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Compartir la verdad era la pasión
de Mons. Salvador Riverón

Juan José Rodríguez
Especial / La Voz Católica

Podría definir a Mons. Salvador Riverón como un hombre obsesionado por la verdad. Toda su vida fue un incesante compromiso activo y militante de llegar a la verdad y compartirla con los demás. Su capacidad de pensamiento y, sobre todo, su capacidad de expresarlo, no tenían paralelo.

Mons. Salvador Riverón durante su exposición en el Simposio sobre la familia cubana, celebrado en La Habana, del 29 al 31 de enero. Murió el 22 de febrero. Laura María Fernández

A nadie he conocido capaz de organizar sus ideas y hacerlas llegar a otros como lo hacía Mons. Riverón. Como profesor de filosofía, aunque eficaz en muchas áreas, su verdadera especialización era en ontología, posiblemente el área más difícil de esta árida disciplina, y en ella era un devoto seguidor de Santo Tomás de Aquino.

Cuando, en enero, estuvo aquí para la consagración de Mons. Felipe J. Estévez, me llamó; entre otras cosas, me dijo que, dadas sus otras muchas responsabilidades como obispo, como profesor del seminario sólo se había quedado con esta materia, su verdadera pasión. También me habló de su ponencia en el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos, celebrado en la Arquidiócesis de Camagüey del 13 al 16 de noviembre de 2003 y publicada en el número de diciembre de Palabra Nueva. Creo que en cierto modo esta ponencia, titulada precisamente “La Cuestión de la Verdad”, podría quedar como su testamento intelectual.

Tiene una introducción y 9 consideraciones: “El desinterés por el tema de la verdad”; “Las consecuencias de tal desinterés por la verdad”; “La actualidad de la cuestión de la verdad”; “Las raíces históricas del relativismo, la indiferencia y la desconfianza ante la verdad”; “La especial dificultad para tratar este asunto actualmente”; “Las objeciones contra la posibilidad de alcanzar la verdad”; “La relación entre verdad, libertad y fe cristiana”; “Las concepciones erróneas de la verdad”; “La concepción correcta de la verdad y los caminos para alcanzarla”.

No puedo dejar de mencionar in extenso un párrafo de esta ponencia, sobre una cuestión que muchas veces discutí con él y con la que no siempre estaba de acuerdo, pero que cada vez más me acercó a su posición: “Si la libertad se transforma en un absoluto, si no está referida y subordinada a la verdad, desaparece como libertad y se convierte en arbitrariedad absoluta (...) es el imperio de la fuerza (...) Esa necesidad de la verdad en relación con la conducta humana la quiso poner de relieve el Papa Juan Pablo II con [su encíclica] la Veritatis Splendor, El esplendor de la verdad”.

Junto con esta adhesión a la búsqueda de la verdad, Mons. Riverón se caracterizaba también por su inalterable rectitud en el obrar.