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La iglesia Madre de Cristo: “somos la mano de Dios”

Lourdes C. Montgomery, directora de música,
habla de su ministerio

Max Barbosa
Especial para La Voz Católica

La iglesia Madre de Cristo (14141 SW 26th St.) fundamenta su quehacer parroquial en constituir una comunidad de mayordomos: “nuestra misión es vivir y crecer en el amor de Dios y de nuestros hermanos, compartiendo nuestras bendiciones con los más necesitados”, señala el P. Raúl Angulo, su párroco, en el boletín que reciben dominicalmente los feligreses; aunque siempre, antes de iniciar la Eucaristía, el P. Angulo afirma: “somos las manos de Dios”.

Lourdes C. Montgomery con su hija Teresa y su esposo, Michel Montgomery, en Alaska, durante un viaje realizado para ofrecer una conferencia sobre música.

Madre de Cristo se fundó el 15 de junio de 1983, hace 20 años. Desde entonces, las actividades que allí se ofrecen son protagonizadas por las familias que la integran; 3,500 en estos instantes. Norteamericanos, cubanos, nicaragüenses, venezolanos, dominicanos y puertorriqueños pululan por doquier. De ahí la intensidad de los acontecimientos, entre otros: renovación de votos matrimoniales, La Sociedad de Misas Perpetuas, un campeonato anual de golf, excursiones, peregrinaciones, retiros espirituales, colaboración con la Sociedad de San Vicente de Paul, o la cena bailable para celebrar el Día de las Madres. Pero el acontecimiento que se ha hecho indispensable, es la música.

El nuevo CD de la directora de música de la parroquia. Sus obras aparecen en el libro Flor y Canto.

“Comencé a trabajar en Madre de Cristo en 1986”, recuerda Lourdes C. Montgomery, directora de música. “Anteriormente, fui profesora en St. Kevin durante 3 años, hasta que unos amigos me avisaron que necesitaban una pianista allá, iniciándome de forma gratuita. Un buen día, el P. Robert me propuso tocar en la misa de las 12:30, recibiendo mi primer salario; y en la misma medida en que creció la iglesia”, precisa, “así aumentaron mis responsabilidades”.

Lourdes nació música. En plena niñez rompió un piano de juguete para averiguar de dónde provenía el sonido. Lloró al no encontrar lo que buscaba, pero saltaba de alegría cuando su madre, Delia Cárdenas, la llevaba a visitar la casa vecina: allí había un piano.

Arribó a los Estados Unidos con cinco años de edad procedente de La Habana, Cuba, en compañía de Jesús Cárdenas y Hortensia Pérez, su padre y su abuela, respectivamente. Delia llegaría después. Permanecieron un año en Miami –“aquí hice el kinderganten”– y otro en Nueva Jersey – “allí la primaria”–,mudándose, posteriormente, a Little Rock, Arkansas, donde estudió en colegios católicos.

“Esa etapa de mi vida fue muy hermosa”,dice.

La familia regresa a Miami. Lourdes tiene trece años. Al finalizar los estudios de secundaria, ingresa en el entonces Miami-Dade Comunity College –hoy Miami-Dade College–, para estudiar piano. La escuela de música de la Universidad de Miami era el próximo paso, y así fue. Pasos que le permitieron conocer al “Ángel que Dios me envió”: Michel Montgomery, su esposo.

Michel realizaba el doctorado en música, y tocaba el bajo en la Orquesta Sinfónica de Miami. Siguiendo las advertencias de su madre, Lourdes jamás aceptó sus galantes invitaciones a pasear; pero cuando lo vio actuando con la sinfónica, quedó fascinada. Aún lo está. “Claro, yo era muy bonita”, dice riendo a carcajadas.

Tienen dos hijos: Teresa y Michel, ambos artistas. Estas características les llevan a ofrecer sus conocimientos a quienes lo necesiten. Han impartido conferencias en Alaska, Nuevo México, Mississippi, Nevada, Arizona y Texas, relacionando la teoría con la práctica mediante sus actuaciones en diversos conciertos, o en talleres de creación musical litúrgica. En este sentido, su experiencia en la misión de La Sagrada Familia, en Santo Domingo, es inolvidable.

“Un amigo de la prensa católica de Oregón nos habló de dicha comunidad, atendida por la oficina de misiones de Wisconsin. Por ser bilingüe me pidieron ayuda, no como maestra, sino como traductora de la persona que impartiría las clases de música. Tiempo después, en 2003, regresé con Michel cargados de libros; compramos dos teclados para ellos. En uno de los encuentros no pude contener el llanto ante la pobreza de los demás. Pensé que el Espíritu Santo me hacía entender el valor de nuestro esfuerzo, contribuyendo a que esas personas fueran ricas, espiritualmente hablando”.

Lourdes Montgomery acaba de grabar su primer disco compacto, De la Cruz a la Gloria, con sus composiciones litúrgicas para cantar desde el Miércoles de Cenizas hasta el Día de Pentecostés. El disco fue producido por la editorial católica de Oregón. Lourdes toca el piano y Michel el bajo, en una gran combinación musical. El disco no necesita comentarios, sino personas que deseen deleitarse con excelentes orquestaciones en las que la dinámica del coro le imprime a cada composición la pasión con que fueron concebidas todas.

Muchas de las obras de Lourdes forman parte del repertorio del libro Flor y Canto, una de las selecciones más completas dirigidas a los hispanos.

El P. Raúl Angulo tenía razón cuando, al finalizar la misa del Sábado de Gloria, miró entusiasmado hacia el coro, y dijo: “ Cada año cantan mejor”.

Lourdes C. Montgomery es la responsable.