ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS
 VOZ DEL ARZOBISPO
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 HABLA EL PAPA
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 TEOLOGIA
 REFLEX. BIBLICAS
 ENLACES

 

Regulaciones sobre el ayuno y la abstinencia en la Arquidiócesis de Miami

Hace más de 1,900 años, muchos cristianos celebraban una Cuaresma que duraba 40 horas. Las 40 horas anteriores a la liturgia de Pascua eran un tiempo de ayuno estricto en preparación de esta gran celebración. En los siglos transcurridos desde entonces, la Cuaresma se ha extendido a 40 días. Las reglas sobre el ayuno han cambiado, y se han añadido otros muchos ejercicios espirituales. Cada siglo le ha dado a la Cuaresma su propio carácter. Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha preservado dos días de ayuno para la Cuaresma y, en los Estados Unidos, la Iglesia ha mantenido todos los viernes de la Cuaresma como días de abstinencia. Al celebrar la Cuaresma en la Arquidiócesis de Miami, se observarán las siguientes prácticas:

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son ambos días de abstinencia de carne para todas las personas de 14 años de edad o más. También son días de ayuno (una comida completa, dos comidas regulares que no equivalgan a la comida completa, y nada entre comidas) para todas las personas de 21 a 59 años de edad.

Los viernes de la Cuaresma son todos días de abstinencia de carne para todas las personas de 14 años de edad o más.

Precepto de Pascua La Iglesia hablaba con frecuencia en el pasado del precepto de Pascua de cada uno de sus miembros bautizados. En esencia, lo que esto significa es que todo católico debe recibir la sagrada Comunión una vez, y confesarse si ha cometido algún pecado serio durante el período que va desde el Miércoles de Ceniza hasta el  Domingo de la Santísima Trinidad. Esta regulación fue establecida por la Iglesia en una época en que la gente sentía temor de recibir la sagrada Comunión debido a su excesiva piedad. De hecho, pocas personas acudían a la Comunión. Considerando la experiencia de nuestra Iglesia de hoy, ¿no deberíamos decir que la Comunión es un “gozo” antes que un “precepto”. ¿Por qué no experimentar la amorosa gracia de Dios en el sacramento de la reconciliación, y no convertir en un gozo pascual cada ocasión en que se visita la casa de Dios, recibiéndolo a Él en la sagrada Comunión?