|
“El
informe sobre abusos sexuales del clero es un servicio a la
Iglesia”, afirma George Weigel
Zenit
Washington
El informe sobre los abusos sexuales cometidos por miembros del
clero estadounidense es un servicio a la Iglesia, reconoce en
esta entrevista George Weigel, teólogo laico y profesor del
Ethics and Public Policy Center, de Washington.
Una comisión independiente (la National Review Board for the
Protection of Children & Young People, o Comité Nacional de
Revisión –encabezado por Robert S. Bennett, ex procurador
federal de Justicia) recibió el encargo de la Conferencia
Episcopal de elaborar un informe sobre la crisis en la Iglesia
Católica en los Estados Unidos. El estudio investigativo
realizado por John Jay College of Criminal Justice,
titulado The Nature and Scope of the Problem of Sexual Abuse
of Minors by Catholic Priests and Deacons in the United States
(“La naturaleza y el alcance del problema del abuso sexual de
menores cometido por sacerdotes y diáconos católicos de los
Estados Unidos”), se entregó a los prelados después de 20 meses
de trabajo.
“Sin embargo –agrega
el informe–, dada la naturaleza del problema de los abusos de
clérigos a menores, la realidad de la cultura actual y la
atmósfera exclusivamente masculina de los seminarios, se hace
necesario un mayor esfuerzo de investigación previo para
persuadir y apartar del seminario y del ministerio a hombres con
tendencia homosexual”.
George Weigel, autor de la biografía de Juan Pablo II Testigo
de esperanza, auténtico éxito mundial, publicó hace menos de
dos años, en plena crisis por el tema de los abusos, El
coraje de ser católico: Crisis, reforma y futuro de la Iglesia
(The Courage to Be Catholic: Crisis, Reform, and the Future
of the Church, Basic Books).
¿Por qué considera que el informe es un servicio a la Iglesia?
Por varias razones. En primer lugar, porque se enmarca en un
contexto de genuina sensibilidad católica y eclesial. El informe
aclara que la Iglesia es conducida por los obispos por voluntad
de Cristo; que el sacerdote es mucho más que un simple
funcionario eclesiástico; que el celibato es un gran don para la
Iglesia; que la doctrina católica no es y no ha sido el problema,
sino el fracaso al enseñar y vivir las verdades de fe; y que lo
que se necesita en la Iglesia es una reforma auténticamente
católica –no transformarla en lo que no es.
El informe enmarca también las dos dimensiones del problema –esto
es, la mala conducta sexual y el inadecuado gobierno episcopal–
y sugiere que ambos aspectos de la crisis son reflejo de una
crisis más profunda de fidelidad y de espiritualidad.
En tercer lugar, el informe, más que pedir la “repartición de
poderes”, hace un llamamiento a una guía más enérgica por parte
de los obispos, que comprenda más una fraterna confrontación y
una corrección dentro del cuerpo de los obispos, reconociendo
así que los “supervisores” –significado original de la palabra
griega episkops u obispo –deben ser sus propios “supervisores”.
Cuarto: el informe reconoce la predominancia del carácter
homosexual en los abusos sexuales del clero contra menores
durante los últimos 50 años, sin utilizar términos clínicos que
puedan ser evasivos –como “efebofilia”– y en una forma sobria,
que no puede ser razonablemente interpretada como un “chivo
expiatorio”.
Quinto: el informe describe sinceramente el masivo fracaso de
los seminarios de finales de los años sesenta y de los años
setenta, subrayando los fracasos en la formación espiritual y
ascética, y estableciendo, por lo tanto, las bases para acelerar
la reforma de los seminarios que está en marcha desde hace algún
tiempo.
Sexto: el informe critica las muchas ocasiones en que categorías
psiquiátricas y psicológicas desacreditan categorías teológicas
y posibles procesos canónicos en la forma en que se ha tratado a
los que han cometido abusos sexuales.
Séptimo: el informe sugiere delicadamente que la “tolerancia
cero” es una política demasiado tosca como para ser un
instrumento de genuina justicia.
Octavo: el informe alerta contra las usurpaciones de la Primera
Enmienda en el ámbito del gobierno interno de la Iglesia, que
pueden ocurrir cuando fracasa la guía episcopal.
¿Qué muestra el informe respecto al modo en que los laicos han
desempeñado las responsabilidades que les habían encomendado los
obispos?
El informe demuestra que los laicos pueden asumir tareas de gran
complejidad y delicadeza en el ámbito de la Iglesia y llevarlas
adelante de forma que, por sus legítimas críticas a la jerarquía,
de hecho reafirma la estructura ordenada por origen divino en la
Iglesia y llama al episcopado a un ejercicio más enérgico de su
legítima autoridad.
¿Merece el informe atención seria por parte de Roma?
Hay recomendaciones particulares en el informe con las que es
completamente posible estar en desacuerdo, y yo lo estoy.
Pero pienso que es muy importante que en Roma se entienda este
informe por lo que es: a) una contribución muy útil en sí misma;
b) un desafío implícito a aquellos cuya idea de reforma católica
es transformar la Iglesia en otra denominación liberal
protestante.
Es mucho más importante en esta etapa concentrarse sobre muchas,
muchísimas cosas que el Comité Nacional de Revisión ha acogido
de forma correcta, antes que centrarse en esta o aquella
recomendación, que puede o no resultar imprudente o inoportuna,
o de hecho inaplicable.
Y no ha sido sólo el informe en sí lo que ha despertado interés;
ha sido el modo en que los miembros del observatorio han llevado
adelante la rueda de prensa. Anne Burke, la presidenta del
Comité, comenzó con un homenaje a los obispos y a los sacerdotes.
A Robert Bennett le dirigió en cambio una pregunta muy cruda un
periodista de la CBS, quien preguntó por qué, si el Comité era
tan duro sobre la gestión de algunos obispos, no pedía su
renuncia. A tal cuestión, Bennett respondió diciendo que eso no
correspondía a los observadores ni a los laicos, sino al juicio
de los propios obispos y de la Santa Sede.
¿Cuál es el próximo paso en este proceso?
Espero que a todos aquellos a quienes importa una auténtica
reforma católica en la Iglesia lean el informe y reflexionen
sobre él seriamente. A los obispos de los Estados Unidos se les
ha dado un análisis del problema –y un llamamiento al liderazgo—que
merecería una consideración muy cuidadosa.
|