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Todos unidos en
oración por las víctimas en España
Homilía del P. Federico Capdepón en la Santa Misa celebrada el
12 de marzo en la iglesia St. Michael, y oficiada por Mons.
Agustín Román, en recordación de las víctimas del atentado
terrorista de Madrid el 11 de marzo.
Nos encontramos
reunidos hoy, recordando con gran dolor los hechos ocurridos el
pasado jueves 11 de marzo, en donde 199 [cifra posterior fue de
201] personas, españoles y de otras nacionalidades murieron y
cientos más fueron heridas en el brutal atentado que quebrantó
la vida de todo un país y que nos ha afectado a todos.
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Alba Valdés Rodríguez, hermana del cubano Michel Valdés,
asesinado en la explosión del tren de Atocha, sale llorando al
final de la misa. De la iglesia iba rumbo a Madrid. Michel, que
residía en España desde que salió de Cuba hacía dos años, era
profesor de educación física en Madrid. Los padres de ambos
viven en Cuba.
Foto:
Dora Amador |
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Los españoles
tenemos una copla que dice: “cuando un amigo se va, algo se
muere en el alma” y el jueves fuimos testigos de que algo murió
en nuestra alma, cuando manos asesinas manchaban nuestra tierra
patria con sangre inocente.
Todavía están
clavadas en nuestras mentes las imágenes que nos traía la TV:
aquellos cuerpos desmembrados, aquellas personas que,
desangrándose, caminaban por las calles como zombies. Aquellos
ojos llenos de pánico. O las imágenes de aquellas personas con
lágrimas inconsolables porque habían perdido un ser querido.
Un sentimiento de
rabia e impotencia me invadía el corazón, y me preguntaba el
porqué de todo esto.
Fue entonces
cuando en medio de aquel horror, en medio de toda aquella
destrucción, empezaron a brotar, como signos de luz y de
esperanza, las flores de la solidaridad.
Donde manos
asesinas habían creado la muerte, otras manos se extendían para
ofrecer presencia, consuelo y amor. Ante el dolor, que era
grande, la solidaridad de todo el pueblo español y sus amigos
se hizo también presente.
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El P. Federico
Capdepón se dirige en su homilía a una iglesia abarrotada de
personas, muchas de ellas llorando.
Foto Dora Amador |
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Se veía en el
pueblo sencillo, el esfuerzo que hacían por rescatar a las
víctimas. Se veía en el pueblo de a pie que corría hacia los
hospitales para donar sangre. Se veía en aquellos profesionales
que acudían al pabellón del Centro de Convención Juan Carlos I,
donde estaban colocados los cadáveres, para consolar y animar a
los familiares. Se veía en los cuerpos de bomberos, de seguridad
y salud que trabajan interminables horas, tratando de salvar
vidas humanas. Se veía, en definitiva, en las manifestaciones de
todo un pueblo que se levantaba erguido en el día de ayer, como
una sola persona, para decirle al mundo con una sola voz: “Hoy
todos somos madrileños, hoy no estamos todos, y gritaban nos
faltan 200”.
Los pueblos se
ponen a prueba cuando la adversidad toca a sus puertas. Y el
pueblo español no ha respondido a esta situación con miedo o
cobardía, ni dejándose llevar por la tentación de la violencia o
la injusticia. Sino que ha sabido decir a estos terroristas y al
mundo los valores en los que el país cree: el amor, la unidad,
la solidaridad. Valores que nacen de una fe cristiana, que se
recibió a lo largo de los siglos, de una cultura que no puede
prescindir de Dios.
Y estos son los
valores del Reino, los cuales hemos leído en el evangelio que
acabamos de escuchar. Es este saber que nuestra hambre va a ser
saciada un día. Que nuestras lágrimas van a ser enjugadas. Que
nuestra hambre y sed de justicia van a ser saciadas, nuestra
esperanza tiene futuro, nuestro sacrificio su recompensa. Que
los que escogimos el camino de la justicia y de la paz, no
estamos equivocados, porque la justicia y la paz son el Reino de
Dios.
El 11 de
septiembre estaba en Roma de estudios sabáticos. En aquel
entonces no conté con este apoyo mutuo que ustedes sintieron en
esta ciudad. Fue confortante encontrarme con otros
norteamericanos que sentían el mismo dolor por la pérdida que
habíamos tenido. Pero más reconfortante fue el ver personas de
otras nacionalidades que venían con nosotros.
Doy las gracias a
los que no sois españoles, pero que os sentís españoles en el
día de hoy, por las muestras de solidaridad que nos habéis dado
en estos últimos días.
Sí, el dolor es
grande por todo lo que hemos pasado, pero más grande ha sido el
amor y la solidaridad de ustedes con nosotros.
Y no quiero
terminar estas palabras sin levantar una oración a Dios nuestro
Padre: “Padre Santo, tú que has creado todo de la nada y lo has
creado bello y hermoso, que has creado la vida y la alegría, la
bondad y la comprensión, mira hoy el corazón de éstos, tus hijos,
nuestros hermanos, que han sido capaces de perpetrar tan
horroroso acto terrorista. Haz que se den cuenta de lo que han
hecho, y de que la violencia no lleva a ningún sitio. Que el
odio engendra más odio, que la libertad no se construye con la
injusticia, ni la democracia con la imposición. Que se
arrepientan de lo hecho y que se aparten del camino del mal. Que
nunca más tus hijos tengan que llorar las lágrimas del absurdo,
el fanatismo y del odio. Cuida, Señor, nuestra patria de todo
mal, y todo esto te lo pedimos a través de tu Hijo Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén.
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