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Palabras de Mons.
Agustín Román
en su aniversario
En este día de
aniversario quiero dar gracias al Señor porque si bien nací solo
al episcopado, llegué acompañado de un hermano, John Nevins,
compañero ejemplar. Somos mellizos.
Agradezco hoy en
la persona del Arzobispo lo que debo a la Arquidiócesis de Miami
en estos últimos 38 años. Agradezco al Arzobispo Carroll, quien
recibió a mi pueblo y a éste cuando llegó desterrado, al
Arzobispo McCarthy quien me ordenó obispo y ha sido un ejemplo
en la evangelización. Agradezco al querido Arzobispo Favalora
quien además de ser un pastor ejemplar ha sido un amigo.
Recuerdo con
gratitud la compañía de los Obispos Dorsey, Fernández, y Wenski
y hoy del Obispo Estévez, quien es para mí un hijo espiritual.
Hermanos y
hermanas, he sido muy feliz durante estos 45 años de sacerdocio
y 25 de obispo. He podido subir al altar cada día y celebra la
Eucaristía uniendo mi pobre corazón al Sagrado Corazón de Jesús
y ofreciendo el gozo y la esperanza, la angustia y la tristeza
de todos los seres humanos por la salvación del mundo.
El 5 de julio de
1959, al ser ordenado sacerdote pedí al Señor por medio de su
Santísima Madre responder generosamente al sagrado llamado que
había recibido.
Hace hoy 25 años,
en este 24 de marzo al ser ordenado obispo con el Obispo Nevins,
pedí al Señor que me hiciera un auténtico evangelizador. Escogí
como ideal la frase de San Pablo en I Cor 9,16 “Ay de mí si no
evangelizara”. Al examinarme hoy, veo que he tratado de
cumplirlo pero con mis grandes limitaciones descubro que estoy
muy lejos de vivirlo como el Evangelio nos pide.
Hoy en este
aniversario, quiero presentarme ante el Señor con todos ustedes
hermanos y hermanas en la fe como la luna, símbolo de la Iglesia
y de la luz que Cristo, sol de justicia, nos proyecta
iluminándonos y dándonos calor que hará crecer la palma como en
mi patria, símbolo del hombre justo, fruto del trabajo
evangelizador.
He orado cada día
por la paz del mundo y de Cuba pero la verdadera paz, la que se
funda en la verdad, justicia,
amor y libertad. He orado sin verla pero con la esperanza de que
aparecerá porque para el Príncipe de la Paz todo es posible.
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