ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS
 VOZ DEL ARZOBISPO
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 HABLA EL PAPA
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA Y
 EN LA DIÁSPORA
 IGLESIA EN A. LATINA
 ESPIRITUALIDAD
 TEOLOGIA
 REFLEX. BIBLICAS
 ENLACES

 

 Vienen nuevos ministros para el pueblo de Dios

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica

El sábado 15 de mayo en la Catedral St. Mary, cuatro seminaristas muy distintos entre sí serán ordenados sacerdotes en la Arquidiócesis de Miami.

De izq. a der: Henryk Pawelec, de Polonia; Juan Torres, de Puerto Rico; Charnel Jeanty, de Haiti, y Michel García, de Cuba, en su ordenación como diáconos transicionales, en marzo de 2003. El 15 de mayo, estos diáconos entregados a Dios serán ordenanos sacerdotes en la Catedral St. Mary,
a las 10:00 am.

Foto: Marlene Quaroni

“Cada uno es muy diferente al otro, con distintas personalidades y diferentes antecedentes familiares y religiosos”, indicó el P. Pedro Corces, director de vocaciones de la arquidiócesis. “Dios llama a todo tipo de personas con diversas culturas, talentos e historias. No hay características específicas para ser llamado”.

Michel García, de 30 años de edad y natural de Pinar del Río, Cuba; Charnel Jeanty, de 32 años y nacido en Cap-Haitien, Haití; Henryk Pawelec, de 30 años y originario de Pelplin, Polonia, y Juan Torres, que nació hace 46 años en San Juan, Puerto Rico, tienen el mismo amor a su vocación, pero distintas maneras de expresarlo.

“Michel es el eterno extrovertido, y su entusiasmo está en todas partes, como un Alka Seltzer”, expuso el P. Corces, quien conoce a todos los seminaristas. “Charnel es más tranquilo, con muchos talentos a distintos niveles. Henryk es un poco más callado, muy respetuoso, con una tradición católica muy rica. Y para Juan, el individuo es muy importante. Es un buen pastor de almas”.

Después de cinco años de preparación y formación en el Seminario Regional de St. Vincent de Paul, en Boynton Beach, los seminaristas se graduarán el 6 de mayo.

“Han pasado muchos años en intensa formación: humana, espiritual y sicológica”, explicó el P. Corces. “Se han enfrentado con evaluaciones y desafíos. En el seminario y en sus ministerios, los han forzado a ser honestos consigo mismos y con sus problemas. La formación de los seminaristas los obliga a ser muy transparentes como personas”.

En espera del gran momento de su ordenación, los cuatro seminaristas comparten francamente, en sus propias palabras, las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Cómo o cuándo decidió que tenía vocación por el sacerdocio? ¿Cómo fue su proceso de formación, educación y preparación en el seminario, y qué es lo que más le ha gustado? ¿Cómo se siente mientras se acerca el día de su ordenación? ¿A qué parroquia será asignado?

 

Michel García

“Estaba en mi primer año de la universidad en Cuba, estudiando economía. En mi pueblo, San Luis, en la diócesis de Pinar del Río, no había curas. Vino un Padre Pasionista de la Habana, que hizo una misión de Semana Santa en 1993. Después de un proceso de discernimiento, entré con los pasionistas y estuve con ellos por cinco años. Salí de la orden porque quería estar un poco más independiente.

”Aquí, lo bueno del seminario de St. Vincent de Paul es que es más real y muy práctico. Nos preparan muy bien para conocernos mejor a nosotros mismos, y nos ayudan a incrementar nuestras vocaciones y nuestra relación con Dios.

”Lo que más me ha gustado es poder conocer a muchas personas de otros estados y de otros países. Esto me permite tener una visión más grande de cómo Dios se manifiesta a través de diferentes culturas.

”Los curas no son perfectos, pero tienen que estar dispuestos a estar allí para el pueblo. Me encanta trabajar con la gente, con la juventud. Tendré muchas responsabilidades como sacerdote, pero estoy muy emocionado. He estado esperando este momento por casi 10 años, y muy pronto estaré en la parroquia de Sta. Rosa de Lima, en Miami Shores. Tengo un poco de miedo, pero me siento muy bien”.

 

Charnel Jeanty

“Mi vida llegó a un punto en que tuve que decidir lo que iba a hacer. En 1995, estaba terminando mis estudios en Broward Community College. Participaba mucho en la misión parroquial de St. Joseph, en Pompano Beach. Pero me sentía un poco insignificante, y me parecía que lo que estaba haciendo no era suficiente. Aunque había pensado desde pequeño que quería ser sacerdote, empecé a discernirlo seriamente. En agosto de 1996, entré al seminario. Me imaginé al Señor Resucitado diciéndome: ‘Ven y sígueme’. Cuando entré por primera vez en la capilla del Seminario St. John Vianney, sentí una paz sobrecogedora, y le di gracias a Dios porque sentía que estaba donde tenía que estar. Todavía me siento así.

