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Procesión
en Camagüey
Joaquín Estrada Montalbán
UCLAP, Camagüey
Las procesiones camagüeyanas son una tradición religiosa de gran
arraigo en la ciudad y famosas en toda Cuba por su solemnidad y
elegancia. El Santo Sepulcro de Camagüey está considerado como
una de las más valiosas piezas de orfebrería religiosa del país.
Su construcción está ligada a una hermosa leyenda. Fue fabricado
en la misma Iglesia de la Merced por el joyero mexicano Alfonso
Benítez, en el año 1761.
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Cristo camina con el pueblo.
Foto:
Manuel Padilla |
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Una centenaria, piadosa y popular tradición, que extravía su
origen en la leyenda, ha vuelto a recorrer las viejas y
laberínticas calles del centro de la Ciudad de las Iglesias. Las
procesiones, al igual que las demás manifestaciones públicas de
la fe, fueron desautorizadas en los inicios de la década del 60.
Actualmente, la celebración de algunas de ellas como procesiones,
misas, etc., son permitidas. En Camagüey, ésta fue la séptima
procesión de Viernes Santo y la tercera de Domingo de
Resurrección que se realizan desde su renacimiento. En esta
ciudad, además, se celebran las procesiones de la Virgen de la
Caridad desde el año 1998, y en algunas ocasiones se han
realizado en los pueblos, en la festividad de la Virgen de la
Caridad o del Patrón del lugar.
Las procesiones camagüeyanas de Semana Santa incluyen, en su
recorrido actual, tres templos de la ciudad: La Merced, la
Catedral y la Soledad. El Viernes Santo, a las ocho de la noche,
comienza la procesión con los toques de campana. El sepulcro,
con la imagen de Jesús yacente, va precedido por los niños de
las catequesis portando cirios encendidos, y al centro una
inmensa cruz de madera. Detrás del sepulcro, el Arzobispo, los
sacerdotes y los diáconos. Les siguen la imagen de la Virgen
Dolorosa, secundada por las religiosas y la Banda Provincial.
Los camagüeyanos acompañan la procesión desde sus casas, las
aceras y, fundamentalmente ,participando en la procesión,
cantando y rezando durante todo el recorrido. Al llegar a la
Catedral, el silencio abraza el impresionante saludo de
despedida entre el sepulcro y la imagen de la Virgen de la
Dolorosa. Luego, continúa la procesión con la Virgen Dolorosa
hasta La Soledad. Este año, fue Mons. José Sarduy, rector del
Seminario Diocesano, quien se dirigió al pueblo congregado en la
Plaza del Gallo, frente a la iglesia. Mons. Sarduy, para apoyar
su prédica, recurrió a la reciente película La Pasión del
Cristo, que ha sido vista en las iglesias de la diócesis.
Domingo de Pascua: todo es alegría: globos, arecas, pañuelos de
colores, adornan el recorrido de la procesión. A las seis y algo
más de la tarde, se escuchan las trompetas que anunciaban la
salida del Cristo Resucitado, el cual se coloca sobre el Santo
Sepulcro, en señal de que la muerte ha sido definitivamente
vencida por Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida. Regresa
la procesión desde la Catedral hasta la Merced. Los niños de las
catequesis acompañan alegremente la inmensa cruz de madera,
ahora adornada con flores, y seguida por quienes portan los
estandartes con frases específicas de este día. Luego, el
inmenso sepulcro con la imagen del Cristo Resucitado encima,
seguida por los sacerdotes y los diáconos, y la Banda Provincial
interpretando cantos alegres. Al llegar a la Plaza de La Merced,
el encuentro con la Virgen de la Alegría, que había salido desde
la Soledad. Este momento es de una inmensa emoción y culmina en
aplausos, cuando ambas imágenes son inclinadas en señal de
saludo. Se sueltan las palomas desde el campanario para que
adornen el cielo con su elegante vuelo.
El Arzobispo, como cada año, se dirigió al pueblo. Terminó todo
en un inmenso abrazo de paz, mientras se escuchaban los cantos
de resurrección del grupo Imagen, que invitaban a la
danza, a las felicitaciones, a los saludos en los que se repite:
“Cristo ha resucitado”, y se responde: “verdaderamente ha
resucitado”.
Se celebraron este año procesiones de Viernes Santo en Santa
María del Rosario, Santos Suárez, Santiago de las Vegas, Campo
Florido, Remedios, Santo Domingo, Santa Clara, Trinidad y
Holguín.
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