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Reflexiones Católicas sobre la Biblia
4 de abril de
2004,
Domingo de Ramos
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22:14-23, 56*
*Para ver la lectura completa use su Biblia o el misalito
dominical.
Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con sus apóstoles. Les
dijo: “En verdad, he deseado muchísimo comer esta Pascua con
ustedes antes de padecer; porque, les aseguro, ya no la volveré
a celebrar hasta que sea la nueva y perfecta Pascua en el Reino
de Dios”…

…Era el día de la Preparación de la Pascua y ya estaba por
comenzar el día Sábado. Entonces las mujeres que habían venido
de Galilea con Jesús siguieron a José para conocer el sepulcro y
ver cómo ponían su cuerpo. Después volvieron a sus casas a
preparar pomadas y perfumes, y el Sábado cumplieron con el
reposo ordenado por la Ley.
*Ver Juan 13:1
Comentario breve:
Todos los evangelios narran la pasión y muerte de Cristo. El
Leccionario de la Iglesia, que tiene tres ciclos, usa cada año
en el Domingo de Ramos la narración de la Pasión según San
Mateo, Marcos o Lucas. La Pasión según San Juan se lee cada año
el Viernes Santo. Este año tenemos a Lucas, quien comienza su
relato con la llegada de “la hora”. Esta hora se refiere a la
hora de la muerte de Jesús y al cumplimiento de su misión
salvadora. Lucas nos relata que Jesús desea muchísimo comer la
Pascua* con sus amigos antes de padecer. Esta no es la primera
vez que el grupo celebra la Pascua, pero esta vez Jesús sabe que
el clímax de su misión se acerca. Esta cena dramatiza su entrega
total como el nuevo cordero pascual que viene a establecer la
nueva alianza. El final del relato destaca que las mujeres de
Galilea seguían todavía a Jesús fielmente (ver 8:13; Hechos
1:14).
*La Pascua celebra la liberación de los judíos de la esclavitud
en Egipto. De la misma manera que ellos pasaron de la esclavitud
a la libertad, Jesús pasará de la muerte a la vida.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
En el evangelio lucano, Jesús muestra una gran preferencia por
los pobres, los marginados y los menospreciados (especialmente
las mujeres).
-
Dios sigue ofreciendo misericordia y perdón aún ante el rechazo.
-
En este evangelio, Jesús aparece más vulnerable, totalmente
identificado con los débiles y los que sufren, hasta finalmente
ser traicionado por un amigo.
Para la reflexión:
-
La lectura de la Pasión puede ser una experiencia poderosa si
nos abrimos a ella. Sigue a Jesús en su dolor. Trata de
identificarte con algún personaje de este relato y compártelo
con tu grupo. ¿Qué papel juega en este drama de amor?
-
El Domingo de Ramos el populacho proclama que Jesús es Rey.
Unos días después, la misma gente grita que lo crucifiquen. Sin
embargo, Jesús concluye su misión perdonando a todos los que le
han herido. ¡Qué gran ejemplo! ¿Cómo estoy llamado a crecer en
este aspecto?
11 de abril de
2004,
Domingo de Pascua
El Señor ha resucitado. ¡Aleluya!
Evangelio según San Juan 20:1-9
El primer día de la semana muy temprano, cuando todavía estaba
oscuro, María Magdalena fue a visitar el sepulcro. Vio que la
piedra de entrada estaba removida. Fue corriendo en busca de
Simón Pedro y del otro discípulo, el amigo de Jesús, y les dijo:
“Han sacado al Señor de la tumba y no sabemos dónde lo han
puesto”. Pedro y el otro discípulo partieron al sepulcro.
Corrían los dos juntos. Pero el otro discípulo corría más que
Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó y vio los lienzos
en el suelo, pero no entró. Después llegó Pedro.
Entró a la sepultura y vio los lienzos en el suelo. El sudario
que había cubierto el rostro de Jesús no estaba junto con las
vendas, sino aparte y doblado. El otro discípulo que había
llegado primero, entró a su vez, vio y creyó. Aún no habían
comprendido la Escritura, según la cual Jesús debía resucitar de
entre los muertos.
