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El P. Willie García-Tuñón, un joven jesuita enamorado de su vocación

 Su bisabuelo y su abuelo se graduaron en Belén de La Habana, y su padre, en Belén de Miami

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
Fotos: Angelique Ruhí-López

 Hace dos años, una mujer decidió parar en la parroquia Good Shepherd en camino a una clínica, en donde pensaba someterse a un aborto porque a la bebé que llevaba dentro le habían diagnosticado el síndrome de Down. Habló durante una hora con un sacerdote recién ordenado y se fue sin haber expresado su decisión final. Al cabo de varios meses, la mujer regresó a la iglesia y le mostró al sacerdote la foto de su hija, a la que había decidido no abortar después de haber hablado con él: la niña había nacido sin el síndrome de Down. El sacerdote era el Padre jesuita Guillermo “Willie” García-Tuñón.

El P. Guillermo “Willie” García-Tuñón, junto con estudiantes del noveno grado. De izq. a der.: Andrés Rovira, Juan Mora y Carlos Jordán; al fondo se exponen fotos de antiguos profesores y alumnos del Colegio de Belén durante sus 150 años de existencia.

“Esto es lo que significa ser sacerdote”, señaló el Padre de 34 años de edad, que celebra misas los domingos en la parroquia de Good Shepherd. “Los demás ejercen un impacto muy profundo en mi vocación”.

El P. Willie nació en Miami de padres cubanos en 1970; es el mayor de seis hermanos y tres hermanas. Sus padres se conocieron en España, después de haber salido de Cuba en 1960. Ya casados, se mudaron a Miami en 1969, y Willie nació el año siguiente. Asistió al colegio St. Timothy hasta el octavo grado, y en el noveno entró en el Colegio de Belén, donde se graduó en 1987.

“Mis cuatro años en Belén quizás fueron los más formativos, los más impresionantes”, señaló el joven sacerdote. “Me sentí en mi casa desde el momento en que entré. Mis mejores amigos los conocí aquí. Es donde crecí espiritualmente y descubrí mi vocación”.

Josefina Chirino, directora del departamento de teología, y el padre jesuita Pedro Cartaya, reflexionan sobre el Belén de ayer.

Aunque ya sentía un llamado al sacerdocio, decidió hacer su educación superior en Miami-Dade College y su licenciatura en historia en la Universidad Internacional de la Florida (FIU). Después entró en la Compañía de Jesús, nombre de la congregación de los jesuitas, de la provincia Antillense. De allí lo enviaron al Instituto Santo Inacio, en Brasil, donde cursó una licenciatura en teología. En Brasil, vivió y trabajó por dos meses con una tribu de indios en la Amazonia. Entre los estudiantes de Belén, son muchos los que conocen una anécdota del P. Willie en Brasil, donde tuvo que bañarse en un río mientras los miembros de la tribu se paraban alrededor de él y hacían saltar el agua para que las numerosas pirañas no lo atacaran.

Al regresar a los Estados Unidos, hizo dos maestrías: una en filosofía y la otra en educación, ambas en la Universidad Fordham, de Nueva York. Actualmente, el P. García-Tuñón está terminando un doctorado en educación en FIU. Según él, la educación y su vocación al sacerdocio han definido su vida.

Durante la misa para celebrar el 150º aniversario de Belén, antiguos alumnos llevaron estandartes representativos de los cursos en que se graduaron. Desde delante hacia atrás: Carlos Bravo (1986), Rubén Marrero (1985) y José Roca (1984), quienes ahora son profesores y directores de varios equipos del colegio.

“Ser cura siempre fue una posibilidad para mí”, indicó. “Estaba en el séptimo grado cuando lo pensé por primera vez. Pero estando en Belén conocí a jesuitas como el P. San Pedro, el P. Izquierdo, y el P. Eduardo Álvarez y empecé a moverme en esa dirección”.

Sus varios viajes a la República Dominicana para trabajar con los pobres también han influido en su vocación.

“Sentí a Cristo hablarme muy profundamente allí,” expresó el P. Willie, que ahora lleva a estudiantes a los campos de la Republica Dominicana tres veces al año para construir puentes, capillas y escuelas.

Y, ¿por qué los jesuitas?

“Supe que quería trabajar en un ambiente escolar”, dijo el Padre, que ha estado enseñando en Belén desde que fue ordenado hace tres años. “Aunque los jesuitas son una orden misionera, muchos trabajan en escuelas. Me di cuenta de que la educación es el mejor instrumento del trabajo misionero y después de un tiempo, me enamoré de la espiritualidad ignaciana”.

Tanto se enamoró de la vida de San Ignacio de Loyola, que ahora, además de ser director espiritual, enseña un curso de espiritualidad ignaciana para los estudiantes del 12º grado. También enseña la clase de doctrina social de la Iglesia para los del 11º grado.

“Me encantó poder regresar a Belén”, explicó. “Eso quiere decir que soy de aquí porque es como regresar a casa. Entiendo el colegio mejor, y comprendo a los estudiantes mejor”.

El P. Willie pertenece a la cuarta generación de su familia que se gradúa en Belén. Su bisabuelo se graduó en 1894 y su abuelo en 1940, ambos en La Habana, y su padre en 1966, en Miami.

“Puedes hablar con alguien que se graduó en 1949 como mi abuelo, o hablar con alguien como yo, que se graduó en 1987 y tendrán las mismas historias. Es la mística de Belén”, comentó.

El sacerdote explicó por qué, según él, Belén ha podido llegar a celebrar sus 150 años.

“Este evento es enorme”, expuso. “Hemos tenido 150 años de educación sin interrupción. Hemos sobrevivido una guerra de independencia, una revolución, el exilio, y seguimos aquí. Esto comprueba la presencia del Espíritu Santo entre nosotros. Estamos aquí para servir a Dios y a la Iglesia. Por eso seguimos aquí después de tantos años”.

 

aruhilopez@miamiarch.org