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San José,
esposo de María
Fiesta: 19 de marzo
En el Plan de Dios, José tuvo un papel esencial: Dios le
encomendó la gran responsabilidad y el privilegio de ser el
padre adoptivo del niño Jesús y el esposo virginal de María.
José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que
más cerca está de Jesús y de la Santísima Virgen.
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Andrea del Sarto
(1486-1531): La Sagrada Familia (Barberini).
Oleo, 1528. |
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Mateo (1,16) llama a José el hijo de Jacob; según San Lucas
(3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la
ciudad de David, del que era descendiente. Al comienzo de la
historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), José
vivía en Nazaret.
Según Mateo (13,55) y Marcos (6,3), José era un “tekton”, lo
cual significa que era carpintero o albañil. San Justino lo
confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación, pues
Jesús fue llamado “hijo de José el carpintero” (Jn 1,45; 6,42;
Lc 4,22).
Como sabemos, no era el padre natural de Jesús, quien fue
engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra
del Espíritu Santo y es Hijo de Dios; pero José lo adoptó
amorosamente y Jesús se sometió a él como un hijo a su padre.
En virtud a ello, San José ha recibido diversos títulos: padre
nutricio, padre adoptivo, padre legal, padre virginal; pero
ninguno expresa a plenitud la misión de San José en la vida de
Jesús.
San José ejerció sobre Jesús la función y los derechos que
corresponden a un verdadero padre, del mismo modo que ejerció
sobre María, castamente, las funciones y derechos de un
verdadero esposo.
La relación de esposos que sostuvieron José y María es ejemplo
para todo matrimonio; ellos nos enseñan que el fundamento de la
unión conyugal está en la comunión de corazones en el amor
divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una
expresión de ese amor y por ende un don de Dios.
Desde su unión matrimonial con María, San José supo vivir con
esperanza en Dios la alegría y el dolor de la vida diaria.
En Belén tuvo que sufrir con la Virgen la carencia de albergue
hasta tener que tomar refugio en un establo. Allí nació Jesús,
el Hijo de Dios.
Después de la visita de los magos de Oriente, Herodes el tirano,
lleno de envidia y obsesionado con el poder, quiso matar al niño.
José escuchó y obedeció el mensaje de Dios transmitido por un
ángel: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a
Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a
buscar al niño para matarle” (Mt 2,13). Y la Sagrada Familia
tuvo que vivir varios años en el exilio de Egipto.
Siendo extranjeros, no hablaban el idioma de aquel país, donde
no contaban con el apoyo de familiares o amigos, y podían ser
víctimas de los prejuicios, de las dificultades para encontrar
empleo y de la consecuente pobreza. José aceptó todo esto por
amor a María y a Jesús, y por fidelidad a los mandatos del
Señor.
Es muy posible que San José haya muerto antes del comienzo de la
vida pública de Jesús, ya que no estaba presente en las bodas de
Caná, ni se vuelve a hablar de él en los Evangelios. Según San
Epifanio, José murió a los 90 años de edad.
Las principales fuentes de información sobre la vida de José son
los primeros capítulos del Evangelio de Mateo y del de Lucas. En
los relatos no se recogen palabras dichas por él, pero conocemos
sus obras; sus actos de fe, de amor y de protección en favor de
su amadísima esposa y de su Hijo. Es un caso excepcional en la
Biblia: un santo del que no se conoce ni una sola palabra. Es,
pues, el “Santo del silencio”.
Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos
del Señor. Su libre cooperación con la gracia divina hizo
posible que su respuesta al Plan de Dios fuera total y eficaz.
Se destacan en él las virtudes de la vida oculta: la castidad,
la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la
fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la
sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta
caridad.
San José, patrono de la vida interior, nos enseña con su propia
vida a orar, a amar, a sufrir, a actuar rectamente y a dar
gloria a Dios con toda nuestra vida.
José es también modelo incomparable, después de Jesús, de la
santificación del trabajo corporal. Por eso la Iglesia ha
instituido la fiesta de San José Obrero, celebrada el 1º de
mayo, presentándole como modelo sublime de los trabajadores
manuales.
El Papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones que
recibió de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo,
al ruego de los obispos reunidos en el concilio Vaticano I,
declaró y constituyó a San José, Patrono Universal de la
Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.
Al saludar a los peregrinos en lengua polaca durante la
Audiencia General del miércoles 17 de marzo de este año, el Papa
Juan Pablo II recordó que el viernes 19 se celebraría la
solemnidad de San José, esposo de la Santísima Virgen María.
“Esta solemnidad”, afirmó el Papa, “exhorta a las familias de
hoy, confortadas por el ejemplo de María y de José, que cuidaron
con amor al Verbo encarnado, a inspirarse en su estilo de vida
al tomar decisiones cotidianas, y a hallar la fuerza para
superar las dificultades”. El Santo Padre concluyó señalando que
“sólo en una familia auténtica, unida establemente y amorosa,
los hijos pueden llegar a la sana madurez, siguiendo el ejemplo
de amor gratuito, de fidelidad, de entrega recíproca y de
respeto por la vida” representado por la Santa Familia.
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