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Que ‘La Pasión’
nos inspire a profundizar nuestra fe
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Todavía no he visto la película La
Pasión del Cristo, de Mel Gibson. Fui invitado a una
proyección especial, pero me fue imposible asistir.
Vi las informaciones durante los
primeros días. Mostraban a hombres y mujeres, a jóvenes adultos
y a adolescentes que lloraban, incapaces de hablar, a la salida
de los cines. Esto me recordó a hombres que he conocido, y que
al pasar un Cursillo han sollozado inconteniblemente al
encontrarse, cara a cara, con la realidad del amor que Dios
siente por ellos.
Para muchos cristianos, según parece,
The Passion of the Christ es más que una película. Es una
experiencia religiosa. Algunos la han descrito como las
Estaciones de la Cruz llevadas al cine.
Otros se han quejado de las escenas
aparentemente interminables de flagelación y sufrimiento, y de
las perturbadoras imágenes de un Cristo brutalmente
ensangrentado.
A lo largo de los siglos, también los
grandes artistas han representado gráficamente la agonía, los
sufrimientos y la muerte de Cristo.
Los católicos rezan las Estaciones de
la Cruz para recordar los sufrimientos y la muerte que el Hijo
de Dios soportó por nosotros y por nuestros pecados, para que
nos convenciéramos de cuán grande es el amor que Dios nos tiene.
Contemplar una intensa representación
del sufrimiento de Cristo, nos ayuda a enfrentarnos a la
realidad del amor de Dios en toda su hondura y amplitud. Nos
ayuda a sentir la esperanza de que, cualesquiera que sean el
dolor y el sufrimiento que podamos experimentar en algún momento
de nuestras vidas, Dios nos comprende, porque también Él, en la
persona de Jesús, sufrió horriblemente.
Según parece, ésta fue la intención de
Mel Gibson al filmar La Pasión del Cristo, y esto es,
precisamente, lo que dicha película ha hecho en favor de muchas
personas. Gracias al moderno recurso del cine, las imágenes de
Gibson han llegado a los corazones de millones de seres humanos.
Permítanme considerar la preocupación
de que este filme pudiera favorecer el antisemitismo. La Iglesia
Católica nunca debe ser parte de actitudes o de comportamientos
antisemitas, ni ningún seguidor de Cristo puede serlo. Los
documentos del Concilio Vaticano y de los obispos de los Estados
Unidos han señalado que la causa de la muerte de Jesús es el
pecado: nuestros pecados y los pecados de todo el mundo.
Decididamente, le aconsejaría a
cualquiera que viese esta película que tuviera muy en cuenta
este contexto teológico. La muerte de Jesús fue para unir a la
familia de Dios, nunca para dividirla.
Se ha dicho que Gibson ha expresado su
esperanza de que quienes vean su filme se animen a “leer el
libro”. Naturalmente, “el libro” es la palabra viviente de Dios,
y su fin no es sólo ser leído, sino convertirse en parte de
nosotros. Su fin es cambiar nuestras vidas.
Rezo en esta Semana Santa para que
La Pasión del Cristo estimule a los creyentes a renovar y
refrescar su fe, a ahondar profundamente en los Evangelios y en
sus propias vidas, y a admitir que sus propios pecados prolongan
la flagelación y la crucifixión de Cristo en el mundo de hoy.
Que mediante esta película y nuestra
continua reflexión de Semana Santa, nuestros ojos se abran para
ver al Cristo crucificado en el sufrimiento de los pobres, los
hambrientos, los enfermos, los solitarios, los cautivos y las
víctimas de la guerra, el hambre y la represión política.
Que en esta Semana Santa todos nos
sintamos impulsados a cambiar nuestras vidas; a perdonar más y a
condenar menos; a estar más dispuestos amar a los demás como
Dios nos ha amado a nosotros: incondicionalmente y hasta la
muerte. |