Cristo negro de Guatemala continúa atrayendo a
miles de peregrinos
Carlos López-Barillas
CNS
En un valle cerca de las fronteras entre Guatemala, El Salvador
y Honduras, el Cristo Negro de la Basílica Santo Cristo atrae a
miles de personas todos los años.
Peregrinos de todos los estilos de vida visitan la basílica para
venerar esta imagen, que ganó notoriedad después que un obispo
guatemalteco se curó allí de una enfermedad crónica durante una
peregrinación, en 1737.
Después de estar de pie rezando frente a la imagen, que está
dentro de una caja de cristal, los peregrinos caminan
tradicionalmente hacia atrás, sin darle la espalda, y cantan
Adiós Cristo.
Después de las misas, la basílica zumba de actividad.
“Mucha gente trae cosas para ser bendecidas: rosarios, reliquias,
bebés, hasta automóviles”, dijo el Hno. Matías Roberto antes de
proceder a bendecir una camioneta.
Alrededor de 1590, los colonizadores de Quetzaltepeque, pequeña
villa situada a una milla de Esquipulas, pidieron una imagen
“para la veneración del misterio de la salvación a través de
Jesucristo”. Tan firmes fueron los habitantes de Quetzaltepeque
que, durante años, cada residente de la villa dedicaba
semanalmente varias horas a trabajar en un campo de algodón
donado con el propósito de costear la imagen.
El 9 de marzo de 1595, el artista y escultor Quirio Cataño, de
Antigua, Guatemala, presentó al alcalde de Quetzaltepeque la
imagen, de tres pies de alto, tallada en madera balsa. Unos años
después, la imagen fue trasladada a la ciudad de Esquípulas.
Aunque no existe evidencia de por qué Cataño escogió una madera
oscura para la imagen, el consenso es que el artista tenía la
intención de establecer un sentido de identidad con los
residentes indígenas.
Siglos de contacto con las manos de los peregrinos y con el humo
de velas e incienso, han cambiado el color marrón original de la
madera hasta el negro de hoy.
La catedral de Esquípulas fue proclamada basílica en 1961 por el
Papa Juan XXIII. En 1996, durante una visita para celebrar el
aniversario 400º de la basílica, el papa Juan Pablo II la
proclamó el “centro espiritual de América Central”.
En la ciudad de Esquipulas comenzó el proceso de paz
guatemalteco.
En 1986 el presidente guatemalteco Vinicio Cerezo invitó a los
presidentes José Napoleón Duarte de El Salvador, Daniel Ortega
de Nicaragua y José Azcona Hoyos de Honduras, a unírsele en la
basílica en una oración por la paz. Esta acción dio comienzo al
proceso de paz guatemalteco, que en 1996 puso fin a un conflicto
armado de 36 años.
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