Comentario breve:
En la Vigilia Pascual escuchamos las historias lucanas sobre los
eventos que siguieron a la resurrección. En este domingo de
Pascua leemos un relato único y fascinante: la reacción de los
tres primeros discípulos que encuentran la tumba vacía. La
primera es María Magdalena quien, lógicamente supone que alguien
se ha robado el cuerpo de Jesús. Al comunicárselo a Pedro y a
Juan, éstos se lanzan en una carrera hacia la tumba vacía. Nos
dice San Juan que “el amigo de Jesús, el discípulo amado” es el
primero en llegar, seguido por Pedro. El Evangelio de Juan fue
escrito para la comunidad Joánica, la cual tenía una gran
preferencia por “el discípulo amado”. Esta escena señala que es
él el primero en llegar, no por ser más joven, sino por haber
sido el más amado por Jesús. La historia nos narra tres
reacciones diferentes: María Magdalena queda confundida, Pedro
perplejo ante las vendas y el sudario. Sin embargo, Juan
responde con fe: “Entró… vio y creyó”. Esta manera de mirar con
los ojos de la fe es un signo de aquellos que aman y se saben
amados.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
No existen pruebas científicas de la resurrección. La fe es un
don de Dios que nosotros aceptamos o rechazamos libremente.
-
La resurrección es el principio de la Cristología. Sin ella,
todo lo que se diga de Jesús no tiene sentido.
-
Los cristianos creemos que si vivimos y morimos con Cristo y en
Cristo, viviremos con Dios eternamente.
Para la reflexión:
-
Si hubieras descubierto la tumba vacía, ¿habrías actuado como
María, como Pedro, o como Juan? Explica.
-
El Papa Juan Pablo II ha hablado de la cultura de la muerte y
de la cultura de la vida. ¿Cómo estás tratando de llevar la
nueva vida de Cristo a las situaciones de “muerte” que
encuentras cada día?
18 de abril de
2004,
2do domingo de Pascua [Ciclo C]
Evangelio según San Juan 20:19-31
La tarde de aquel día, el primero de la semana, los discípulos
estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús se hizo
presente allí, de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz sea
con ustedes”. Después de saludarlos así, les mostró las manos y
el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor.
El les volvió a decir: “La paz esté con ustedes. Así como el
Padre me envió a mí, así Yo los envío a ustedes”. Dicho esto,
sopló sobre ellos: “Reciban el Espíritu Santo, a quienes ustedes
perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus
pecados, queden atados”. Uno de los Doce no estaba cuando vino
Jesús. Era Tomás, llamado el Gemelo. Los otros discípulos le
dijeron después: “Vimos al Señor”. Contestó: “No creeré sino
cuando vea la marca de los clavos en sus manos, meta mis dedos
en el lugar de los clavos y palpe la herida del costado”. Ocho
días después, los discípulos estaban de nuevo reunidos dentro y
Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas
cerradas, y se puso de pie en medio de ellos. Les dijo: “La paz
sea con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Ven acá, mira mis
manos; extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante no seas
incrédulo, sino hombre de fe”. Tomás exclamó: “Tú eres mi Señor
y mi Dios”. Jesús le dijo: “Tú crees porque has visto. Felices
los que creen sin haber visto”. Muchas otras cosas milagrosas
hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas
en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús
es el Cristo, el Hijo de Dios, y que por esta fe tengan la vida
que él solo puede comunicar.

Comentario breve:
El Evangelio del domingo pasado nos narró la historia de las
diferentes reacciones de los tres primeros discípulos que
encontraron la tumba vacía. Hoy, el evangelista presenta un
nuevo personaje: Tomás. Tomás, quien no había estado presente la
primera vez que Jesús se aparece a los discípulos, se niega a
creer a menos que pueda tocar las llagas en las manos y en el
costado de Cristo. Esta petición es algo tonta; una vez que
vemos y tocamos, no es necesaria la fe, y dudar sería imposible.
Sin embargo, con esta historia el evangelista nos demuestra que,
aún entre los primeros seguidores de Jesús había dudas y miedos.
Jesús es paciente con Tomás y le permite tocar sus heridas, lo
cual hace que Tomás diga la famosa frase: “¡Señor mío y Dios mío!”
Jesús usa este incidente para darnos la novena bienaventuranza:
“Felices (benditos) los que creen sin haber visto”.
Esta lectura también nos recuerda que hemos sido enviados por
Jesús a continuar su misión. Juan Pablo II ha dicho que
solamente a través de una nueva evangelización podremos
transformar la cultura de muerte en una cultura de vida.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
La resurrección no elimina la cruz. Es sólo porque Cristo llevó
su pasión hacia la gloria de la resurrección, que el fracaso y
la muerte pueden ser transformados en amor y nueva vida.
-
¡El don que el Cristo resucitado nos ofrece es la PAZ!
