deut. 24: 19-21.)
¿Por qué? Porque “es el Señor, tu Dios, quien te da la fuerza para crear
la riqueza…” (Deut. 8: 18). Porque fue la fuerza de Dios quien
te trajo a “una tierra buena… tierra donde no comerás el pan
tasado y donde no carecerás de nada”. (Deut. 8: 7-9.)
El mensaje es claro, y tan aplicable a nosotros en la actualidad como lo
era a los antiguos israelitas: todo lo que tenemos viene de Dios.
En la misma medida en que Dios nos alimenta y cuida de nosotros,
debemos nosotros alimentar a los menos afortunados y cuidar de
ellos.
Tristemente, es difícil para muchos de nosotros, viviendo en las
modernas ciudades de la nación más rica y poderosa de la tierra,
recordar lo que significa depender de la providencia de Dios. La
mayoría de nosotros es ajena al proceso de cultivar y cosechar
los alimentos. Nuestra subsistencia no depende de los caprichos
de la naturaleza, de si lloverá o no, o de si la escarcha matará
los sembrados.
Pero Dios, no obstante, nos provee. Y Él nos advierte:
“Guárdate de olvidar al Señor, tu Dios… no sea que, cuando comas y
quedes harto, cuando construyas hermosas casas y vivas en ellas,
cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas
plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes, tu
corazón se engría y olvides al Señor, tu Dios…” (Deut. 8:
11-14.)
¿Vamos hoy por ese camino? ¿Seguimos el precepto divino de que “cada
cual ofrecerá el don de su mano, según las bendiciones que el
Señor, su Dios, le haya otorgado”? (Deut. 16:17.)
Les pido que consideren esto devotamente al tomar parte en nuestra
campaña anual de recaudación de fondos, ABCD (ArchBishop’s
Charities and Development) 2004.
La meta, este año, es de $10 millones, pero tal como señaló un informe
aparecido recientemente en
The Florida Catholic, necesitamos
realmente $12 millones para dotar de los fondos apropiados todos
los ministerios y las obras de caridad que practica la
arquidiócesis.
Tal como muestran los gráficos que acompañan el informe, y tal como yo
he declarado muchas veces en el pasado, estos fondos se destinan
únicamente a los propósitos descritos cada año en el folleto de
la campaña.
El dinero recaudado por ABCD se destina a ayudar a los necesitados de
nuestra comunidad. Esos fondos ayudan a la Iglesia a ofrecer
servicios a personas jóvenes, parejas casadas, mujeres y niños
sin hogar, y a personas que viven con el virus HIV o que padecen
de sida. ABCD ayuda a costear la publicación de este periódico y
permite que Radio Peace/Paz/ Ke Poze se mantenga en el aire.
No podemos hacer ninguna de estas cosas sin las generosas contribuciones
de ustedes cada año. En nombre de aquellos a quienes ustedes han
ayudado, les doy las gracias por sus donaciones.
Pero les pido que lleguen aún más lejos este año. Consideren si “la
medida de la ofrenda voluntaria que hagan estará en proporción
con las bendiciones que el Señor, su Dios, les ha otorgado”.
(Deut.16: 10.)
Somos casi un millón de católicos en el sur de la Florida. El año pasado,
sólo 27,123 familias contribuyeron con ABCD. Todos no podemos
dar la misma cantidad, pero todos podemos dar algo.
Imaginen cuánto podríamos hacer por los menos afortunados de entre
nosotros, si cada uno diera “en la medida” de lo que el Señor
nos ha dado. |