”He crecido mucho espiritualmente. El ambiente del seminario ha favorecido esto, y ha sido beneficioso para mí de muchas maneras. Aunque la vida comunitaria fue difícil a veces, me concentré en encontrar el lugar donde pudiera contribuir. Descubrí los cambios que tenía que hacer en mi personalidad y en mi carácter. Esto ha sido mi reto. Los estudios de teología y filosofía también han sido retos difíciles. Tuve mis noches sin dormir y mis días interminables. Pero también ha sido una época de alegría, al hacer algo tan importante para la Iglesia y para mí mismo.

”El celibato es vivir el ejemplo y el llamado de Cristo. Esto no es fácil. Es un proceso que nunca terminará. Creo que la formación que he recibido ha sido la mejor. Me ha dado las herramientas que necesito para ser un ejemplo de amor, y deja el resto en mis manos. El mayor escándalo en toda la Iglesia es cómo entramos en relaciones con los demás.

”A medida que se acerca el día de mi ordenación, me siento un poco como Santo Tomás. Comparto esos sentimientos de temor y de duda. Sé que es normal, pero, enfrentado con este misterio, tengo que decir” ‘Mi Señor y mi Dios’. Tengo confianza y fe a pesar de las dudas, y esto me da una razón para seguir adelante”.

Jeanty ha sido designado para la parroquia de St. Bartholomew, en Miramar.

 

Henryk J. Pawelec

”Primero que todo, quise ayudar a la gente. Este mundo está perdido en el materialismo. La gente merece saber de Dios y de la salvación. En segundo lugar, mi vocación es un regalo, un don de Dios. Estoy obligado a devolverlo al pueblo de Dios.

“Asistí a tres seminarios: uno en Polonia; otro en Míchigan, y el último en Boynton Beach. Me ayudó mucho poder ver mi vocación desde distintos ángulos y con distintas perspectivas. Conocí a muy buenas personas y profesores. He podido crecer en mi vocación, en mi conocimiento, y en mi vida espiritual.

”Todo lo que he aprendido va a beneficiar y enriquecer mi ministerio. Algunas clases fueron aburridas, pero sé que en el futuro, traerán algo positivo. Lo hice todo por el pueblo de Dios. Yo soy sólo Su instrumento. He estado esperando 11 años y creo que estoy listo. Estoy impaciente por comenzar mi ministerio en la parroquia de St. Thomas, en Miami. Pido que recen por mí”.

 

Juan R. Torres

“Estaba en mi segundo año de escuela superior en Puerto Rico, donde estudié con sacerdotes capuchinos, cuando pensé por primera vez en ser sacerdote. Pero las cosas del mundo atraen también: fui a la universidad; fui banquero durante 12 años; tuve novia; viajé, pero nada de eso me llenó. Buscaba algo más. Asistí a un retiro de Cursillos al principio de los años 90. Poco después, fui a otro retiro Juan XXIII, lo que me llevó a hacer un compromiso, y decidí después ser ministro de la Eucaristía. Finalmente, un sacerdote carmelita me invitó a ser sacristán y monaguillo. Sentí que ése era el lugar donde tenía que estar. En 1995, entré al seminario en San Juan, Puerto Rico, y después en St. John Vianney, en 1997, cuando el P. Pedro Corces fue a Puerto Rico para invitar a los seminaristas a Miami. Mi intención no fue irme de Puerto Rico, pero, dos o tres meses después, Dios cambió mis planes.

”Ha sido una decisión trascendental. Lo más grande que he aprendido en el seminario, es ver un poquito más claro el infinito amor de Dios hacia el ser humano. Si la gente hubiera podido ver cómo era yo 11 o 12 años atrás, no podrían establecer la conexión. Ha habido una transformación en mí. Sigo siendo la misma persona, con las mismas debilidades, pero soy más consciente de cómo la gracia de Dios trabaja a través de mis defectos y mis virtudes. Antes, la santidad no era mi ideal. Ahora, sí lo es.

”Como ministro, ayudaré al pueblo de Dios a encontrarse con Dios, y el pueblo de Dios me ayudará a mí, como ministro, a encontrarme también con Dios. Es increíble, cuando veo cada vez más profundamente cómo el Espíritu Santo está trabajando en la Iglesia. Los seres humanos han hecho todo lo posible por destruir la Iglesia, pero sigue viva.

”Estoy muy emocionado, pero mi madre está más emocionada que yo. Ella se pasó más de 30 años orando por mí, como Santa Mónica, la madre de San Agustín. Está contando los días que le faltan para venir a mi ordenación”.

Torres ejercerá su ministerio en la parroquia de St. Kevin.

aruhilopez@miamiarch.org