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Sobre la
participación de los católicos
en la vida pública
Declaración del Obispo Wilton D. Gregory, Presidente de la
Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos,
sobre la participación de los católicos en la vida pública.
Washington, 23 de abril
Hoy en la mañana, recibí con benepláctio la publicación, por
parte de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos, de una nueva Instrucción acerca de la
Eucaristía y la liturgia, titulada
Redemptionis Sacramentum.
Es el espíritu de los padres del Concilio Vaticano II, que
iniciaron la reforma conciliar hace unos 40 años, lo que inspira
esta instrucción, y las extraordinarias iniciativas pastorales y
litúrgicas de los obispos de este país para garantizar la
celebración auténtica del misterio eucarístico.
Durante la presentación de la nueva instrucción, en una
conferencia de prensa celebrada esta mañana en Roma, al Cardenal
Francis Arinze, prefecto de la Congregación, se le preguntó
sobre la recepción de la Sagrada Comunión por parte de políticos
que hayan abogado públicamente en favor de posiciones opuestas a
la doctrina de la Iglesia, incluyendo a políticos de los Estados
Unidos. En relación con estos últimos, afirmó el Cardenal Arinze,
es responsabilidad de los obispos de Estados Unidos ocuparse de
tales situaciones cuando se presenten en el país.
Cada obispo diocesano
tiene el derecho y el deber de ocuparse de los asuntos que
representen una preocupación pastoral seria, como él lo
considere mejor dentro de su iglesia local, de acuerdo a las
normas pastorales y canónicas. Para asistirnos en nuestro común
discernimiento, la Conferencia de Obispos Católicos de los
Estados Unidos (U.S.C.C.B.) ha establecido un equipo de trabajo
para analizar las cuestiones relacionadas con la participación
de los católicos en la vida política –incluida la recepción de
los sacramentos– en los casos de aquellas personas cuyas
posturas políticas estén en contradicción directa con la
doctrina de la Iglesia. El establecimiento de este equipo de
trabajo es una clara señal de la seriedad con la que tomamos
estas cuestiones y consideramos la mejor manera de interpretar y
aplicar las normas pertinentes de la Iglesia.
Ha sido siempre una esperanza y una expectativa nuestras como
obispos, que los hombres y las mujeres que intervienen en la
vida política, cualesquiera que sean sus convicciones religiosas,
sean guiados por –y vivan de acuerdo a– la verdad de la fe dada
a ellos por Dios con integridad.
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