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 La ética empresarial

Mario J. Paredes

En días pasados la Empresa Financiera Merrill Lynch realizó un simposio sobre “La ética en el mundo de los negocios”. La intervención principal e inauguración del ciclo de conferencias estuvo a cargo del invitado para la ocasión, el Eminentísimo Señor Cardenal y Arzobispo de Tegucigalpa (Honduras), Monseñor Oscar Rodríguez Madariaga.

Reseñando este acontecimiento debo destacar –entre otros– los siguientes aspectos, por importantes y esperanzadores:

 

  • Contar, en una Empresa Financiera de tanto prestigio como los es Merrill Lynch, con la presencia de un Arzobispo y Cardenal de la Iglesia Católica de la talla humana, intelectual, cristiana y eclesial de Mons. Oscar Rodríguez, prominente prelado de América Latina (ex Presidente de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano – CELAM) y directo colaborador de Juan Pablo II en el gobierno universal de la Iglesia.

  • Que después de los grandes y estrepitosos escándalos financieros de los últimos años, una empresa financiera como Merrill Lynch quiera revisarse a sí misma con la certeza y conciencia de que la defensa y la promoción de los principios y valores éticos han de ser el principal supuesto y fundamento personal y comunitario de toda organización humana y, de manera especial, de las organizaciones económicas y financieras.

  • Que en el propósito que tiene Merrill Lynch de penetrar, además del mercado norteamericano, el mercado hispano residente en esta nación y el de América Latina cuente –para dicha tarea– con el trabajo profesional y cualificado de trescientos cincuenta asesores financieros de origen hispano (además de seiscientos en América Latina)

El Cardenal Oscar Rodríguez Madariaga, cumpliendo su misión profética quiso –frente a más de trescientos profesionales de Merrill Lynch– inspirar, cuestionar, motivar y confrontar el desempeño profesional de los asesores financieros con valores éticos patrimonio de la humanidad, e iluminados por los valores perennes que emanan del Evangelio de Jesucristo.

Punto de partida de la importantísima intervención del Cardenal Rodríguez Madariaga, fue su reconocimiento de que como “hombre y como pastor siento y padezco los vaivenes del quehacer económico que genera –entre otras tantas situaciones– el enorme fenómeno migratorio de multitud de hombres y mujeres que, con dolor, dejan su tierra, sus familias, su cultura, su lengua, sus orígenes, su pasado, para venir a esta nación en búsqueda de mejores condiciones de vida”.

Después, párrafo a párrafo, el Cardenal Rodríguez Madariaga fue desgranando como un rosario de principios éticos que han de contemplarse en toda actividad humana, pero especialmente en lo tocante al mundo de los negocios, empezando por afirmar que “aunque la actividad financiera pertenece al mundo de lo numéricamente exacto, ella pasa ineludiblemente, primero y sobre todo, por la persona humana… Y contra una creciente visión inadecuada del hombre en nuestra sociedad, según la cual “sólo es verdad lo que la ciencia puede demostrar”, el Cardenal afirmó que “subyacen en todo ser humano experiencias y valores… no demostrables por las ciencias económicas y no por ello menos ciertos y menos necesarios para la felicidad del hombre y para la convivencia humana. Valores humanos que el cristiano confiesa como derivados de nuestra realidad creatural a imagen y semejanza de Dios”.

Además recordó que “las ciencias económicas y las estructuras financieras pueden y deben ser vividas y ejercidas como un espacio importante y una oportunidad diaria, única e impostergable de servicio a todo hombre y mujer en su búsqueda de felicidad, a todas las comunidades humanas y especialmente a aquellos y aquellas más necesitados de equidad en la esfera de lo económico”.

El Cardenal Rodríguez Madariaga fue especialmente enfático cuando manifestó que ser un asesor financiero implica ser un profesional de las relaciones humanas y –por ello– “profesionales en el mundo de los anhelos, de la búsqueda de felicidad y de la esperanza de los clientes... Profesionales en el mundo de los valores propios y de los clientes, profesionales en el mundo de lo ético. Profesionales con oportunidades, espacios y posibilidades grandes y únicas de crear no sólo crecimiento en riquezas materiales, sino mejores condiciones de vida, espacios sociales más humanos y, entonces, más justos y solidarios. Mediante el ejercicio ético de su profesión”, señaló, “ustedes tienen la oportunidad y la responsabilidad de producir cambios sustanciales para la construcción de una mejor sociedad. Su entretejido de relaciones comerciales... se constituye en vehículo importante de humanización y socialización, en un espacio posible de solidaridad y en un servicio a la paz mediante la justicia social. Ninguna actividad humana, tampoco la actividad financiera, puede vivirse sin referencia a la ética, bajo el riesgo de caer en el vacío, la anarquía, la violencia, la injusticia, el caos, el absurdo, la nada, la muerte.”

Contextualizando su intervención en la coyuntura histórica en la que nos ha correspondido vivir, el Cardenal afirmó que “son muchas las luces e ilusiones que nos acompañan, pero muchos también los males éticos que nos angustian. Uno de ellos tiene que ver con el desmedido afán por el crecimiento económico y la generación y acumulación de riquezas, que no siempre corresponde a un equivalente crecimiento en el espíritu” Y, citando estadísticas contundentes, el Cardenal también afirmó que “la mitad de la humanidad vive en estado de pobreza y que sólo podremos superar esta tragedia tomando conciencia de la íntima relación existente entre la realidad nacional e internacional de pobreza y miseria y la ola de violencia y terrorismo global. Aquí, otra vez, la vida ética en su servicio profesional y social es de vital importancia”.

 Hispanic Market Manager de Merrill Lynch