-
La figura de Tomás es un arquetipo de nuestras dudas y luchas
hasta llegar a la fe verdadera.
Para la reflexión:
-
¿De qué modo me parezco a Tomás? Explica.
-
¿Estoy propagando la buena nueva de Cristo? ¿Cómo lo hago?
¿Soy una “buena noticia” para los que me conocen? Da ejemplos
concretos.
25 de abril de
2004,
3er domingo de Pascua [Ciclo C]
Lectura del Evangelio según San Juan 21:1-19
En aquel tiempo, Jesús se hizo presente a sus discípulos en la
orilla del lago de Tiberíades. Sucedió así: Estaban reunidos
Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael de Caná de Galilea, los
hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo:
“Voy a pescar”. Le contestaron: “Nosotros vamos también contigo”.
Partieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron
nada. Al amanecer, Jesús se presentó en la orilla. Pero los
discípulos no podían saber que era él. Jesús les dijo:
“Muchachos, ¿tienen algo de comer?” Le contestaron: “Nada”.
Entonces Jesús les dijo: “Echen la red a la derecha y
encontrarán pesca”. Echaron la red y se les hicieron pocas las
fuerzas para recoger la red, tan grande era la cantidad de peces.
El discípulo amigo de Jesús dijo a Simón Pedro: “Es el Señor”.
Cuando Pedro oyó esto de “Es el Señor”, se puso la ropa (se la
había sacado para pescar) y se echó al agua. Los otros
discípulos llegaron a la barca, arrastrando la red llena de
peces; estaban como a cien metros de la orilla. Cuando bajaron a
tierra, encontraron un fuego prendido y sobre las brasas pescado
y pan. Jesús les dijo: “Traigan de los pescados que acaban de
sacar”. Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con
ciento cincuenta y tres pescados grandes. Con todo, no se rompió
la red. Jesús les dijo: “Vengan a desayunar”, y ninguno de los
discípulos se atrevió a hacerle la pregunta: “¿Quién eres tú?”,
porque comprendían que era el Señor. Jesús se acercó a ellos,
tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados.
Esta fue la tercera vez que se mostró a sus discípulos después
de haber resucitado de entre los muertos.

Después que comieron, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de
Juan, ¿me amas más que éstos?” Este contestó: “Sí, Señor, tú
sabes que te quiero”. Jesús dijo: “Apacienta mis corderos”. Y le
preguntó por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro
volvió a contestar: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús
le dijo: “Cuida mis ovejas”. Insistió Jesús por tercera vez:
“Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?”. Pedro se puso triste
al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería. Le
contestó: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero”.
Entonces Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. En verdad, cuando
eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas donde querías.
Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te
amarrará la cintura y te llevará donde no quieras”. Jesús lo
dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar
gloria a Dios. Después, Jesús le dijo a Pedro: “Sígueme”.
Comentario breve:
Se cree que este capítulo es una adición a la versión original
del evangelio que concluye en 20:31; sin embargo, estos
versículos se han encontrado en todos los manuscritos que han
llegado hasta nosotros. El capítulo está dividido en dos partes:
la pesca milagrosa y el diálogo entre Jesús y Pedro. En la
primera parte es de nuevo el Discípulo Amado el que primero
reconoce a Jesús como “el Señor”. La historia usa los símbolos
de noche y día para destacar que lo que no se logró en la
oscuridad se hace ahora posible al amanecer. El evangelista usa
los temas de noche y día, tinieblas y luz a través de todo su
Evangelio. El fuego preparado por Jesús nos recuerda su papel de
servidor de todos y prepara el escenario para el diálogo que
sigue.
Pedro negó a Jesús tres veces (18:16-25) y ahora Jesús le da la
oportunidad de profesarle su amor tres veces también. Cuando
este capítulo fue escrito alrededor de los años 90, ya Pedro
había “abierto los brazos” para morir crucificado en la colina
del Vaticano en Roma.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Los discípulos de
Cristo no podemos hacer nada sin la ayuda del Señor.
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El dolor de Pedro es
conmovedor. Sin embargo, Jesús nunca dudó de su amor.
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Las palabras: “Con todo,
no se rompió la red”, nos recuerda la promesa de Jesús de
mantener a su Iglesia unida en medio de la carga de sus
limitaciones y de las diferencias (clases de peces).Para la reflexión:
-
Cuál es mi actitud hacia alguien que me ha rechazado o negado?
Explica.
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¿Puedo entregar mis heridas a Jesús y dejar que El me ayude a
amar y a ser amado/a de nuevo?
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